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Fin de Semana

   
   
   
 

Barrio de Santa Cruz


Redacción

No hace falta ir muy lejos. Está situado justo en el centro de la ciudad, y como centro que es, recoge la esencia, la pura esencia de Sevilla. En sus calles y plazas, el visitante que pasee con tranquilidad y parsimonia, tan abiertos los ojos como el alma, contemplará el espíritu de esta ciudad inmortal.

Barrio Barrio Barrio

Santa Cruz es el típico barrio de Sevilla, lleno de todos los tópicos de una ciudad que rezuma de ellos, pero también es cierto que muchos de esos tópicos son ya pura realidad del vivir de la ciudad y de su gente. Santa Cruz es una inmensa postal. La postal de la Giralda, la postal del coche de caballos, la postal con el verde de los árboles o el multicolor de las flores contrastando con el blanco inmaculado de sus paredes, la postal de la reja y de la fuente, donde ésta escribe eternamente el verso sin fin del sonido de sus aguas. Santa Cruz es la postal del flamenco, de los souvenirs colgados en la puerta de la tienda, recorriendo la gama de los tópicos, desde la camiseta de la selección al muñeco vestido de torero y la muñeca de flamenca y ese torito bravo.

Por eso mismo, en Santa Cruz hay que ir más allá, sobrepasar el tópico y buscar el alma del barrio, como la nota perdida de una guitarra. Yo te aconsejo que cuando vengas a Santa Cruz entres despacio, en silencio, para no perturbar tu propia atención, no sea que despiertes a ese aroma de azahar de la primavera en Sevilla, y asustado desaparezca, aunque el nuevo silencio traerá, sin duda, al jazmín o la albahaca que en cada plaza, jardín o balcón tienen su residencia.

 Y contempla a lo lejos a las esbeltas palmeras, mientras deambulas lentamente por el laberinto de plazuelas y callejas,  y no olvides lo que dijo el poeta, cuando al igual que tu, absorto, perdidos sus pensamientos en las alturas de sus copas, las miraba con asombro:

"Las palmeras son tan altas en Sevilla
porque crecieron soñando
que podían ser Giralda".

De pronto, sin darte cuenta, te encontrarás con La Plazuela de Santa Marta, en la que si prestas la debida atención puedes llegar a escuchar los pasos del Tenorio ¿No es verdad, Ángel de amor...? O los de Don Luis Mejía, para un duelo o un lance amoroso, cualquiera de los dos vale. La calle Mateos Gago te conducirá hasta la Plaza de la Alianza y estarás caminando por la antigua judería. Judería sin judíos, ya que en 1391 y tras dos intentos fallidos, finalmente la turba enloquecida por el fundamentalismo, pasó a cuchillo a miles de judíos, hombres, mujeres y niños, cuya sangre, desde entonces, forma parte eterna de este barrio.

Sigue caminando, pregunta y busca la Plaza de Doña Elvira, que se llamó plaza de los caballos, ya que era un lugar donde se domaban los equinos, pero también fue corral de comedias, allá por el siglo XVI. Y de allí pasa al Callejón del Agua, que recibe su nombre por las canalizaciones que permitían el paso de tan vital elemento y que hoy acoge una placa en memoria de Washington Irving, personaje universal, uno más enamorado de Sevilla. 

Los pasos te han ido acercando y ya estás en la Plaza de Santa Cruz, ¡cuanto que ver en tan poco espacio! Y en el centro, mírala, la Cruz, de forja, una maravilla de la artesanía, sueño del herrero que consiguió dominar el hierro, con la ayuda del fuego, sus poderosos brazos y la fe que le inspiró. Arte crucificado, que dijo el experto. Arte de Sevilla, que llena y te ilumina.

Y ya de regreso, como al principio deambulando sin rumbo, pasas por las calles Pimienta y Susona, esta última portadora de una trágica leyenda de amores. Y si te gusta la opera, pregunta por la Plaza de Alfaro, siéntate en la esquina con la calle Rodrigo Caro y estarás bajo el balcón desde el que canta Rosina "Una voce poco fa" en "El barbero de Sevilla". 

Santa Cruz, cuanto embrujo y cuanta magia en este barrio sevillano. Continua como un buen turista y pregunta; en Sevilla siempre te contestan, y aunque las indicaciones no sean siempre las correctas, no importa, da igual, estás en Sevilla, caminas por Santa Cruz y ahora pregunta por la Plaza de Refinadores y sueña con el mito de Don Juan. Ahí lo tienes, esperando su nueva conquista, y para que todo encuadre y no falte un detalle, junto a la iglesia de Los Venerables, un restaurante que no podía tener otro nombre: "La Hostería del Laurel". ¡En ella estáis caballero! Busca la mesa de Don Juan, donde escribe su lista de fechorías. "Por dondequiera que fui, la razón atropellé, la virtud escarnecí, a la justicia burlé y a las mujeres vendí". Mira los rincones, cierra los ojos y... ¡a que lo puedes imaginar!

Barrio de Santa Cruz, donde lo cierto parece irreal y lo irreal se palpa como cierto. Por último, contempla a lo lejos los jardines de Murillo y el monumento a Colón: dos poderosas columnas como el viejo y el nuevo mundo, y un león en su cima, como el espíritu de los aventureros. Pero vuelve por donde entraste, por el Patio de Banderas, por el Callejón de los Suspiros y vuelve a ver a la Giralda. Y suspira. Y guarda las emociones de éste día en ese rincón del alma que sólo tu sabes que existe, así podrás recordarlo cuando sientas necesidad de sentir y el tiempo confunda lo vivido con lo sentido y realmente no sepas si en verdad compraste un souvenir, estuviste comiendo junto a Don Juan y Don Luis, escuchaste el canto de Rosina o viste a la bella Susona, sumida en su trágico amor.


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