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El Gran Tour

   
   
   
 

De Bizancio a Estambul, pasando por Constantinopla


José María Diez

Desde luego que no es lo mismo llegar a Estambul en un velero bergantín en el año 1830, aunque fuese así descrito por Espronceda que era un poeta y no un pirata

De De De

Cosa en la que no estaba de acuerdo Fernando VII, pero Fernando VII era el rey, Borbón absolutista, dicen que de triste recuerdo para España y Espronceda uno de los componentes de los "Numantinos" que estaban en contra del rey apodado" Felón".

Pero dejando la historia pasada y volviendo a estos días, no es lo mismo llegar a Estambul en un velero, que en un cansado avión de Iberia, cansado y aburrido. Cuatro tediosas horas de vuelo, castigados sin película ni otros entretenimientos abordo, recibiendo una horrorosa comida plastificada e incomestible. Pero Iberia es nuestra compañía de toda la vida aunque hoy sea propiedad de los "british". Parece que el personal llamado de cabina y que los pasajeros solemos llamar "azafatas" ha mejorado en amabilidad y menguado en edad. Mi compañero de viaje Jan A. Nilsen, cónsul de Noruega en el Levante Español, que junto a su señora nos acompañaron a mi mujer y a un servidor a descubrir Estambul, después de la comida abordo y antes de que el avión volase por encima de los Dardanelos justo en el momento que recogían las bandejas, se dirigió socarronamente a la azafata felicitándola y dándole las gracias, por tan suculenta y sabrosa comida, a lo que ella contestó también socarronamente "el hambre que tenia Ud." Y ya sin hambre, gracias a Iberia, el avión empezaba a descender, no diré que majestuosamente pero casi y en esta ocasión sobrevolando el estrecho de los Dardanelos y antes de llegar al Bósforo, se posaba suavemente sobre las pistas del Aeropuerto Istambul Atatürk Internacional Havalimani. Antes de aterrizar, los pasajeros sentados al lado de las ventanillas parte derecha del avión, casi podíamos ver las pistas y terminal del otro aeropuerto de Estambul el Sabiha Gökcen y cual pirata de Espronceda tuve que exclamar, a la izquierda aeropuerto en Europa, a la derecha aeropuerto en Asia y en el centro el mar de Marmara y ahí debajo tanto a izquierda como a derecha ESTAMBUL.

El aeropuerto Atatürk Internacional no se ha contagiado de la magia de la ciudad, pero aunque feo es funcional.  Largas colas para pagar un visado de 15 eurillos, cual impuesto turístico catalán, pero no recaudado por los hoteleros, si no directamente por la también estatal Aena turca. Entrega de equipaje rápida y corriendo a buscar al guía y autobús que nos hiciera el traslado al hotel para sin dilación empezar a descubrir los lugares que han hecho que Estambul, pues sea eso "Estambul". Nuestra ansiedad se vio truncada por el increíble y caótico tráfico de la ciudad, por otra parte muy parecido al tráfico de muchas ciudades españolas, pero la paciencia es buena compañera en estas ocasiones y claro, dio sus frutos y llegamos a nuestro flamante hotel

El Crowne Plaza de la Ciudad Vieja, podríamos haber elegido el Conrad, tal vez el famosísimo Kempinski, o el Pera Palace con su famosa hab. 411 de ágata Christie que trajo a sus personajes hasta Estambul, en el tren llamado  Orient Express y no en velero como Espronceda.

En fin podríamos haber elegido una de las pintorescas pensiones situadas en el Cuerno de Oro, pero en nuestra comodidad, elegimos tomar trincheras en el Café del Crowne Plaza, en vez de tomar café en las trincheras de las pensiones antes mencionadas en el famosísimo Cuerno de Oro. Turistas cómodos sí, con espíritu de aventura también.

Y ese espíritu de aventura fue la causa que casi sin parar en el hotel o más bien parando lo indispensable para dejar las maletas, nos llevase a recorrer las típicas y concurridas calles, en ocasiones torcidas, angostas, empedradas y empinadas, de la llamada ciudad vieja en la parte europea de Estambul. Y el recorrido para hacerlo más interesante y con más marcado espíritu aventurero, pues lo hicimos a pie. El callejeo resultó muy interesante y logramos no perdernos, gracias a que lo hicimos en un área relativamente pequeña. Desde luego que si nos extendemos y damos el paseo más largo, la perdida estaba asegurada, incluso utilizando el GPS. Esta ciudad de más de cinco millones de habitantes, crece al año en unas 500.000 personas y se crean la friolera de unas mil calles al año, ósea 3 diarias.  A este ritmo de crecimiento pues no hay GPS que lo detecte ni turista capaz de callejear sin perderse. Dadas las circunstancias pasamos de ser aventureros, a ser aventureros precavidos, para evitar ser turistas perdidos.

Pero en el centro y parte vieja de la ciudad, uno se enamora de estas calles con su magia y encanto oriental, sus transeúntes, sus vendedores ambulantes, sus limpiabotas, sus típicas tiendas y restaurantes. Solo es rota esta atmosfera embrujadora por los numerosas tiendas de venta al por mayor, cual polígono chino Cobo Callejas de Madrid o tantos otros que proliferan por toda España, aunque aquí estas tiendas no están regentadas por chinos, si no por rusos.

Como dice una guía turística "Estambul es una ciudad para vivirla, es una ciudad que se hace sentir en cada momento y en todas partes". Y hay que vivirla también cuando llega la hora del hambre, después de tanto callejear.  Así que nos refugiamos en el restaurante de un hotelito sin encanto, pero con buena comida y donde nos ofrecieron un tinto más que pasable, aclarándonos que provenía de la ciudad, más bien pueblo, turca de Mürefte, que con apenas tres mil habitantes posee más de 30 bodegas. No entramos en detalles si el vino estaba hecho con uvas bogazkere u okuzgozu, nos contentábamos con que fuese agradable al paladar como así fue.  Declinamos la sugerencia del camarero de terminar la cena con un "raki" turco, bebida alcohólica hecha a base de anís... y en esto y a pesar del islamismo, no difiere mucho de sus vecinos griegos con el ouzu, o de la italianos con la grapa, o de los españoles con el anís, o de los franceses con el pastis, o de los escandinavos con el akuavit.

Regresamos a nuestro hotel, nada turco y mucho americano, encontrándonos en el hall con una música melódica de arpa, tocada maravillosamente por una bella y lánguida mujer de expresión triste. Nos envolvió la música invitándonos a sentarnos y tomar un refrescante "gin tonic" al más puro estilo inglés.

Y como hoy lo hemos pasado en Estambul, mañana toca la historia de Bizancio, los monumentos, palacios, y tantas cosas más, de Constantinopla y si el tiempo lo permite que lo permitirá regresaremos a las mezquitas, a los bazares y zocos de Estambul.


Más Información:

Oficina de Turismo de Turquía

C/ Antonio Maura, 18-2º d.

Tel.: 91 559 70 14

28014 Madrid

www.turismodeturquia.com

turquia@telefonica.net


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