none
 
     
 
     
     
 
none

ViajamosDos

   
   
   
 

Trapani. Una pequeña joya en el extremo más occidental de Sicilia


José Bañuls

No aparece con regularidad en las guías o publicaciones de viaje, y yo mismo la descubrí por pura casualidad y por una impresionante tormenta, de esas que en el pequeño espacio situado entre los mares Mediterráneo y Tirreno, donde se bañan las costas de Trapani, convierten en hervidero sus habitualmente plácidas aguas.

Trapani. Trapani. Trapani.

Pasear por las calles de su ciudad vieja, se convirtió inmediatamente en un inesperado placer, pues saliendo del puerto y nada mas cruzar la avenida de la Reina Elena, nos encontramos con la estatua de Garibaldi, con su sable en la mano izquierda, y un león descansando a sus pies con un escudo donde se lee la palabra “Libertad. Homenaje de Trapani a este patriota italiano”.

Continuamos por calles con nombres tan sonoros la calle de Giuseppe Verdi, la avenida de Vittorio Emmanuele, la calle Roma, o la calle peatonal Camino de la Cruz, con sus múltiples terrazas donde saborear un expresso o un capuchino, o bien una cerveza o un vermouth, viendo pasar a gentes sin prisa que se paran en los escaparates y realizan compras en sus bonitas boutiques.

Claro, que no solo es pasear y recorrer sus calles, hay que contemplar monumentos como la Fuente de Saturno, con una bella estatua del s.XVII del dios, que en algunos escritos aparece como el fundador de la ciudad.

La iglesia de San Agustín o el Palazzo Cavarretta, el Palacio del Senado, sede del ayuntamiento, donde podemos admirar las estatuas de la Madonna de Trapani, protectora de los trapaneses, de S. Giovanni y S. Alberto, patrono de la ciudad. ?Al fondo de la calle, la plaza del Mercado del Pescado, reconducida recientemente a su antiguo esplendor gracias a una obra de restauración de gran valor.

Y cuando recorremos la mencionada calle de Vittorio Emmanuele, conocida como el “salón bueno” de la ciudad, contemplaremos las espléndidas fachadas barrocas de la Iglesia del Colegio de los Jesuitas y la Catedral de San Lázaro. Esta calle, empedrada, es una delicia a los ojos de los visitantes con la elegancia de los ricos arabescos marmóreos de los numerosos palacios que la jalonan.

Otra calle para descubrir en su centro histórico es la vía Garibaldi, con ejemplos magníficos de Barroco laico y religioso que se suceden entre el refinado Palacio Riccio de San Joaquín y la encantadora Chiesa di S. M. del Soccorso, con la magnificencia escenográfica de sus decoraciones interiores y exteriores.
Y adentrándonos poco a poco en la ciudad vieja, caminando por su laberinto de callejuelas con un inconfundible sabor árabe y judaico, que sorprenden al viajero que tiene la curiosidad de adentrarse en terreno desconocido. Te asombrará encontrar al Edificio de la Judería o Palazzo della Giudecca y la bonita Iglesia del Purgatorio -Chiesa del Purgatorio-, que en su interior conserva los importantes Misterios de Trapani, grupos escultóricos del siglo XVIII de tela y cola que cada año, en Pascua, con gran devoción por parte de la población local, se llevan en procesión para conmemorar las fases más significativas de la pasión de Cristo.

En el fondo del Corso Vittorio Emmanuele, una estrecho tramo de tierra rodeado por el blanco encaje de la espuma del mar, conduce a la punta extrema de la ciudad, dominada por los vientos y la Torre de Ligny, del siglo XVII, erigida por los españoles contra las frecuentes incursiones de los piratas turcos, que hoy en día es sede de un interesante Museo del Mar. Poco distante encontramos otro ejemplo de arquitectura militar, la fortaleza del Palomar (Colombaia), regala una perspectiva de Trapani verdaderamente especial.
Edificada en una isla a pocos golpes de remo de la costa, el castillo se levanta en un espejo de agua en el que al anochecer se reflejan los mil colores del ocaso. Poco distante de allí, Trapani ofrece otro retrato de vida de mar, el puerto pesquero (porto peschereccio), desde donde todas las mañanas en las primeras horas del alba los pescadores zarpan a la caza de los peces que cuando vuelven ofrecen, aún deslizantes, a los turistas más madrugadores.





none