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Fin de Semana

   
   
   
 

Hamburgo... y su puerto


María Adela Díaz Párraga

Ochocientos veinticuatro años va cumplir el puerto de Hamburgo. Que ya son años. Durante todo el mes de mayo, la ciudad se vuelca en sus celebraciones portuarias, que se celebran en lo que llaman la Milla del Puerto, casi cuatro kilómetros que se estiran a lo largo del Elba.

Hamburgo... Hamburgo... Hamburgo...


El bautismo del MS Europa 2, -gran crucero de súper lujo de Hapag-Lloyd Cruises-, el gran desfile de llegada y el de salida, y el tradicional Schlepperballett, el Ballet de los Remolcadores. Además de esto, desde el pasado abril hasta octubre, podrán disfrutar de una aromática Muestra Internacional de Jardinería, que lleva el sugerente nombre de "La Vuelta al Mundo en 80 Jardines". Esto es algo normal en Hamburgo, ya que sus numerosos parques y jardines la convierten en una ciudad muy verde. Ahí tienen ustedes el Stadtpark, con su gran torre de agua, y su Planetario, que es uno de los mas grandes de Europa. O el Jardín Botánico, que pertenece a la Universidad, y es una belleza. Y muchos mas.

Y  ya que hablamos del puerto déjenme que les diga que tener un encuentro con ese mundo fascinante, es algo que no se pueden perder. El paseo arranca en el desembarcadero de St Paul-Landungsbrücken, con la bienvenida de las sirenas de los numerosos barcos, remolcadores, botes y barcazas, cargueros y gabarras. Viejos almacenes, que ahora se han reconvertido en viviendas y lugares de ocio. Vayan despacito, mirándolo todo, empapándose de ese ambiente, mejor si lo hacen saboreando una cerveza fresquita. O tomen un barco, y piérdanse en ese bosque de mástiles y velas, surcando las aguas. Y entonces seguro que se sentirán dentro de esa trilogía tan especial, que forman Hamburgo, su puerto y su industria. Y no se pierdan una visita a uno de los barcos-museos, el Rikmer Rikmers, un velero de tres mástiles, que forma parte del patrimonio marítimo de la ciudad. En el van a encontrar la historia de antiguos marineros, y un montón de objetos de la vida en el mar. Y si es domingo, pueden acercarse hasta el antiguo Mercado del Pescado, para presenciar la subasta de esos magníficos ejemplares arrancados al fondo de las aguas.


Porque además de verde, Hamburgo es una ciudad de aguas. No son solo las mentadas del puerto, no señores, tiene los lagos. Dos lagos nacidos del río Alster que atravesando la ciudad, va a desembocar en el Elba. El Alster Exterior y el Alster Interior, separados por un puente. El exterior es algo magnífico, donde se pueden practicar los deportes náuticos, sobre todo la vela y el remo. El Interior tiene en el centro una gran fuente, con vertiginosos chorros de agua, y una de sus calles vecinas, la Jungfernstieg, fue la primera calle que se asfaltó en toda  Alemania, allá por el año 1838. Es el principal paseo comercial de la ciudad, y si van por ella, seguro que se van a dejar llevar de la llamada tentadora de sus comercios.

Pero antes de seguir, me gustaría contarles algo sobre la Ciudad Libre y Hanseática de Hamburgo, ya que perteneció a la liga medieval hanseática, y fue Ciudad Imperial Libre del Sacro Imperio Romano Germánico. Sus orígenes se remontan al año 808, cuando el gran Carlomagno mandó levantar el castillo de Hammanurg,  para poder vigilar las incursiones enemigas que le llegaban por el río Elba. Y alrededor de la fortaleza,  se fueron agrupando las gentes, que se dedicaron a la pesca y al comercio. En el año 831, Ludovico Pío creó la Diócesis de Hamburgo, aunque hay que reconocer, que el empujón definitivo se lo dio Federico Barbarroja,  cuando en mayo de 1189, le concedió  el privilegio de Franquicia Aduanera en el Elba. Pero no todo fue bueno, porque en el año 845, la destruyeron los vikingos, y en los tiempos siguientes, sufrió los asaltos de los reyes de Polonia y de Dinamarca. Y  los incendios, sobre todo el de 1842, que destruyó media ciudad, y muchos de sus hermosos edificios. Sin embargo de todo ha ido   saliendo, convirtiéndose en el gran puerto que ahora cumple años...

La ciudad es preciosa, con sus tejados de cobre, a los que el tiempo ha dado un color verde muy especial, como el que luce la iglesia de St. Katherinen, con su torre barroca calada dominando el viejo puerto. La aguja que la corona, se remonta al siglo XII, o la iglesia de St. Michaelis, en el centro de la ciudad, que es una de las cinco iglesias protestantes mas importantes de Hamburgo. Se abrió en 1912, pero era la tercera vez que se edificaba. En su fachada hay una magnifica estatua de bronce del Arcángel San Miguel; y su soberbia torre, que se empina 132 metros sobre el suelo, sirve de guía a los marineros que navegan por el Elba. En ella hay un gran reloj, con las manecillas recubiertas de pan de oro. La de San Jacobo o de  Santiago El Mayor, que se remonta al año 1255. Se ha remodelado y ampliado varias veces, y es una magnífica muestra del gótico. Y está la iglesia de San Pedro, que mandó levantar el papa León X allá por los principios del siglo XI, aunque es en el 1195 cuando aparece en los escritos como una Iglesia de Mercado. En el año 1310, se reconstruyó en estilo gótico, y su Puerta del León, de bronce, es la obra de arte más antigua de Alemania.

En el Barrio de Alstadt, cerca del lago Alster, se levanta el hermoso Ayuntamiento de estilo neorrenacentista, que no es el primero, porque aquel se destruyó casi entero en el incendio de1 l886. Hasta un año mas tarde no empezaron las obras del actual, siendo su primer Alcalde el Dr. Johannes Versmann. Tiene una magnífica torre que se empina 112 metros sobre el suelo, y en su interior se mezclan los estilos, aunque hay que destacar la Sala del Emperador. En él, se aposenta también el Parlamento de Hamburgo.

Otro lugar muy interesante, es la Chilehaus, la Casa de Chile, un magnífico edificio de diez pisos, dedicados a oficinas, y que es una buena muestra del Expresionismo en el ladrillo, que mandaba en los años veinte del pasado siglo. Lo mandó construir el magnate naviero Henry B. Sloman, que había hecho su fortuna con el salitre en Chile, y por eso la llamaron así. Si pasean por su casco antiguo, se van a encontrar con hermosas casas de viviendas y oficinas, de los siglos XVIII y XIX. Y es que por estos lugares, hacían sus negocios los comerciantes del café, el te y las especias. Y hay un montón de restaurantes y bares, donde descansar y probar los suculentos condumios de su cocina. Aunque si usted es ciudadano del mundo, aquí va a encontrar su cocina favorita, sea cual sea.

Y está el barrio de San Pauli, reducto durante siglos del oficio mas viejo del mundo, aunque ahora lo han tomado por morada la gente guapa, y también los mercadillos y tiendas muy interesantes. Y hay que ver la Ciudad Almacén,  la Spetcherst, una serie de almacenes de ladrillo rojo, aposentados sobre pilotes de roble, y jalonados por pequeños canales. Como contraste el nuevo Hamburgo, la Hafen City, la arquitectura vanguardista en Uberseequartier, un amplio bulevar con montones de comercios.

También hay museos muy interesantes, como Kunsthalle, uno de los museos más importantes de Alemania, en realidad son tres edificios. Uno de ladrillo, de 1869, el segundo, de estilo neoclásico, de concha caliza, que se hizo en 1919, y el Cubo Blanco de la galería Gegenwart, de 1997. Como aliciente añadido, alberga el famoso Café Lieberman. El Kunsthale guarda siete siglos de historia de la pintura, desde los altares medievales a las obras maestras del romanticismo alemán. Y está el Altoner Museum con sus mascarones de proa, y reproducciones de habitaciones rusticas. Y hay  que ver las figuras de cera del Panoptikum, que se remonta al año 1879. Y saludar al señor Canciller Bismark, Otto Von Bismark, que fue Primer Ministro del Reino de Prusia. Dicen que su monumento es el mas grande que existe.

Y por supuesto, que no se pueden perder un visita al Zoológico Hagenbeck, y pasear tranquilamente por el Espolón del lago Alster Exterior, tomarse un delicioso capuchino en el Café Engelchen, o sentarse en cualquier barecito a tomar el oscuro brebaje, o alguna de sus muchas cervezas, después de una ajetreada jornada de compras. Porque como les he ido diciendo a lo largo de este encuentro con la ciudad, hay una gran variedad de boutiques, tiendas pequeñitas, grandes almacenes, comercios familiares y mercadillos, donde de puede comprar de todo, desde pescado fresco al último grito de la moda. Ir a Hamburgo y no comprar, es casi un pecado.


Más Información:

http://www.hamburg.de
(Sólo en Alemán oInglés)


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