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La Navidad en Hungría


María Adela Díaz Párraga

Para los húngaros, la Navidad es una gran fiesta, la fiesta familiar más importante, que se alarga desde los mercadillos del Adviento hasta finales del mes de diciembre.

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Muchas gentes aprovechan esos días de intermedio para ir a esquiar, tener reuniones de familia o ver a los amigos. Estas jornadas, cálidas y maravillosas, se anuncian cuando aparecen en los balcones o terrazas, los árboles de Navidad. Porque esos árboles se compran unos días antes, y se sacan al exterior para que duren mas, con lo que las fachadas de las casas, aparecen salpicadas del verde fragante de los abetos, y su aroma inconfundible, que luego se decoraran con dulces forrados con papel dorado y dibujos de ángeles, y con campanitas.

Desde finales de noviembre, la cal calle Vörömarty, se llena con el color y la alegría del mercadillo navideño. Los puestos de los artesanos, lanzan el reclamo de sus dulces, bebidas, adornos, regalos navideños... No dejen de comprar uno de esos preciosos calendarios de Adviento, y de paso, algún regalito para los que les esperan en casa. Desde los primeros días de diciembre, hay conciertos, representaciones de arte popular, y un montón de eventos relacionados con la Navidad.

El día 6 de diciembre, día de San Nicolás, aparece Mikulas, un viejecito de barba blanca, vestido de rojo, que llega en un trineo tirado por ocho renos, pero que allí no identifican con Papa Noel. Entra despacito en los dormitorios de los niños, para dejarles su regalo metido en las botas y en los zapatos, que los críos han dejado en la ventana la noche antes.

Caramelos,  chocolates y juguetes, envueltos en papel rojo. Y desde luego, no falta el carbón para los que han sido malos, y para los malísimos, unas varillas que son unas ramitas de *rbol, puntadas de dorado. Y llega la Nochebuena, la Szenteste. A  las cuatro de la tarde se cierran todos los negocios, oficinas, tiendas... y se para todo el transporte publico. Hay platos que casi nunca faltan en ninguna casa, como el Bableves, una sopa de alubias que se puede hacer de varias maneras, Nakos Guva, un postre elaborado con un pan especial húngaro y  semillas de amapola. También se toma en estos días Turos Csusza, a base de pasta, bacon, tejfol y turo, que es una especie de requesón, Pero casi siempre, la cena de Nochebuena pone sobre el mantel el Halaszle, una sopa buenísima, hecha con pescado de río, casi siempre con carpa, y pimentón. Carpa frita, pavo relleno de castañas, col rellena, manzanas rehogadas, y el Bejgli, que es un dulce de semillas de amapola, con nueces molidas con miel o azúcar . Y precisamente esta noche, una vez que se han acostado los niños, se decora el árbol de navidad, para que al despertarse crean que ha sido un milagro del Niño Jesús. O a lo mejor lo es, que la Navidad es tiempo milagrero. Y es que los verdaderos regalos de Navidad, los trae Jezuska o Kisjesuz que significa el Pequeño Jesús. Llega acompañado de un ángel, y con  un árbol de Navidad, en el que no pueden faltar las campanas y los Szalonukor, los "dulces o azúcar de salón", una especie de bombones, que se hacen desde el siglo XIX. Van envueltos  en papel de seda con flecos o estaño, y se cuelgan en el árbol de navidad, y también se envía a los amigos por correo, como una felicitación navideña.

Bueno, pues además del árbol, Jesuska lleva los regalos para toda la familia. Hace sonar las campanas del árbol, enciende sus luces, y apaga todas las demás. Claro, que cuando acuden los niños, solo están los padres, ya que Jesuzka se ha ido, lleva prisa. porque tiene que visitar en una noche, todos los hogares de Hungría.

El 25 de diciembre del año mil, San Esteban fue ungido y coronado como Rey Apostólico de Hungría, lo que le da un aire muy especial a las navidades del país, a las. Karacsony, que significa solsticio de invierno. Lo cierto es que las distintas culturas, griegas y eslavas, han ido dejando sus  tradiciones formando una Navidad, como ahora la conocemos. Tanto este día como el 26 son festivos, y se reúnen las familias. La comida es la mar de suculenta, se come Husleves, una sopa de pollo y gallina con una pasta especial y col rellena de carne y arroz, cubierta de crema agria, pollo y cerdo frito, y los dulces que tienen una gran importancia, entre ellos, las milhojas, sin crema, rellenas de jalea y cortadas en forma de herradura para traer la suerte.

Otra cosa que hay que ver, si ustedes están en Hungría por esas fechas, el 30 de diciembre es ir al Centro de Congresos de Budapest, donde se celebra el Concierto Festivo de la Orquesta de Zíngaros, con toda la magia y colorido de estos aires populares que tan bien reflejan el espíritu húngaro.

Que las gentes de esta tierra son hospitalarios por naturaleza, se demuestra en la ultima noche del año, en la Nochevieja, en que las puertas de sus casas permanecen abiertas a todos los invitados y sus acompañantes, que pasan para felicitar. Por cierto, que en el siglo XVI, se celebraba en las tierras del Transdanubio, en los días finales del año,  la Fiesta del Halcón, en la que se intercambiaban regalos. A partir de las 4 de la tarde y hasta la madrugada, los alrededores de Pest, se convierten en un hervidero la mar de animado, se suspende el trafico, y se puede aparcar donde una quiera, o pueda. A  pesar del frío reinante, las calles están que no cabe un alfiler, y es que señores. Nochevieja, es una fiesta de amigos.

La comida tradicional de esta noche especial es el cerdo, en gelatina con col rehogada en champaña, salchichas calientes con mostaza y rábanos picantes, y panecillos. A las doce, suenan las campanadas, anunciando que el viejo año se ha ido, y se estrena uno nuevo, mientras se escucha el Himno nacional. Y  para los que siguen de fiesta  toda la noche, está la Sopa del Trasnochador, Korhelyleves, con carme, nata, col y paprika dulce. El primer día del año, es típico comer sopa de lentejas, con lo que aseguran el dinero para los siguientes doce meses. Y para regar todos estos suculentos condumios navideños, nada mejor que el palinka, el aguardiente húngaro que puede resucitar a un muerto, o cargarse a un vivo.

El Baile de Fin de Año, se organiza en la ópera de Budapest, evento magnifico que evoca un poco la deslumbrante época imperial. Después de la recepción, se celebra un gran concierto, seguido una soberbia cena servida por el famoso restaurante Gundel. El broche de oro, lo pone el baile que da comienzo a la medianoche. Aparte de todo esto, las plazas Vörömarty, Nyugaty, Oktogon, y la avenida Adrassy, se llenan con espectáculos y fiestas callejeras.


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