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La Virgen alada del Panecillo


José Bañuls

El Panecillo es una elevación natural enclavada prácticamente en el centro de la ya de por si misma elevada, ciudad de Quito, capital del Ecuador y enclavada prácticamente en la mitad del mundo

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Esta loma del Panecillo llega hasta los 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar y resulta un espectacular mirador natural de la ciudad, desde el que se aprecia a la perfección el entramado urbano de la capital, desde su mismo centro histórico hasta las zonas que se han desarrollado al norte y sur.

Hasta el Panecillo llegamos a primeras horas de la tarde, después de un breve recorrido por empinadísimas callejas, subidos en un confortable minibús de la operadora "degira tour" que nos recogió en nuestro hotel, "Patio Andaluz", situado en las cercanías del Palacio Presidencial. 

El lugar se encuentra coronado por una gigantesca escultura de aluminio de la "Virgen de Quito", popularmente conocida como la "Virgen del Panecillo" y que fue creada por el español Herrán Matorras, basándose en la pequeña imagen esculpida por Bernardo de Legarda, un importante autor representante de la llamada Escuela Quiteña.

El Panecillo ha ocupado, desde que hay constancia, un lugar destacado en la historia de la ciudad y su entorno, al menos desde la época inca hasta la actualidad. Cuando los españoles alcanzaron este asentamiento, de lo que fue la segunda capital del Tahuantinsuyo no encontraron más que ruinas y cenizas, pero notaron de inmediato  que la colina, entonces llamada Shungoloma era un lugar estratégico en el valle del Pichincha, por lo que asentaron la ciudad españolizada de Quito junto a la colina y bautizaron a esta peculiar elevación con el nombre de "Panecillo" por su parecido con un pan pequeño.

El fortín del Panecillo
Los españoles construyeron una fortificación en lo alto de la colina, que era la sede de la guarnición militar quiteña. La fortaleza permitía vigilar el norte y el sur, por lo que estaba provista de cañones. Y desde entonces la historia de esta guarnición no ha parado de ser la protagonista de numerosos enfrentamientos armados, principalmente de los españoles en su lucha con los independentistas de la Gran Colombia, estando este baluarte unas veces en manos de unos y otras en las manos de los contrarios, según los devenires bélicos o políticos o de ambos a la vez.

En una de estas ocasiones, en la que los vencedores resultaron las fuerzas realistas españolas, estos acuñaron una medalla conmemorativa del combate, en donde destacaron el triunfo de las armas de Fernando VII en la colina. La medalla, que algunos lucían como escarapela en el uniforme, muestra un cerro con dos cañones, con una corona real y banderas españolas, con la leyenda: "Vencedor del Panecillo en Quito por Fernando VII".

Pero fue finalmente el general Sucre, el día 25 de mayo de 1822, más concretamente aún, siendo las dos de la tarde, quién obligó a los españoles a arriar su bandera y entregar sus armas, en una ceremonia militar que tuvo como escenario un puente del fortín colonial. De modo que en la cima del Panecillo tuvo lugar el acto final del Imperio español en Ecuador.

La Virgen de Quito
La espectacular imagen de la Virgen Alada, está compuesta por algo más de siete mil cuatrocientas piezas diferentes fabricadas en la capital levantina de Valencia y trasladadas desde España a Ecuador en barco. Su posterior ensamblaje constituyó todo un record, como un gigantesco puzzle, aunque todas y cada una de las piezas se encuentra debidamente numeradas, como se puede apreciar en alguna de ellas.

Con sus 30 metros de altura y 11 más si se suma la base, ocupa el lugar número 58 entre las estatuas más altas del mundo, superado incluso al famoso Cristo Redentor de la ciudad de Río de Janeiro y es la mayor escultura de aluminio en todo el mundo. La obra, inaugurada el 28 de marzo de 1975, es una réplica de la escultura de 30 centímetros de altura realizada en el siglo XVIII por el escultor quiteño Bernardo de Legarda, la cual reposa en el altar mayor de la iglesia de San Francisco, y que está considerada como la obra cumbre de la escultura de la escuela quiteña colonial. 

Bernardo de Legarda era uno de aquellos maestros mestizos que hicieron brillar el arte quiteño de la época. En 1732 fue contratado por los padres franciscanos, quienes deseaban una imagen de la virgen de la Inmaculada Concepción para uno de los retablos de las capillas laterales de la monumental Iglesia de San Francisco que regentaban en la ciudad de Quito. Poniéndose manos a la obra, tomó una pieza de madera de apenas 30 centímetros. 

La imagen tallada por Legarda tenía sus antecedentes en esculturas españolas del siglo XVII, pero entonces era costumbre de los artistas quiteños el enriquecer y barroquizar todo, llenándolo de adornos que representaban la comunión de las culturas indígena y española, así que logró crear una Virgen que casi parecía moverse, graciosa, dinámica y a la vez serena. El detalle tan peculiar de las alas, que no se había visto en ninguna Virgen creada antes, obedecía al pensamiento de Legarda de que si no las ponía, sus santos no podrían llegar al cielo.

La Virgen representaba la Inmaculada Concepción, como era lógico pues ese había sido su encargo; pero también representaba la asunción al cielo, detalle expresado con las alas; y también el triunfo de la iglesia sobre el pecado, representado por la serpiente que es aplastada por la Virgen con sus pies mientras la mantiene atada con una cadena.

La escultura reposa sobre un edificio de cuatro niveles, construido en hormigón y revestido de piedra volcánica; dentro se puede recorrer un pequeño museo en el que se relata la historia del milenario cerro y de la construcción de la escultura. Además, accediendo por este museo se puede llegar a un mirador ubicado en los pies mismos de la Virgen, desde el cual se tiene una privilegiada vista de 180 grados de la ciudad de Quito.

Mirador turístico
Como ya les he contado, y a pesar de haber sido un sitio visitado desde hace muchas generaciones por su espectacular vista, es durante los últimos años, y sobre todo desde que la imagen de la mítica imagen reposa en la cima, que se ha incrementado el nivel de visitantes al centro turístico. Una parte importante de dicho centro turístico es el antiguo aljibe colonial, en donde sin fundamento alguno se ha querido ver un vestigio prehispánico, a pesar de que es evidente que está construido con ladrillos coloniales.

A pesar de eso, se lo ha decorado con motivos indigenistas. Al instalarse la estatua de la Virgen María, el cerro Panecillo adquirió connotaciones religiosas católicas, por lo que en la época de navidad se instala un nacimiento de luces y se realizan actos religiosos  como la Novena. Durante estos primeros años del siglo XXI el Plan de Regeneración impulsado por el municipio de Quito, ha favorecido el surgimiento de restaurantes,  y  cafés para todos los gustos y bolsillos, una pintoresca feria de artesanías,  todo ello vigilado por una policía comunitaria bastante efectiva.

La Virgen del Apocalipsis
Además de su nombre popular de Virgen de El Panecillo, el monumento es también llamado la Virgen de Quito, con el que es conocida por los expertos del mundo y también como Virgen del Apocalipsis; este último nombre basado en el parecido de la imagen con la representación de la mujer que aparece en el libro final de la Biblia católica, por lo que en la base de hormigón se encuentra una placa nombrada "La Mujer del Apocalipsis (Cap 12)" escrita por el Padre Jesús Rigoberto Correa Vázquez, la cual dice:
¿Quién es esta mujer, de sol vestida, reina, de doce estrellas coronada, portentosa señal, airosa, alada, que al firmamento se remonta erguida?
¿Quién es esta mujer engrandecida, que a sus plantas la luna ve postrada, mantiene a la serpiente encadenada y entre todas es la única escogida?
Es María, la Virgen, la esperanza mostrada, en el edén, a cielo y tierra, en quien Dios se encarnó y entró en la historia.
Es la Madre de Dios, flor de la alianza, la mujer fuerte que al infierno aterra, la esclava del Señor, la asunta a gloria.

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