none
 
     
 
     
     
 
none

Fin de Semana

   
   
   
 

Las Caras de Bélgica


María Adela Díaz Párraga

Bélgica, es uno de los pocos reinos que quedan en Europa, un lugar en el que se mezclan las gentes de habla neederlandesa, francesa o alemana, lo que la convierte en una moderna babel, y también le da esa multitud de caras.

Las Las Las

Lo mismo se pueden ustedes encontrar con unas playas de arena fina, que lame el Mar del Norte, donde se aposentan algunas de esas agradables ciudades balneario; que sumergirse en el mágico silencio de los bosques. Como les digo, tiene varias caras, y es que cada una de sus ciudades, o de sus pueblecitos, presenta una cara original y distinta a todo. Y eso es lo que quiero enseñarles.


BRUSELAS

A la que también llaman Brussel, se convirtió en capital de los Países Bajos en el año 1539. Carlos, el emperador que era I y V a la vez, vivía en el palacio de Caudenber, y toda la nobleza tenía sus bellas casonas señoriales en los barrios ricos. La Ciudad Baja, se extiende desde el famoso Manneken Pis hasta el Jardín Botánico; su corazón es el Grote Markt, la plaza que quedó casi destruida en el 1695, solo se mantuvo en pie su bello Ayuntamiento, con San Miguel apoyado en lo alto de su torre. El edificio, que es del siglo XV, contrasta notablemente con el resto de la plaza, que después de  reconstruirla tiene distintas todas las fachadas. Está el Broodhuis, la Casa del Rey, que ahora aposenta el Museo de la Ciudad, donde entre otras cosas, está el rico guardarropa del Manneken, el niño regordete que hace pis desde 1691, y que es el orgullo, y un poco el sello, de Bruselas.


Un lugar peligroso para los compradores compulsivos, son las galerías comerciales de San Huberto, de las amas antiguas de Europa. Que aunque no son muy grandes, albergan montones de tiendas, bares, restaurantes, viviendas y hasta teatros. Y como me imagino que el estomago les chillará ya una miajilla, iremos a Ilot Sacre, entramado de callejuelas, que aposentan los mejores restaurantes, y muy animado tanto de día como de noche. Allí podrán saborear los mejillones con patatas fritas, presentes tanto en la carta de los restaurantes como en los puestos callejeros, Stoemp, un suculento estofado, las endivias con salsa de queso, o el waterzool, un guiso de pollo la mar de bueno. Y su especial cerveza, claro.


Y a callejear otra vez. A la Plaza de los Mártires, con sus edificios neoclásicos del XVIII. Y si les interesan los viejos tebeos, tienen que ir al Centro Nacional, donde se recogen mas de cien años de su historia. En ellos, Bélgica tiene una larga tradición, no hay que olvidar a Tintin, los Pitufos o Lucky Luke.


En la Ciudad Alta, está el Barrio Real y el Parque de Bruselas, el Palacio de Justicia, y desde lo alto de una colina, la Catedral de San Miguel y Santa Gudula, vigila celosa la ciudad. El templo se levantó en el siglo  XIII  y es una auténtica belleza, con sus soberbias vidrieras renacentistas.


El Barrio del Gobierno, elegante y bien conservado, alberga el Palacio de la Nación, el Parlamento Nuevo, el Palacio Real, en el mismo lugar donde estuvo el de los Duques de Borgoña. Sus salas tienen magníficas arañas de cristal, y alberga colecciones de tapices y cuadros de Rubens y Jordaes. El Palacio de la Academia, morada de los Príncipes de Orange, cuando Bélgica y Holanda eran un solo país, el de Bellas Artes… Desde la Plaza Real, estilo Luis XVI, se ve una panorámica impresionante de los Jardines Kunberg.


Por estos contornos, está el Barrio de Zavel, y la Grote Zavel, jalonada de tiendas de antigüedades, donde se celebra los fines de semana, un mercado de objetos antiguos. La Zavelkerk, la iglesia de Nuestra Señora de Sablón, gótico bellísimo, guarda la  imagen de la Virgen del árbol o de los Ramos. Es una copia de la que se encontró en una enramada después de la invasión Normanda, ya que la original desapareció. Ligado a ella esta el Onmegang, tradición que se remonta al año 1359, y es una especie de cabalgata. En la plaza, rodeada por una verja, están las estatuas de los condes Egmont y Hoorn, victimas de la intolerancia religiosa de la Contrarreforma. También hay que ir a la Kapelkerk, o Iglesia de la Capilla, porque además de tener muchos objetos de arte, hay una tumba muy interesante. El Mercado de Oportunidades de Ossenplein, la plaza Sunan…

       

Y por fin el Barrio Heysel, a dos pasos del centro histórico, y el Atomium, construido para la Exposición Universal de 1958, que representa una molécula de cristal de hierro, aumentada 165 millones de veces. Que les apetece darse un chapuzón, pues se van al Centro Europark, y se lanzan a la piscina subtropical Oceane. Pueden ir al cine en Kinepolis, o ver las marionetas de Minieuropa. Y no dejen de pasar por el Palacio de Laeken, donde viven los soberanos belgas: está en el centro de un parque precioso, donde el toque exótico lo pone la Torre Japonesa y Pabellón Chino, que guardan una colección única de porcelana china.       


Toda la provincia es muy hermosa, con varios castillos, si pueden vean el de Horst, un palacio precioso que se ha recuperado. El castillo de Gaasbeck, un dominio riquísimo, no solo por sus alrededores que son de ensueño, sino por las obras de arte que atesora, y lo bien conservado que está, desde fuera, les parecerá un  palacio  de cuento de hadas. Y tiene un aliciente mas, y es que a la entrada o a la salida, podrán comer como señores feudales, en un restaurante buenísimo.


Gante

Que aunque existía mucho antes, fue la Edad Media la que presenció el desarrollo económico y cultural de esta ciudad. Al amparo de sus condes, y de las dos poderosas abadías de St. Bavon y St. Pierre, Gante fue prosperando. Sus maravillosas telas y tapices, se exportaron a toda Europa, llenando sus bolsas de buenos dineros. Ingleses y franceses se la disputaron, pero ninguno pudo poseerla realmente, al contrario, ella se aprovechaba de la rivalidad de las dos naciones. Sus gentes, valientes y arriesgadas, le plantaron cara al mismísimo Carlos V, y eso que eran paisanos.


Callejear por sus calles, es andar pisando la historia, porque algunas de ellas se conservan como hace siglos. Desde la Cuesta de San Miguel, se ven guiñar las tres torres. Una es el campanario de St. Bavon, con su vista maravillosa y un sonoro carillón. En ella fue bautizado Carlos el Emperador, así que no se pierdan el Baptisterio, donde además, está el famoso cuadro de Van Eyck, la Adoración del  Cordero Místico. La otra torre es la de la Guarda, y la tercera, el campanario de la Iglesia de San Nicolás. Paseando, encontramos la Lakinhalle, el Salón de los Tejidos, donde se vendían en el Medievo sus ricas telas. El Stadhuis, el Ayuntamiento, con un ala gótico tardío, y la otra renacentista. Cada una de sus salas tiene una historia, y en ellas se firmó la Paz de Gante, que terminó con las luchas entre católicos y protestantes.


Casi todas las aguas que surcan la ciudad, van a parar al Graslei, el Muelle de las Hierbas, y muy cerca, el Korenlei, el Muelle del Trigo. Y aquí hay que pararse, para  disfrutar de la magia de las bellas casas del XVII y el XVIII, reflejándose en las aguas; ellas dan fe del poderío de los viejos gremios. Ahora albergan tiendecitas o cafés, y es un placer sentarse en la puerta, viendo pasar el bullicio.


Y ya que estamos por aquí, vamos al castillo de los Condes. Lo mandó levantar Felipe de Alsacia en el año 1180 y fue fortaleza defensiva hasta el siglo XV. La verdad es que ha desempeñado los mas variados menesteres: Casa de Moneda, prisión, hilandería de algodón… Ahora, restaurado en su mayor parte, ofrece actos culturales, y entrar en sus viejas salas, donde a veces se escuchan conciertos, es una suerte. Para los más morbosos, en uno de los pisos altos tiene un Museo de instrumentos de tortura, y de cómo se aplicaba justicia en la Edad Media. Y hay que subir a la torre, y ver un panorama impresionante de Gante, sobre todo a la puesta de sol.


Hablando de museos, les voy a llevar al de Etnología, formado por dieciocho casitas típicas flamencas, que enseñan como era la vida popular a primeros del siglo pasado. También la antigua Abadía de San Pedro, que acoge el Centro de Arte y Cultura, fue una de las más importantes y ricas de la ciudad, y todavía tiene un esplendido jardín con ruinas y edificios de los siglos XVII y XVIII. El Barrio Patershol, del Medievo, conserva callejuelas y casas con patio. Por estos contornos, está la Plaza del Mercado de los Viernes, que ha presenciado siempre el transcurrir de la vida ciudadana. Está jalonada de los magníficos edificios de los antiguos Gremios, y en el centro se alza la estatua de Jacob Van Arteveld, el héroe de la ciudad allá por el siglo XIV.


Pueden ir al Bijloke, la vieja Abadía cisterciense, hoy Museo de Arte Contemporáneo, y ver las  preciosas porcelanas, trajes, cristal, y hasta una colección de arte chino. Pasear por los mercadillos, hacerlo en barco por los canales del río Leie, y cuando está terminando el curso escolar, disfrutar con el espectáculo de los estudiantes que se tiran vestidos a las aguas del canal, saltando desde el puente. Al principio te asustas un poco, pero luego terminas jaleándolos.


Salir de la ciudad, para ver alguno de los castillos de los alrededores. El de Leane, soberbia fortaleza medieval, rodeada de un foso, y que han restaurado, respetando mobiliario, plata, y otros objetos de la época. Y hasta se dice, que tiene un pasadizo secreto. El castillo de Ooidonk, es uno de los mas bellos de Bélgica, dominando un paisaje de prados y bosques. Está magníficamente conservado, y tiene una hermosura de muebles, cuadros, cristalerías y vajillas. En sus salones principescos, se celebran recepciones y conciertos.


Y entre castillo y castillo, parada para comer a la vera del río Leie, en un restaurante rustico y delicioso, donde comerán como los propios condes. Sobre todo la estrella de los contornos, la anguila verde, con su carne exquisita, muy apreciada por los ganteses.


Como recuerdo, los delicados encajes de Bruselas, los siempre agradecidos bombones y galletas, o una botellita de Jenever, la ginebra belga. Eso, claro está, suponiendo que ustedes no puedan permitirse el lujo de un maravilloso diamante.



none