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El Gran Tour

   
   
   
 

Tres propuestas singulares de primavera


Enrique Sancho



De la monumental Praga a la misteriosa Jaipur, pasando por las fortalezas de los zares.


Cuando los escaparates de las agencias y las páginas de los periódicos comienzan a inundarse de propuestas viajeras para la próxima temporada, la elección no se hace fácil. Sin embargo, para quienes quieren romper los tópicos, le sugerimos tres destinos y fórmulas para viajar realmente originales, en los que uno mismo hace sus reservas y planifica su viaje.


Tres Tres Tres

India, el país de los prodigios
Los antiguos viajeros griegos dejaron boquiabiertos a todo Occidente con sus relatos sobre lo que encontraron más allá del Indo: hombres de varias cabezas, gusanos enormes, unicornios, hormigas gigantescas... Hoy no es posible ver semejantes prodigios pero los occidentales siguen quedándose mudos de admiración y sorpresa al contemplar el despliegue de colores de las ciudades hindúes y el desfile de personajes inimaginables que se asoma en sus bulliciosas calles: encantadores de serpientes, hermosas mujeres enjoyadas de los pies a la cabeza, domadores de elefantes, sacerdotes del sol, monjes jainistas completamente desnudos ("vestidos de cielo", dicen ellos), monos, camellos, mendigos con terribles mutilaciones, conductores de ricksaws casi suicidas... 

India no es un país fácil, ni inocente. Algunos ni siquiera le calificarían de bello según los criterios estéticos que dominan las descripciones turísticas convencionales, pero es posiblemente la mayor experiencia viajera del mundo. La India no es un país para amantes de pacíficos itinerarios artísticos o de unas vacaciones relajadas en paraísos de postal. Es una experiencia intensa que interroga continuamente al viajero, que no deja opción a la indiferencia, que le deja exhausto, le apasiona y le atrapa finalmente en el dramatismo desbordante de sus ciudades y en el desapego de lo material que se adivina en sus paisajes y en sus gentes. Desde la antigüedad los viajeros de todo el mundo se han sentido atraídos por el misterio de este enorme subcontinente en el que hoy habitan más de 1.200 millones de personas y conviven las cinco grandes religiones del mundo. Sus 23 estados federados ofrecen tal diversidad de paisajes, de climas, de relieves, de culturas, de religiones y de formas de comer, vestir, vivir y sentir, que resulta imposible una completa descripción del país. Por eso también permite mil y una lecturas y un sinfín de visitas sin defraudar nunca al viajero. Las rutas turísticas más clásicas proponen recorridos básicos para abrir boca en los que suelen incluir el triángulo de oro del norte (Delhi-Agra-Jaipur). Para un primer contacto suele ser suficiente, aunque casi todo el que prueba la magia de la India desea volver. 

La ruta puede comenzar en Jaipur, la ciudad rosa y capital de Rajastán, el estado de los maharajás. Es famosa por su Palacio de los Vientos, una inmensa y bellísima fachada de color rosa, con 953 ventanas por las que las damas encerradas en palacio podían contemplar el mundo sin ser vistas, y el Fuerte Amer, accediendo a él, como se hacía en los viejos tiempos, a lomos de elefantes y una vez dentro recorriendo las dependencias del Palacio Jagmandir, Jaimahal y el templo de Kali con sus jardines. Tras Jaipur, imprescindible visita al atardecer al Taj Mahal en Agra, y antes, de camino, Fatehpur Sikri, una impresionante ciudad fantasma donde se encuentra la tumba de Salim Chisti, el Punch Mahal. El imponente conjunto del Taj Mahal, además de ser considerado el más sublime edificio consagrado al amor, es considerado el más bello ejemplo de arquitectura mogola, estilo que combina elementos de las arquitecturas islámica, persa, india e incluso turca. El monumento ha logrado especial notoriedad por el carácter romántico de su inspiración. Aunque este templo parece eclipsar otros edificios, vale la pena visitar también el Fuerte de Agra, considerada la fortaleza más importante de la India, en la que vivió y gobernó la Dinastía Mogol. La última etapa del viaje trascurre en Delhi, la capital de India, en la que hay mucho que ver: el viejo y nuevo Delhi, incluyendo el Fuerte Rojo, la mezquita Jama Masjid, el Raj Ghat y Chandi Chowk, la Mezquita Qutub Minar, la importante Puerta de la India, el Monumento de Marcha de Sal, Connaught Place, los edificios gubernamentales y la residencia del presidente del país. 


Praga, una ciudad que atrapa
Como esas muñecas rusas que se esconden una en otra y que en su versión checa llenan los puestos de artesanía que hay en cada rincón, en Praga se agolpan varias ciudades. A un lado del Moldava, que más que separar da la dimensión y perspectiva adecuada a cada parte de la ciudad, Staré Mesto (Ciudad Antigua) y Nové Mesto (Ciudad Nueva -nueva para Carlos IV, quien la fundó en el siglo XIV-) y en la otra orilla Malá Strana. Pero cada una de ellas, como en las matriushkas, esconde otra. En Malá Strana, con sus montes boscosos y sus calles empinadas, está el castillo, que es una ciudad en miniatura y donde se concentra, ayer como hoy, el poder del Estado. Y en la ciudad antigua se esconde Josefov, el barrio judío, el gueto natal de Kafka, tan ignorado en vida y al que hoy se le rinde homenaje en toda la ciudad. 

Praga no es una ciudad llena de monumentos, es un monumento en sí misma. Hay que apreciarla en su conjunto, pero también disfrutar de cada uno de sus detalles. Si se busca un primer impacto, hay que comenzar la visita en la Plaza de la Ciudad Vieja (Staromestské Namestí), una de las más grandes y bellas de Europa. Coloristas fachadas barrocas, neorrenacentistas y rococó ocultan interiores con frecuencia deteriorados y parecen servir de decorado complementario a las dos grandes estrellas de la plaza: las torres de la iglesia de Nuestra Señora de Ty´n, cuya fachada queda oculta por otros edificios con interior que impresiona por la gran altura de la nave en proporción a la planta, y el Viejo Ayuntamiento con su espectacular Reloj Astronómico.

A través de retorcidas callejas, en las que no faltan las tiendas de cristal de Bohemia, las que venden las características marionetas, sobre todo la cómica figura del valeroso soldado Schwejk, el personaje creado por Jaroslav Hasek, o las joyerías plagadas de granates, se llega a los alrededores del puente de Carlos, siempre lleno de gente. Del puente destaca su robustez, que le ha permitido soportar los embates de las inundaciones desde hace 600 años, gracias, según se dice, a que los esforzados habitantes de la región mezclaron miles de docenas de huevos con el cemento que unía las piedras. Pero sobre todo llaman la atención los 30 grupos escultóricos que adornan sus petriles. Representan diversas escenas religiosas y a varios santos. El más visitado es el dedicado a San Juan Nepomuceno, un santo checo muy venerado pero que despierta gran atención entre los turistas ya que quien soba su placa de bronce volverá a la ciudad.

Al otro lado comienza el barrio del Castillo otra sucesión de empinadas callejas que conduce al gran conjunto que se convirtió en una obsesión para Kafka y que dio título a su principal obra. Pese a los sucesivos incendios e invasiones, el castillo de Praga es hoy uno de los más notables, suntuosos y emblemáticos vestigios del gran pasado histórico, cultural y social de la capital. En él se encuentran las Joyas de la corona de Bohemia. Con 570 metros de largo y 130 de anchura media, es considerado la mayor fortaleza medieval del mundo. En sus dependencias palaciegas, destaca la gran sala Ladislao, del siglo XV, y en la que en otra época se celebraban torneos y banquetes.

Al caer la tarde y cuando la ciudad adquiere su más bella cara gracias a una delicada iluminación que se duplica en las aguas de Moldava, puede ser el mejor momento para reponer fuerzas y disfrutar de la rica gastronomía y las excelentes cervezas locales. Lo mejor es acudir a alguna de sus cervecerías, que abundan en el casco viejo y al borde del río. No hay abstemio que se resista a probar la bebida nacional, rubia y ligera, que se suele servir muy fría y en grandes jarras de medio litro. En Praga hay más de 1.500 cervecerías en las que se hace la vida social y cultural de la ciudad, y que en pocas ocasiones se ven vacías. Las hay de todo tipo, desde las más turísticas hasta las de barrio, con precios bastante más baratos y calidad inmejorable.


Las ciudades de los zares
Dice el mismísimo Vladimir Putin que "los expertos de la industria del turismo creen que solo el 20% de nuestros amplios recursos naturales, históricos y culturales están siendo explotados para el turismo". Sin duda dentro de esa quinta parte de los recursos rusos, en los que explorar su rico pasado y su intrigante presente están sus dos grandes ciudades: Moscú y San Petersburgo, dos metrópolis descomunales que, sin embargo, son muy diferentes.

La capital de la República Rusa, Moscú, está rodeada por colinas que circundan la ciudad en la que se mezclan con un gusto exquisito monumentos, parques y zonas residenciales con preciosos jardines. A lo largo de tres días se puede conocer a fondo el centro histórico moscovita o "Kitaï Gorod", con grandes avenidas flanqueadas por majestuosos edificios de diferentes estilos arquitectónicos; la impresionante Plaza Roja, donde se encuentra la Catedral de San Basilio, el Mausoleo de Lenin, los famosos Almacenes Gum, la Universidad Lomonossov (un impresionante rascacielos en el antiguo Monte Lenin, exponente del llamado "gótico estalinista") y muchos otros monumentos. También se debe dedicar tiempo a recorrer el Kremlin, recinto amurallado origen de la ciudad, a cuyo alrededor fue creciendo. Aquí se encuentra el Consejo de Ministros, el enorme Cañón Zar (que nunca fue disparado), la monumental Campana Zarina, así como las Catedrales de la Asunción, la Anunciación y San Miguel Arcángel. Otra visita imprescindible es la Galería Nacional Tretiakov, magnífica pinacoteca especializada en obras rusas de artes plásticas, desde antiguos iconos del siglo XI hasta creaciones de los artistas y escultores más modernos.

Tras la poderosa figura de Pedro el Grande, zar de todas las Rusias y el hombre que colocó a su país entre las grandes potencias de la época, se descubría una personalidad culta y refinada, una preocupación constante por sacar a los rusos de su sistema medieval y una obsesión casi enfermiza: el agua. Buena parte de esa obsesión logró canalizarla con su pasión por la navegación, con la necesidad imperiosa de conseguir para Rusia una salida al Báltico y con la construcción de una "Venecia del norte" en San Petersburgo. Debido al asedio de 900 días sufrido durante la Segunda Guerra Mundial que destruyó buena parte de la ciudad, ha sido necesaria una profunda reconstrucción que se hizo siguiendo la estructura y estilos del orden clásico estalinista. San Petersburgo, la antigua capital rusa durante casi mil años, es la segunda ciudad más importante de Rusia después de Moscú, y sin duda la más bella de todas. Fue fundada por Pedro I "el Grande" en 1073, permaneciendo como capital del Imperio Ruso hasta 1918, año en que Lenin devolvió la capitalidad a Moscú. En 1914 se le dio el nombre de Petrogrado, el cual conservó hasta 1924, cuando con motivo de la muerte de Lenin tomó el nombre de Leningrado. Tras el triunfo de la Perestroika, volvió a recuperar su nombre original de San Petersburgo.

Habrá tiempo de visitar la Fortaleza de Pedro y Pablo, en cuyos sótanos se confinaba a los disidentes del Imperio Zarista y realizar un recorrido por sus principales avenidas para contemplar sus monumentos y ver cómo se desarrolla la vida en esta cosmopolita ciudad, construida sobre cuatro islas y atravesada por el río Neva y sus múltiples canales, salvados por más de 400 puentes. Una escala de honor merece el Museo del Hermitage, emplazado en lo que fue Palacio de Invierno de los Zares, en la actualidad está considerado como una de las tres primeras pinacotecas del mundo, junto con el Museo Louvre en París y el Museo del Prado en Madrid. Sus casi 5.000 salas dan una idea aproximada de su extensión, y albergan importantísimas colecciones de pintura de todas las escuelas conocidas a través de los siglos, además de esculturas y antigüedades.

Exoticca.
Estas propuestas de viaje han sido elaboradas por Exoticca, una agencia de viajes de nueva generación cuyas propuestas exclusivas se ofrecen durante un tiempo limitado a precios especiales. Los valores de Exoticca sirven de base para elaborar cuidadosamente su selección de ofertas: calidad, transparencia, innovación, confort, servicio y exclusividad. La venta se hace exclusivamente a través de Internet en su página web. Desarrollando la actividad desde una perspectiva de respeto y admiración por las diferentes culturas del mundo, Exoticca lleva a cabo distintas acciones solidarias y ofrece a sus clientes la posibilidad de colaborar donando los gastos de gestión de su reserva. Gracias a su amplia experiencia en el sector turístico ha conseguido un poder de negociación que les permite ofrecer los precios más competitivos del mercado.

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