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El Gran Tour

   
   
   
 

Tiene mi Cuba un son...


María Adela Díaz Párraga

...y una cantina, hecha de azúcar, ron y agua marina.

Una canción la mar de pegadiza. A una, Cuba la hace soñar mil cosas, la hace añorar sus mojitos y sus daiquiris. Y no es que una sea borrachina, no señores, sino que ambos mejunjes, contribuyen con mucho a crear su ambiente.

Tiene Tiene Tiene

Los indios tainos fueron los dueños y señores de la isla, eran de raza arauca, y habían llegado de la Hoya del Orinoco. Los tainos amasaban y cocían la tierra, iban desnudos, una piensa que por aquello del calor. Solo la mujeres casadas se vestían, es un decir,  porque llevaban unas "enaguas" de algodón, que las cubrían de cintura para abajo. Hombres y mujeres, se engrasaban y teñían la piel con un tono rojizo, y el pelo con carbón y jagua. Los tainos tenían sus jerarquías. Aparte del todopoderoso cacique, estaban los bohiques, los sacerdotes, los mitainos o ministros, y los boquia, que eran los guerreros. Y esto fue, lo que se encontraron los españoles cuando llegaron. Y ahora, si ustedes quieren, vengan conmigo y les enseñare lo que van a encontrar. 

TRINIDAD 
Algo realmente romántico, que fundó en el año 1514, Don Diego de Velázquez. El mar le hace cosquillas en la punta de los pies, mientras apoya su espalda en la sierra. Durante mucho tiempo sufrió el expolio de los piratas, hasta que llegó un momento en que los trinitarios se cansaron de sus ataques, y construyeron sus propios barcos, y asi se convirtieron en una de las potencias navales del Caribe. En  1830 abrió sus puertas la primera imprenta, y se oyó vocear el primer periódico. Por aquellas fechas, sus valles eran los abastecedores de azúcar de toda Europa, y este florecimiento, llenó las arcas de sus gentes. Y empezaron a construir sus hermosas casonas, que jalonaban las callejas sin aceras, tachonadas de guijarros. La Casa de Borrell, que cambió el nombre por el de  Brunet, cuando casó a una de sus hijas con el Conde de Brunet, y que ahora alberga el Museo Rom*ntico. Toda ella de buena cantería, con arcadas, suelos de m*rmol de Carrara, artesonados de caoba... Todo lo que podía tenerse con dineros. En aquellos días, levantó también su casa Pedro Iznaga, y Juan Guillermo Baker, que derrochó en ella tanto lujo que no la había igual ni siquiera en La Habana. La de Cantero, tenía en sus esquinas un cañón medio enterrado, señal de que poseía el derecho de asilo. Y la del General Jerónimo Fuentes Terrero-Girón, que fue armador de sesenta y cinco barcos corsarios. Que no solo del azúcar salían los dineros.

Las calles empezaron a empedrarse hace cerca de dos siglos, con chinas pelonas. Tan vieja como la ciudad, es la Plaza Mayor, que aunque ha tenido varias reconstrucciones, permanece impasible al paso de los siglos. Y hay que entrar en la iglesia, y rezar a la preciosa Virgen de la Caridad del Cobre. Y hay museos, y viejas fabricas de tabacos con su runrún de colmena, y un aroma picante y dulzón. Y calles con nombres tan evocadores como el Barrio de la Popa, la calle de la Media Luna, la del Desagravio, la del Lirio Blanco, la plaza de la Punta del Diamante, viejos y mágicos nombres de regusto hispánico. Y  un español antiguo y cantarín resonando en sus calles, que parece escapado de un romance.

SANTIAGO DE CUBA
Fundada en el año 1515 por  Don Diego de Velázquez, fue la capital de la isla, hasta que San Cristobal de La Habana, le pisó la categoría. Como todas las ciudades isleñas, Santiago sufrió durante siglos los ataques de piratas y corsarios. Hoy es algo deliciosamente provinciano, con ribetes de ciudad española antes del despegue moderno. Largas calles, no muy anchas, con establecimientos y pequeños comercios con nombres evocadores y graciosos. Una amplia plaza, con una imponente catedral que fue la primera que se levantó en Cuba, Y que es vecina del casón señorial del poderoso Don Diego de Velázquez de Cuellar, fundador de ciudades. El Cuartel de Moncada, arranque de gestas heroicas, y La Isabelica, una casa antigua con portones, donde se saborea un delicioso café criollo, que mana sin cesar de la panza de una gran cafetera.        

Santiago es la Casa de la Trova, en la calle Heredia, donde de noche y de día se canta el son y el bolero. La Universidad de Oriente y el Museo Emilio Bacardi, y la calle Padre Pico, que baja en escalones hasta el mar, Y el soberbio Castillo de San Pedro de La Roca, conocido como el Morro, y que debe su nombre al gobernador don Pedro de la Roca, que impulsó su construcción en el siglo XVI. Es una muestra esplendida de la arquitectura de la época, y posee un gran valor histórico y artístico;  en el  se aposenta ahora el Museo de la Piratería. Y hermosas  montañas en los alrededores, sembradas de edificios coloniales, sobre todo en la zona cafetera de la Gran Piedra. Y playas románticas,  con nombres tan deliciosos como Siboney o Caletas Blancas.

CIENFUEGOS
Bañada por las aguas del Caribe, la llaman "La perla del sur", y fue refugio de piratas. La fundaron en 1819, un grupo de colonos franceses, al mando de don Luis de Clouet, que en honor al rey Fernando VII, la llamaron Fernandina de Jagua, uniendo su nombre hispánico al indio que ya tenia. Pero su desarrollo económico y cultural, hizo que en el año 1829, se le concediera el titulo de villa y se le cambiara el nombre por el de Cienfuegos, que era el del Capitán General de la isla de Cuba. Es una ciudad de calles anchas, rectas, muy neoclásica, hasta en el viejo Cementerio de la Reina predomina este estilo, con sus mármoles de Carrara, y la estatua de la Bella Durmiente, que da pie a leyendas románticas. 

Parques, jardines, paseos, como el del Prado o el del Malecón; el Jardín Botánico, que creó el norteamericano Atkins a primeros del siglo XX, y el Parque José Martí, donde antes estaba la Plaza de Armas, con la estatua del mentado Martí. De su magnifico pasado, queda la soberbia Catedral de la Purísima Concepción, de 1833, con sus dos torres,  y vitrales y cuadros muy valiosos. El Teatro Therry, que levantaron en el año 1899, y conserva toda su arquitectura y decoración. Un montón de palacios, el de Blanco, el de Goitizolo, la curiosa Casa de los Leones, o el palacio del Valle, una preciosidad por su mezcla de estilos, y que se hizo para morada el comerciante don Acisclo del Valle, allá por el 1913. El Casino Español, que ahora alberga el Museo provincial. Y el centenario Castillo de Nuestra Señora de los ángeles de Jagua, que levantaron a la entrada de  la bahía en el año 1745, para defender la ciudad de los ataques de piratas y corsarios. En el litoral, se extiende la bella playa de Rancho Luna.        
Corria  el siglo XV, cuando  Colon piso estas  tierras, y Fray Bartolomé  de las Casas, que obtuvo muy  buenas prebendas en tierras e indios. Y gente mucho menos recomendable: Los corsarios Drake, Bruce, Sores, Gilberto Girón... En fin, que no todos los visitantes fueron bienvenidos.

SANTA CLARA
O Villa Clara, como ustedes quieran, es una tacita de plata. La fundaron un puñado de familias, llegadas de San Juan de los Remedios, que además de escapar de los piratas, huían del Malo, o por lo menos eso dicen. Así que en el año 1689, fue fundada la villa de Santa Clara. Agricultura, ganado, trabajo y riqueza iban a aparejados. Pero en las oscuras madrugadas, volvió a escucharse el sonido del miedo, acrecentado por los tambores de los negros africanos, que así conjuraban a los malos espíritus. Bien peleona que fue, que no solo presenció las luchas de los mambíes, sino que participó en ellas.                          

Santa Clara,  es una tranquila ciudad colonial, en el interior de la isla, cuyo mayor atractivo tal vez sea, cobijar el sueño eterno de José de Lázaro Bencomo, que a lo mejor a ustedes ni les suena, pero si sabrán quien es cuando les diga que se trata nada menos que del legendario Che Guevara. Su Mausoleo, se levantó en los año ochenta del pasado siglo, coronado por una gran estatua de este médico singular, sin embargo no fue hasta treinta años después de su muerte, cuando se pudieron recuperar sus restos,  y enterrarlos allí.

La ciudad tiene el Parque Vidal, que ocupa lo que fue su Plaza Mayor, y que es el punto de encuentro de la ciudad. Una amplia plaza cuadrada, jalonada de bellos edificios coloniales y neoclásicos. En el centro, está la Glorieta, que resuena con la música de los conciertos. Y también está la estatua de Maria Abreu. Que ya que les hablo de ella, sepan que fue una criolla muy rica, que hizo grandes cosas por la ciudad y sus habitantes mas desfavorecidos. En el año 1885, regaló a Santa Clara el monumental Teatro Caridad. También está el Ayuntamiento que fue de los primeros en edificarse; y había una iglesia hecha de madera de palma, a la que después añadieron ladrillos, pero las fuerza vivas de entonces, decidieron tirarla sin contar con los vecinos.

CAMAGUEY
Que  cuando la fundaron en el año 1515 se llamo Santa María de Puerto Príncipe, hasta que en el año 1898, pasó a llamarse Camaguey, en honor al cacique Camaguebax, que mandaba en esas tierras cuando los españoles empezaron a levantar las primeras casas. En sus calles, en sus placitas recoletas, como la de San Juan de Dios, la del Carmen, la antigua Plaza de Armas, reina el mas bello estilo colonial. Una piensa, que el mejor momento de este estilo, está reflejado en la soberbia iglesia de la Soledad, que fíjense como sería, que está declarada Monumento Nacional. Pero también está la Iglesia del Santísimo Cristo del Buen Viaje, y muchas capillas, y por supuesto, la magnífica Catedral, dedicada a la Virgen de la Candelaria. En realidad los antecedentes de este templo hay que buscarlos en el año 1539, cuando se levantó una iglesia en buena piedra, lo que no pudo evitar que un incendio la destruyera en 1616. Al año siguiente se volvió a levantar, esta vez en lo que era la Plaza de Armas, que ahora llaman Parque  Agramonte, aunque ha tenido varas reparaciones. En el año 1912, se convirtió en Catedral, y en 1998, tras varios años cerrada y en restauración, se convirtió en Metropolitana.

Callejones estrechos, con adoquines antiguos, y rejas preciosas, y adornando parques y jardines, los tinajones, las enormes tinajas panzudas que atesoraban el agua desde la época colonial, ya que las lluvias eran escasas por estos lugares. Y según dicen, el que bebe agua de las tinajas, se quedará a vivir para siempre en Camaguey. Además de los museos, está la Universidad de 1967, y hay que visitar la agreste belleza de la Sierra de Cubillos, con sus famosos Pasos, que son cauces secos de antiguos ríos, flanqueados por altos paredones. El mas importante, es el Paso de Paredones, que presume lo suyo de sus ciento cincuenta metros de altura.

GUAMá
Y por fin, llegamos a Guamá. Un lugar que hace años era un paraje  deshabitado e inhóspito, donde solo vivían carboneros y cazadores de cocodrilos. Una recuerda aquel antepasado que muy joven, estuvo en la guerra de Cuba, y que nombraba las ciénagas como el infierno. Pues bien que le gustaría a una, que el abuelo pudiera ver en que lugar maravilloso se ha transformado. El  gobierno cubano, decidió proteger a los grandes saurios contra los cazadores furtivos, y ha conseguido concentra en aquellos lugares, montones de esos animales antediluvianos. Allí están en enormes lagunas, donde los cocodrilos, se lo pasan tan ricamente. Muy cerca, está la Laguna del Tesoro, que se llama así, porque según cuentan, cuando el cacique Guama supo que se acercaban los españoles, tiró a las aguas todos sus caudales. Se ve que no confiaba mucho en su honestidad monetaria. Con o sin tesoro, la laguna es un sitio bellísimo, entrada de la aldea taína, donde se reproduce una aldea aborigen cubana, con sus pintoresco caneyes de techo de guano.

Alrededor, soberbias esculturas, que parece que van a cobrar vida  en cualquier momento, representan a la magnifica raza taína, en sus ocupaciones habituales. Hay muchas mas ciudades, y villas, y pueblos pequeñitos. Guardalavaca, la península de Zapata, Pinar del Río, la Isla de la Juventud, Cárdenas,  Bayamo, y por supuesto La Habana, pero de esa hay que hablar aparte.



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