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Fin de Semana

   
   
   
 

El Valle de Arán


María Adela Díaz Párraga

El valle se estira perezoso a lo largo de seiscientos kilómetros, albergando las cabeceras de los ríos Noguera Pallaresa y Noguera Ribagorzana, aunque el río por derecho de este valle, es el Garona.

El El El


Un río majestuoso, que después de atravesar el valle casi entero, sale por Pont del Rei, pasa por Toulouse y vuelca sus aguas al Atlántico, en la vinatera ciudad de Burdeos. Y fíjense ustedes si será importante esta comarca, que hasta tiene lengua propia, el aranés. Una lengua viva, de fonética suave y dulce, sin apenas inflexiones ásperas. El aranés, pertenece al tronco occitano, y es una variante de la lengua gascona, que se habla en Comenge, con muchas analogías con la lengua catalana. Las gentes que habitan estos valles, son abiertas y amistosas. Pero mejor que vayamos conociéndolos poco a poco.

Y ahora, si quieren, empezamos a tener un encuentro con sus ciudades y villas. Para empezar, Viella, que para eso es la capital del valle. Rodeada de altas montañas, guardada por las aguas del Garona y del Nere, Viella es moza vieja, a la que ya se conocía en tiempos romanos, con el nombre de Betula. Viella es un lugar precioso, con su casco antiguo lleno de calles estrechas y casas antiguas, que acogen restaurantes y bares. En esta parte triunfa en todo su esplendor, la Capilla de San Miguel, un edificio del románico al gótico, que empezaron a levantar allá por el siglo XII. De esa misma época, es la venerada talla del Cristo del Mig, que guarda en su interior un busto de madera, que pudo formar parte de una Bajada de la Cruz, que fue destruida. La iglesia, tiene por vecino al Ayuntamiento. Hay más cosas, claro. La Torre del General Martinon, del siglo XVII, con unas hermosas ventanas renacentistas, y que ahora alberga el Museo Etnológico, ya verán que colección tan maravillosa de utillajes propios de esta comarca. Casi al lado, la casona señorial ço de Rodes, que fue restaurada. Y el Museo de la Lana, que hay que ver la importancia que éste artículo ha tenido en la comarca, sobre todo en el siglo XIX, Dentro hay una maquina Mülle Jenny, que fue muy importante en los talleres en la época de la Revolución Industrial. En contraste, la parte nueva, con calles y edificios que ofrecen una animada vida comercial, en la que se mezclan los artículos de deporte tan solicitados en este lugar, nieve, aventura, y alta montaña; con las cositas de artesanía de la Val, las tiendas de moda, y los bancos. Y eso que ven ahí, es el coto de Saforcada, que una vez a la semana, se anima con el estira y afloja del mercado. Trasiego, que llega a su punto culminante, en las tradicionales ferias de ganado, que se celebran de septiembre a octubre.

Que si caen aquí por septiembre, se van a encontrar con las fiestas patronales, la Natividad de Ntra. Sra. en la que hacen una deliciosa romería a la antigua iglesia del Mig Aram, donde podrán contemplar en todo su sabor, los populares bailes araneses. También en mayo, hacen una romería la mar de típica a la pequeña ermita de Santa Quiteria, donde pasa de mano en mano, el pan y el queso benditos. Y el agua de la fuente del manantial, a la que bautizan con chorritos de aguardiente. Y es que a esta Santa, se le tiene una gran devoción por estos lugares.

Si piensan quedarse unos días, vale la pena que alquilen un todo terreno, y se dediquen a hacer excursiones por toda esta parte del Pirineo leridano, que es una de las mas hermosas. Y casi sin darnos cuenta, hemos llegado a Les, aduana con Francia, y es que una vez atraviesas el Puente del Rey, te encuentras ya en tierras francesas. Tiene el aliciente del esquí en la estación de La Tuca, y de una estación termal a orillas del Garona, las Thermas de la Baronía de Les, de aguas sulfuroso-sódicas, que dicen son mano de santo. Se remontan al tiempo de los romanos, y se han encontrado altares votivos y otros objetos de la época. Tiene una iglesia parroquial del siglo XVI, dedicada a San Juan Bautista, con una torre románica y estilo marcadamente aranés. Pero Les, posee también la capilla románica mejor conservada de la Val, la de Sant Blai, de estilo pirenaico y planta circular, donde está enterrado nada menos que el señor Barón de Les. Luego, si quieren, iremos a ver el castillo medieval de los barones, bueno, las ruinas del castillo, porque lo único que se conserva es la torre del homenaje.

Y todavía no les he contado, que Les tiene otro gran atractivo, sobre todo para los sibaritas, porque en sus tierras alberga la factoría del famoso Caviar Nacarii. Un lugar que se puede visitar, y donde podrán enterarse de la historia, la cultura y la producción actual del preciado oro negro.

A lo mejor no saben que Les celebra una de las fiestas mas antiguas de la Val d´Aran; se llama la Fiesta del Haro, y en ella, queman un tronco de abeto sin ramas, el día de San Juan, y plantan otro el día de San Pedro. Las tres ultimas parejas que se han casado durante el año, colocan en este tronco una cruz, un ramo de flores, y una corona también de flores. Mientras, los viejos bailes se mecen al son de arcaicas canciones.

En el Alto Aran, la vida se reparte entre los pueblos que lo forman. ¿Ven aquella pequeña villa? Es Arties, pero no se dejen engañar por su modestia, que allí están las ruinas del castillo de los enigmáticos Templarios, del que solo queda la capillita dedicada Sant Pelegri. La iglesia de Santa María, románica del siglo XII, la nave es de este estilo, pero el retablo es gótico, como la torre de cinco pisos, y un gran reloj. Gótica pura, es la preciosa iglesia de San Juan. ¡Miren que casona tan hermosa! Es la casa de Gaspar de Portolá, un bello edificio medieval muy bien conservado, que después de restaurarlo se ha visto convertido en Parador, lo que no es mal destino. Pero en todo el casco antiguo se van a encontrar casas de estilo renacentista, muy bien conservadas, compadreando con restaurantes y bares.

Cruzando el Alto Aran, llegamos hasta Salardú, capital del municipio de Naut Aran; rodeada por los ríos Garona y Unhola, es una villa la mar de pintoresca,  con rincones lindísimos, calles en cuesta, fuentes y abrevaderos para el ganado. Su estratégica situación, hizo que fuera una villa fortificada en la Edad Media, y todavía mantiene firme parte del baluarte, de las altas torres de lo que fue recia muralla y del Portal de Pallars, del siglo XIII. Y tienen que ver la iglesia parroquial de San Andrés, en la parte alta. La hicieron entre los Siglos XII y XIII, una iglesia románica con partes góticas, y un hermoso campanario de planta octogonal del XVI.  En su interior, guarda el crucifijo del Sant Crist de Salardú, una impresionante talla románica, del siglo XI. Y no se pierdan un paseito por su Plaza Mayor, con la hermosa fuentes del ochocientos.Y paseamos por Baguergue, el pueblo habitado mas alto de todo el valle. Vale la pena contemplar sus escalofriantes paredes verticales, sus verdes prados, y una quesería, la única del Valle, donde podrán ver cómo se elabora el queso. También hay que entrar en el museo ETH Corrau, aposentado en una casona histórica, que guarda miles de objetos de la vida cotidiana, y de la artesanía aranesa.

También hay que ir a Gessa, empinada allá en lo alto, es uno de los pueblos mas pintorescos, y además tiene unas vistas maravillosas sobre el Mont Ronies, salpicado de setas, frambuesas y grosellas. Tiene la iglesia parroquial de Sant Pere, que es muy curiosa, porque sobre una torre maciza cuadrada, se escapa hacia el cielo, un bello campanario hexagonal. También alberga algunos edificios del siglo XVI y XVII. La Casa Rosa, con su torre cilíndrica, la de Xelina Catalá, la de Pont y la de Fradera Pont, de 1618. Y colgando en el acantilado, casi suspendida en el aire, la ermita de Sant Martin de Corilha, con su pequeña gruta que aposenta el altar. Dicen, que fue aquí donde se apareció San Martin de Tours a los vecinos del pueblo, y les pidió que le levantaron un oratorio, a cambio de librarlos de las tormentas.

Y Tredos, entrada al Parque Nacional d´Aiguestortes, con el río Garona repleto de truchas, que casi se pescan solas. Javalies y perdices habitan el lugar, para reclamo de cazadores. Pero además, Tredos guarda la sorpresa de una iglesia románica del siglo XII, con una curiosa cubierta a dos aguas de madera. En ella se alberga la milagrera Virgen del Cap d´Aram. Y en el término, la estación de esquí de Baqueira Beret;  para que nada falte, también tienen un balneario, el de Tredos, cuyas  aguas sulfurosas se utilizaban ya en la época romana, y que se restauró no hace mucho.

En cuanto al comer, no pierden el viaje. En sus condumios se nota, como es natural, la influencia francesa en los patés, civets y crepes, que aquí llaman  pasteres y pescajuts. Y como el clima es algo fresquillo, lo combaten con una cocina rica en sopas, potajes, estofados, y la fabulosa olla aranesa. Buenas carnes de cordero y vacuno, truchas preparadas de mil formas, y las deliciosas setas, buenas para cualquier cosa. Y  unos licorcillos caseros, a base de frutas, que son cosa fina. El cassis anisat, y un licor de ciruelas pasas, el Berretxa, que resucita a un muerto.


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