none
 
     
 
     
     
 
none

Fin de Semana

   
   
   
 

El Verano también es Verde


María Adela Díaz Párraga

El verano casi siempre lo asociamos al azul de las aguas marinas, al blanco de espuma de las olas, a sombrillas de rayas, a largos paseos descalzos por la orilla del mar. Pero el verano también es Verde.

El El El

Verde de campos tachonados de hierbas aromáticas, de senderos serranos, donde el aire te emborracha,  porque la gente de ciudad no está acostumbrada a esa pureza. Y eso es lo que quiero proponerles. Pero para  los que el campo no entra en sus prioridades, les sugiero que lo visiten en estos días del dorado otoño, que pasen aunque sea un fin de semana por estos lugares a los que voy a acompañarlos, en los que  todavía no manda el frío inmisericorde de los días invernales. Así que si les parece vamos a llegar a tres lugares distintos, pero en realidad muy parecidos. Una esta segura, de que tal vez el próximo verano, estos caminos de campo y monte, atraparán algunos de sus días de vacaciones.

Santiago de la Espada
O Santiago-Pontones, como ahora lo llaman. Un lugar precioso, con calles muy cuidadas, y casitas blancas. Tierras de Jaén, vecinas de las de La Mancha y  de Granada. Un lugar que se aposenta en un extraordinario Parque Natural, formado por las sierras del Segura, de Cazorla y Las Villas;  apoyado en la ladera de la montaña, se moja los pies en las aguas del río Zumeta. En estos parajes habitaron gentes de la prehistoria, en la Cueva del Nacimiento, en Fuente del Segura, casi diez mil años antes de que naciera Cristo; ellos cazaban ciervos, jabalíes, corzos, rebecos, cabras montesas...Y se ha encontrado en Río Frío, un sepulcro colectivo de los siglos III y II antes de nuestra era. Por todos estos lugares se pisa la historia, en el gran centro ibérico de Toya, y en la necrópolis de las Quebradas. Restos iberos, tartesos, romanos, que ya Ptolomeo comentaba de ella que era un lugar inexpugnable. Los musulmanes sembraron aquellas tierras de villas y alquerías, hasta que en el año 1243, se la quedó la Orden de Santiago. El rey Alfonso el Sabio le concedido varios privilegios, y los Reyes Católicos,  la hicieron Villa Real.

De su actual emplazamiento, fueron responsables un grupo de pastores de Cuenca, que traían aquí sus rebaños, hicieron un pequeño horno para cocer el pan, y de ahí le vino su primer nombre, El Hornillo. A estos se añadieron grupos de pastores de otras provincias, que se agruparon alrededor de lo que fue Ermita de Santiago. Después el gobernador don Cristóbal López, se lo cambió por el de Puebla de Santiago, por lo de la ermita, y al final fue Santiago de la Espada. Que se cambió por  Santiago-Pontones, al unirse a este lugar en 1975. Por cierto, que el mentado gobernador, fue el que levantó la actual iglesia sobre la vieja ermita, allá por el siglo XVI. Una preciosa iglesia gótica de piedra, con una hermosa torre, toques mudéjares y arcos de medio punto. En el XVIII la reformaron, y de ahí esos magnificos retablos barrocos, de ese siglo y ese estilo, es el soberbio retablo mayor. También tiene una curioso coro de madera.

Y está la antigua posada con su baranda de madera, del siglo XVI,  y el Balcón de Pilatos, y muchas cosas mas. Y hay que acercarse al nacimiento del río Segura, y ver el yacimiento arqueológico de la Cueva del Agua. Y perderse por  sus espacios naturales que son grandiosos, con una vista impresionante y una flora y fauna muy interesantes. A  finales de agosto, celebran fiestas con encierros de vaquillas, carreras de cintas a caballo, verbenas...  No dejen de probar sus suculentos corderos segureños, las truchas ahumadas, el lomo de orza, acompañado del menestral pan serrano, que es casi un pecado, y el exquisito aceite de oliva virgen extra. Para recuerdo o para regalar, jarapas y mantones, sin olvidar una botellita del rico aceite, que lleva la Denominación de Origen Sierra de Segura.

El Niño de Mula
Aunque todo el mundo lo conoce simplemente como El Niño. Una aldea pequeñita, un montón de casas y muy buenos restaurantes, en el noroeste de la Región de Murcia, que se cobijan al amparo del milagroso Niño del Balate, el que se apareció al pastorcillo Pedro Botia. Era una época de penurias y epidemias, la peste asolaba el Reino de Murcia, y el pobre pastorcillo había visto morir a sus padres a manos del bandolero Jusepe Escámez. Así que escapó al vecino paraje de Balate, donde un pariente lo puso al cuidado de su rebaño. Y allí fue donde tuvo lugar la aparición. Un niño precioso, vestido de Nazareno y con una cruz en la mano, que le pidió que levantara una ermita en aquel lugar, y eso hizo el pastor, levantar una ermita con una pequeña capilla y casa del ermitaño, que en el año 1648, fue sustituida por la actual  iglesia. 

Eso cuenta la historia, una no sabe si leyenda, pero señores, eran tiempos milagreros, donde las historias devotas pisaban esa línea invisible que separa la realidad de la fantasía. ¡Quien puede saber lo que pasó en realidad! Pues en aquel altozano, se levantó el santuario, un soberbio mirador, que domina toda la huerta muleña, surcada por los ríos Mula y Pliego, donde la vista se pierde hasta las sierras de Espuña y Pedro Ponce. Desde aquellos lejanos días, el Niño y su santuario se han convertido en el punto de encuentro de miles de peregrinos. Es uno de  los más importantes, y según se dice, todo este paraje es un lugar mágico. Aunque el Niño actual, es una escultura de Sánchez Lozano, ya que el primitivo se perdió. En la Edad Media, todo este lugar se conocía como Campo de Albalat o de Balate, hasta el siglo XVII, en que según cuentan ocurrió el milagro, y empezaron a llamarlo El Niño, al que siguen dando el apellido de Balate. La iglesia barroca se levantó como les decía, en el siglo XVII, una sola nave con bóveda de caño, y arrebujándose alrededor de ella, se fue formando este pequeño lugar.

Todo el entorno es un paisaje de belleza impresionante, y forma parte de la llamada Vía Verde del Noroeste, un lugar ideal para los amantes de la naturaleza. También les aconsejo llegarse, y si pueden quedarse unos días mejor, hasta la hospedería del Molino de Felipe, aposentada en un viejo molino del siglo XVI, y con varias generaciones de molineros haciendo la molienda. Porque sepan ustedes, que el molino, todavía está en funcionamiento, y dicen que es el único molino de acequia, que queda en nuestro país.

Y si se acercan ustedes por  allí a finales del mes de septiembre, podrán ver unas rumbosas Feria y Fiestas, que comienzan con la Bajada en romería del Santo Niño hasta Mula, donde permanece hasta que finalizan las fiestas. También encontrarán buenos manteles, aunque algo fuertes, teniendo en cuenta que es tierra de fríos. Hay que probar la olla fresca, que a pesar de su nombre, tienen calorías para agobiar, pero está buenísima. Y los gazpachos, y las tortas de patata, y la tortada. Para recuerdo, un regio cobertor para la cama, que la convertiría en la de sus abuelas, o alfombras, o faldas para la mesa camilla. También hacen tambores, pero una no cree que los aprecie mucho esa persona especial, a la que lo van a traer de recuerdo.

Campo de San Juan
El Campo de San Juan, es una inmensa planicie jalonada de montañas, que rivalizan en alturas. Un pedacito en la tierra murciana de Moratalla, que disfruta de veranos fresquitos, y paisaje nevado en la época invernal. Vecinos suyos, El Sabinar, Campo Béjar y Calar de la Santa. Campos salpicados de cereales, de hierbas aromáticas, de chopos y álamos, de guiscanos, esas setas deliciosas cuando llega su temporada. Espacios verdes, donde blanquea la mancha de los rebaños y la pincelada imposible de la lavanda. Y aquí y allá, pequeños pueblos, aldeas, caseríos, con nombres evocadores: Ribera, Zaen de Arriba y Zaen de Abajo, Los Cantos, Casicas de San Juan, Casas de Aledo, El Moral, Las Riscas, donde se van a encontrar un molino, y la magia del agua en el embalse del río Alharabe, que tiene regustos moriscos. Porque el agua está presente en todos estos lugares, una buena cosa para esta tierra sedienta que es la región murciana.

Este lugar, señores, es único para relajarse, para disfrutar de unas buenas vacaciones, porque por suerte aquí todavía no ha entrado la "comodidad" de la vida actual con sus adosados y sus Spas. Eso si, se van a encontrar ustedes un montón de casas rurales, bastante comodas y a la vez muy tradicionales, donde volver un poco a una vida mas tranquila. Les recomiendo Casa Pernías, que está rodeada de un paisaje impresionante, y tiene una piscina bastante apañada, que aunque por estas alturas, no es que hagan muchos calores, siempre se agradece un chapuzón.

Bueno, no vayan a creer que está fuera de la civilización, hay algunos buenos restaurantes, una fábrica de los embutidos típicos del lugar, y hasta un súper. Les hablaba de los embutidos, y es que tienen fama en toda la región. Además de eso, se van a encontrar una gastronomía muy típica de estas tierras, la ensalada de alubias, andrajos, migas de panizo, "entomatao", y el pecaminoso mazapán  moratallero, que es casi un pecado. Y que les recomiendo para regalar. ¡Ah!, y el vino, porque en estas cercanías esta la Tercia de Ulea, una bodega que se remonta nada menos que al siglo XIII, y que elabora unos vinos de fantasía.

none