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El Gran Tour

   
   
   
 

Palacio de Topkapi


José María Díez- Fotog. de Jan A. Nilsen

En los últimos números de ViajamosDos les hemos ido ofreciendo las impresiones que Estambul dejó marcadas en nuestro colaborador José María Díez. Con esta entrega dedicada al Palacio de Topkapi cerramos este capítulo de su experiencia turca, que nos ha hecho soñar con visiones de las Mil y Una Noches, siempre bien ilustradas con las fotografías de Jan A. Nilsen, que en este reportaje de Topkapi se ven complementadas con algunas de nuestro director.

Palacio Palacio Palacio

Si en el extremo oriental del Mediterráneo se asentaba la otomana Estambul, en el otro extremo de Europa, el occidental se asentaba el otro gran imperio de la época: el español. Si el imperio otomano llegaba a su cenit con Solimann II el Magnífico (1520-1566) que dio esplendor a Estambul y reconstruyó Jerusalén, el español tenia sus días de gloria con Carlos I de España y V de Alemania (1516-1556) y su hijo Felipe II (1556-1598). Salvo la excepción de la batalla de Lepanto, no hubo encontronazos importantes entre estos dos imperios. Beyazid II (1481-1512) acogió a los judíos expulsados por España y hoy en día se puede uno encontrar con muchos de sus descendientes en esta multicultural ciudad de Estambul.

El Palacio está asentado en un lugar de privilegio, entre el Cuerno de Oro y el Mar de Mármara, y desde él se tiene un completa y espléndida vista sobre el Bósforo.

Topkapi fue la sede del poder del Imperio Otomano. Mehmet el conquistador lo mandó construir (años 1475-1478) y él mismo fue su primer morador, siendo Mahmud II (1808-1839) el último sultán en residir en este palacio. Durante este tiempo el palacio fue testigo de la marcha casi siempre triunfal del imperio y también de las intrigas y traiciones de la monarquía otomana.

El Palacio que a diferencia de los palacios de las monarquías occidentales no se compone solo de un gran edificio, como El Escorial de Felipe II, si no que son muchos edificios, pabellones, salas de audiencias, caballerizas etc. inspirado en la arquitectura islámica.

El Saray (palacio) Cedide Amireii, como fue su nombre original, con una área de 700.000 m2 y con cinco kilómetros de murallas que lo rodean, repleto de diferentes construcciones y patios, no es fácil de visitar, ni de una forma rápida, ni de una forma ordenada, por lo que nos lo tomamos con tranquilidad. Para conocer Estambul se necesitan muchos días, más bien semanas, y aunque nuestro tiempo era escaso, no lo escatimamos en la visita al corazón del Imperio Otomano.

¡Ah, Oh! que maravilla de palacio y eso que solo se pueden contemplar, entre estos muros, una pequeña parte de los tesoros que albergaba en los buenos tiempos de los sultanes. Falta de espacio para exponerlos aducen los expertos, que dicen tener más de 65.000 piezas de porcelanas, chinas, japonesas, europeas, turcas... además de manuscritos, miniaturas, relojes, joyas, reliquias sagradas, vestimentas, armas, carruajes y mucho más se puede contemplar en este palacio de construcción un tanto caótica, aparte de haber sufrido con el correr de los tiempos, terremotos e incendios, amen de otros infortunios.

Más de 5.000 personas vivían en el Palacio, más de 5.000 personas por diferentes motivos lo visitaban cada día. Alrededor de 5.000 personas diariamente lo visitan en nuestros días con fines meramente turísticos, para contemplar sus riquezas y escuchar a los guías contar la historia de este extraordinario imperio y de esta sin par ciudad, capital del mundo que fue y punto de encuentro entre Asia y Europa que sigue siendo.

Entramos al palacio por la puerta Bab-i Hümayun, o Puerta Imperial, que mandó a construir el sultán Fatih Mehmet. Ya han tomado ustedes nota, supongo, de los muchos "Mehmet" que se citan, pero es un nombre bastante popular, al que hay que añadir, Osmán, Murad, Bäyäzïd, Selim, Mustafá, Ahmed y Suliman.

Entrada al primer patio donde se encontraba, la guardia, viviendas de los servidores, enfermería, panadería, almacén de la leña.  Había que cuidar al detalle la "intendencia" del palacio, recordar que vivían 5.000 personas.

La segunda entrada se realiza a través de Bab-üs Selân, o Puerta de la Acogida, en este punto había que dejar las caballerías y seguir a pie. Süleyman el Magnifico mandó a construir esta puerta y a partir de este punto, comienza verdaderamente el palacio. Las cocinas tenían una extraordinaria importancia, fueron reconstruidas, después de un incendio, por el más famoso de los arquitectos del imperio: el genial Sinan. Más de mil empleados tenían las cocinas, y claro, el Sultán, los  príncipes, esposas, concubinas, odaliscas etc. recibirían platos especiales, preparados con más dedicación. Estas cocinas, hoy en día, albergan una colección de porcelanas con más de tres mil unidades, entre las que destacan piezas chinas de las dinastías Toug, Song-Yuan y Ming. Y después de imaginar los exquisitos manjares que se cocinaban en este lugar, pasamos al "Harén". Cuantas cosas les contaría sobre el Harén, pero creo que ustedes ya conocen la mayoría, incluso sobre el Harén del Topkapi.

Harén: lugar prohibido, domicilio privado del Sultán y su familia, en casos, numerosísima familia, pues hubo sultanes que tuvieron cientos de mujeres, más de trescientas, baños, cocinas, mezquitas, despensas, piscinas y hasta hospital, componían este palacio, dentro del Palacio. Se pueden imaginar ustedes, lo divertido que tenia que ser gobernar este mundo privado del sultán, pues aparte de los cientos de mujeres, tenia que cuidarse de que hermanos y demás familia, no le arrebatasen el trono.  Y claro con tanta practica privada, no es de extrañar que los sultanes estuvieran en plena forma para gobernar el imperio.

En el otro imperio, Carlos I, solo tenia una esposa, que se sepa y un desliz ocasional con Bárbara Blomberg del que nació Juan de Austria, que en su día comandaría las fuerzas cristianas en la batalla de Lepanto. Felipe II, llegó a tener hasta cuatro esposas, pero no al mismo tiempo y con la segunda, María I de Inglaterra, ni vivieron en el mismo reino, tampoco se podían comunicar por Skype ni enviarse mensajes por WhatsApp.

Nos vamos a la tercera puerta, Bab-üs-Saadet o Puerta de los Eunucos Blancos, también llamada, vaya usted a saber porqué, puerta de la felicidad, y la traspasamos para comprobar si lo de su nombre "La Felicidad" es cierto.  Para nosotros, mortales turistas, ya es una felicidad encontrarnos en el antiguo Bizancio, la legendaria Constantinopla y el moderno Estambul.  En esta tercera parte del Palacio, hoy en día se puede visitar la sala de audiencias, las ricas vestimentas de algunos sultanes y el "tesoro" propiamente dicho. Cuatro salas son necesarias para su exposición... tronos, armas, cajas de música, candelabros y vajillas de oro, relojes, diamantes, el más famoso el "Kasikci (98 quilates, 58 facetas), rosarios, reliquias, espadas, cerámicas etc.

Capitulo aparte merece la sala de reliquias sacras del Islam. El sultán Yavuz Selim, conquistó Egipto y se trajo a Estambul, como botín de la victoria, las reliquias del profeta Mahoma. Aquí  se encuentran, el manto, la espada, el arco y el estandarte del profeta, también una huella de su pie, un pelo de su barba y hasta un diente. A partir de esta fecha Yavuz Selim, fue Califa, para que ustedes comprendan, creo que es algo así como el Papa en el mundo católico. Sus sucesores conservaron el titulo de Califas, sin fumata blanca, de por medio.

Y ya cansados, pero felices, de tanta historia y tantos tesoros, decidimos tomar un descanso con refrigerio incluido, fuera de Palacio, pues en el Palacio sus fabulosas cocinas de antaño, no funcionan en la actualidad, ni tampoco hay Sultanes que nos inviten.


El Palacio de Topkapi




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