none
 
     
 
     
     
 
none

El Gran Tour

   
   
   
 

de Taksim al Gran Bazar, pasando por Istiklal


José María Díez. Fotos de Jan a. Nilsen

Bueno, pues no. Después de callejear la parte vieja, visitar Santa Sofía, la Mezquita Azul y el Palacio Topkapi, no se han terminado los encantos de esta ciudad encantada y encantadora y más con ese toque oriental profundo al que nuestro editor califica de espíritu de "Las mil y una noches".

de de de

Ya nos hubiera gustado haber permanecido en este Estambul mágico al menos una quincena de noches. No llegamos a tanto pero no obstante nos dio tiempo para visitar m*s lugares antes mencionados... y contárselo a ustedes. Así que cambiamos de opinión y no cerramos esta serie en el capitulo cuarto, en donde nos quedamos a la salida del Palacio Topkapi, con mucho hambre y dispuestos a satisfacer esta necesidad tan humana. Nos habían recomendado los alrededores de la Plaza Taksim con sus populares restaurantes frecuentados principalmente por la población local y a donde llegamos con facilidad gracias al cómodo, eficiente y limpio "Metro" de Estambul.

Bien señalizado con caracteres latinos, gracias a Mustafa Kemal Atatürk que fue el gran transformador de Turquía en los tiempos modernos y muchos historiadores lo comparan con Suliman el Magnifico. Atatürk no solamente sustituye el alfabeto árabe por el latino, si no que establece una serie de importantísimas leyes que cambian  totalmente la vida turca. Constitución, Código Civil moderno con el fin de la poligamia y del divorcio por repudio, introducción del matrimonio civil, abolición de la Sharia, introducción del calendario occidental, declaración de la laicidad del Estado, ley que determina que las oraciones y recitaciones públicas del Corán deberán hacerse en turco en vez de en árabe (1933) mientras tanto en España los actos religiosos en aquellos años, seguían celebrándose en latín, concede el derecho de voto a las mujeres y el derecho a ser votadas, también a obtener trabajos oficiales e introduce el domingo como día de descanso en sustitución del viernes que proclama la religión musulmana.

Llegamos a la Plaza Taksim sin manifestantes de por medio, aunque la Plaza Taksim siempre fue un punto de encuentro no solo para manifestantes, sino para actos políticos y de celebraciones también. Yo no soy experto en la política turca, ni tan siquiera en la española, pero si que me intrigan esta ola de manifestaciones dispares tanto a favor como en contra del actual presidente. Recep Tayyip Erdogan, Doctor  Honoris Causa por la Universidad Europea de Madrid y compañero inseparable del expresidente español José Luis Rodríguez, en su apuesta por la Alianza de Civilizaciones.

Aunque sus ardores religiosos-revolucionarios de juventud llevasen a Erdogan a recitar públicamente un poema del poeta nacional Zuya Gökalp (Las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas nuestros cascos, los miranetes nuestras bayonetas y los creyentes nuestros soldados...) no se asusten ustedes, pues los occidentales no solemos captar el espíritu oriental y particular de los turcos... posiblemente Ziya solo quería ensalzar el poder de la religión, el poder espiritual sobre el poder militar.

Erdogan a todas luces parece un fiel reformista, para bien, de este gran país que dejó de ser imperio, pero que desde los tiempos de Ataturk ha despertado con nuevos brios y con el apetito de ser uno de los grandes en el contexto de la Unión Europea, a pesar de ser asiáticos, porque las líneas divisorias territoriales o son políticas o son imaginarias. ¿Roma, Londres o Valladolid se pueden considerar más europeas que Estambul?

Pero dejemos la política que a lo que hemos venido a Taksim es a encauzarnos por la Istiklal Caddesi y elegir alguno de los numerosos y buenos restaurantes con comida autóctona.  La calle Istiklal tiene un encanto especial y es la calle en donde a finales del siglo XIX y principios del XX se asentaban las embajadas y consulados occidentales, hoy en día,  peatonalizada y con transito para un viejo y romántico tranvía, es un sitio excelente para ir cenar como así hicimos y quedamos encantados, con la comida y con la simpatía incluso con el vino, un tinto turco excelente para acompañar al kebap o al "kuzu cevime" (cordero lechal).

Y después de la cena y un paseo por la concurrida calle Istiklal nos retiramos a descansar porque las mujeres habían determinado que no pasaba ni un día más sin ir al Gran Bazar y claro había que ir descansado y preparando el bolsillo. Amaneció un día esplendido y desayunamos copiosamente, pues nos esperaba el mayor bazar cubierto del mundo... 46.000 metros cuadrados, 62 calles, 15 patios, 3.600 tiendas, aunque un servidor solo pudo contar 3.567, 22 puertas, y más de 20.000 empleados. Dicen que el Gran Bazar, recibe entre 250.000 y 400.000 visitantes diariamente. No quiero hacer cálculos matemáticos, pero si de los 400.000 visitantes diarios, compran el 25%, eso eleva a 100.000 los potenciales compradores diarios, repartidos entre 3.600 tiendas da a unos 38 clientes por tienda. En nuestro caso de un grupo de cuatro, compramos los cuatro, lo cual supone un cien por cien de éxito del Gran Bazar.

Fue Mehmed II, otra vez este Mehmed II, quién construyó o más bien amplió el Bazar después de la conquista de Constantinopla, dando entrada a toda clase de productos de valor como joyas, oro, alfombras, telas, sedas etc. El Gran Bazar estaba y está muy bien organizado y muy bien cuidado, lo cual, por una parte le resta un poco de exotismo pero crea una gran confianza en el cliente. Bazares, mercados y zocos habrán ustedes visitado con más o menos fervor, pero el de Estambul como la ciudad misma es especial. Recordar por recordar tiene uno que recordar el mercado Jan el-Jalili de El Cairo o el zoco de Taroudant en Marruecos o el mercado callejero de Chichicastenango en Guatemala, incluso los mercados flotantes de Tailandia, pero el Gran Bazar repito que es especial y se encuentra en Europa sin ir más lejos. Uno que no es gran entusiasta de las compras, cosa casi imposible en el Gran Bazar, recordando la última película de James Bond titulada Skyfall en donde James Bond es perseguido por los malos en los tejados del Gran Bazar y para escaquearme de las tiendas me acerque a un guardián para preguntarle por donde se subía a los tejados y debió de comprender que yo quería imitar a James Bond, porque saco una pistola y me dijo "yo soy el malo no se prive usted y suba al tejado". No tuve que pensarlo dos veces, de inmediato me ofrecí a mi señora esposa para acompañarla y discutir en las tiendas sobre bolsos de imitación, relojes de imitación, pieles y cerámicas originales etc. etc.

Aprendí que los mejores bolsos de imitación se fabrican en Vietnam y se venden a mejor precio en Dubai que en Estambul. En cuanto a los relojes de imitación, después de largas discusiones obtuve un Omega por el increíble precio de 50 euros y a la salida del Gran Bazar, los vendedores callejeros vendían el par por tan solo 25 y es que los vendedores ambulantes no pagan impuestos. De todas formas el regateo dentro de los muros del Gran Bazar se está perdiendo a marchas forzadas. Se me ocurrió pedir mejor precio por unas cerámicas de las que me encapriché, me echaron una furibunda mirada que al final a punto estuve de dejar propina y todo. Pero el Gran Bazar con sus 400.000 visitantes diarios es todo un espectáculo digno de verse y vivirlo y por lo tanto visitamos tiendas, regateamos los precios, compramos, tomamos kebaps, aceptamos muchas tazas de té y conocimos a interesantes personas. En uno de los cafés dentro del bazar charlamos con dos hermanas vietnamitas, más bien norvietnamitas, que aceptaron gustosas a fotografiarse con sus mejores sonrisas y asegurándonos que vendrían a España sí o sí.  También conocí a Ado, un simpático kurdo más calvo que un servidor  pero con un poblado "mustache" que ya que no pudo venderme nada de su tienda, me ofreció charla y simpatía, que yo acepté con alegría y la charla discurrió por los temas de los kurdos y los vascos, de los judíos sefarditas dentro del Gran Bazar, de los judíos sefarditas fuera del Gran Bazar, de los armenios, de los comerciantes rusos que han invadido el moderno Estambul, de que ya no se vende lo que se vendía en el Gran Bazar ni es el centro comercial del imperio que fue en su día. No todo fueron lamentaciones, pues Ado me instó a regresar no solo a Estambul si no a muchas partes de Turquía de extraordinaria belleza, incluyendo el Kurdistán. Prometí hacerlo en breve. Y después de muchas, muchísimas horas, agotados, con los bolsillos vacíos y las bolsas repletas regresamos al hotel.




La calle Istiklal y el tranvía



none