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Ajaccio, el “art de vivre à l’ajaccienne”


José Bañuls,, texto y fotos

Sus vivos colores inspiraron a Henri Matisse, que los plasmó en numerosos lienzos, y seguramente en uno de sus más de 300 días soleados que disfruta anualmente, cómo no iba a serlo un 15 de agosto, nació Napoleone di Buonaparte, sí, el mismísimo Emperador, más conocido por Napoleón Bonaparte.

Ajaccio, Ajaccio, Ajaccio,

En un triángulo formado por la Costa Azul, la Toscana y Cerdeña, se encuentra este lugar bastante más desconocido que los citados. Ajaccio es un lugar fuera del tiempo, alimentado por leyendas y poseedor de la sabiduría griega, romana y bizantina, con la mente todavía fresca de las luchas de genoveses, musulmanes y franceses. Y para no olvidarlo, ahí está la bandera de la isla de Córcega, de la que Ajaccio es capital.


Su especial situación en el fondo de un golfo mirando al mar cerrado por un escenario de montañas, a las que la cercanía aún hace parecer más altas, cuando las contemplas desde sus largas playas de fina y dorada arena o balanceándote plácidamente en un barco mientras navegas rumbo a las Islas Sanguinarias, pero esto ya es correr demasiado.


Nos detendremos primero en los múltiples monumentos y lugares relevantes a visitar en Ajaccio, donde sin duda alguna, el elemento más destacado es la figura de Napoleón Bonaparte, pues no en vano, la mayoría de grandes edificios y lugares notables fueron construidos o mandados construir por buena parte de su familia, como el Museo Fesch, en el número 50 de la Rue Cardenal Fesch, el museo más importante de Francia después del Louvre por las obras maestras del Renacimiento italiano que alberga en su interior, y construido por orden del Cardenal Fesch, tío de Napoleón. O como la Capilla Imperial, situada al igual que el Museo, en el Palacio Fesch, La construcción de la capilla palatina, más comúnmente conocida como la “Capilla Imperial”, fue el resultado de la última voluntad del cardenal Fesch, que dejó escrito: “De la venta de mi gran galería de pinturas, mis herederos deben tomar la suma de doscientos mil francos para la construcción de una iglesia en Ajaccio... en la que debe ser situada mi tumba, la de mi hermana Letizia y la de cualquiera de los miembros de la familia Bonaparte que desean ser enterrado allí”. Finalmente fue construida entre los años 1857 y 1859, por orden de Napoleón III, para situar en un lugar común las sepulturas de la familia Bonaparte. Allí se encuentra enterrado el mencionado Cardenal Fesch y Charles Buonaparte y Laetitia Ramolinos, padres de Napoleón, entre otros personajes destacados de la familia Imperial. Esta Capilla está declarada Monumento Histórico y su interior, especialmente la cúpula, está completamente decorada con motivos florales. 


Otro de los muchos edificios relevantes de Ajaccio es el de la Asamblea de Córcega, situado tras unos preciosos jardines, en lo que fue el antiguo Gran Hotel Continental, situado en el Cours Grandval, a continuación de la Plaza Fosch y la Plaza del General de Gaulle.


No se puede dejar de visitar la casa natal de Napoleón, situada en el número 1 de la Rue Saint-Charles, y hoy convertida en Casa Museo, que aunque para mi no revistió especial singularidad, sería imperdonable no dedicarle un rato de nuestro tiempo. Especialmente considerando que todos estos lugares se encuentran bastante cercanos unos de otros y todos ellos en las inmediaciones de la Place Fesch, lugar donde acaba el mercado que sube desde el puerto, donde no es nada raro encontrar algún crucero atracado a sus muelles, y a lo largo del paseo situado en el centro de la Avenida Antoine Serafini, donde los vendedores al aire libre muestran una suculenta variedad de productos típicos locales, lugar para pasear y disfrutar con algunas compras y seguidamente descansar en una de las muchas terrazas que se abren al público en la avenida.


Puestos a dar un paseo más largo, es imprescindible el tomar la carretera que siguiendo la costa nos lleva, por el Boulevard Albert 1º y después por la Route des Sanguinaires, hasta el mirador de la Torre de Parata con magníficas vistas a las Islas Sanguinarias. Una sorprendente carretera que aún lado nos muestra las pequeñas y bellas playas de esta zona de Ajaccio y al otro, espectaculares mansiones y un sorprendente cementerio, el Viejo Cementerio Marino, quizás el cementerio con mejores vistas que yo conozca.


En definitiva, Ajaccio resultó ser una sorprendente ciudad, llena de contrastes, donde se conjugan la carga histórica con el buen vivir de esta zona del Mediterráneo, los lugares más tradicionales con la elegancia de asentamientos para privilegiados. Qué más decir… un lugar donde perderse y disfrutar el “art de vivre à l’ajaccienne”.


Las islas Sanguinarias

El archipiélago de las Sanguinarias es un paraíso natural y su majestuosidad ha sido evocada por numerosos viajeros. Este peculiar nombre, según me indicó un simpático lugareño, le viene dado por el espectacular color rojizo que toman sus aguas con la puesta del sol, sin ninguna otra connotación trágica.


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