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Con nombre propio

   
   
   
 

El Invierno de nuestro descontento


José Bañuls


El

Se acaba el otoño y comienza...
El invierno de nuestro descontento.

Seguramente ni el propio Shakespeare cuando comenzó a escribir su Ricardo III imaginaba que esta frase se convertiría en una de las citas más clásicas de la literatura universal y arquetipo de ese comienzo que todo aprendiz de escritor busca con desesperación cuando se sienta frente al ordenador y quiere iniciar su nuevo trabajo.

En mi caso, y como eterno aprendiz de todo y maestro de nada que soy, no me he resistido a utilizar. Pero esta vez cargado de razones.

Nos acercamos de modo inexorable al que será sin duda, el invierno de nuestro descontento. Y es que objetivamente hablando, pocas razones para estar contentos se vislumbran en el horizonte gris marengo que se dibuja para nuestro país.

Alguien me podrá decir que llevo varias cartas sumido en el pesimismo, pero... en realidad ¿hay motivos de optimismo? Si es así y yo no los veo, no saben cuanto me alegraría que alguno de ustedes me ayudase y me indicase algún motivo para estar optimista, de verdad, se lo agradecería. 

No les voy a insistir con las cifras del paro, 85.000 parados más en el tercer trimestre del año; con que en Cataluña ven una amenaza el vuelo de aviones de combate españoles. ¿Qué pensarán quienes viven cerca de Rota, Morón o Son San Juan?; o que miembros del gobierno autónomo vean imposible a una Cataluña fuera de Europa, pero no fuera de España. Y en mi ciudad, mientras el Alcalde inaugura una avenida a un notario asesinado no se sabe aún por qué mafia, la Secretaria del Ayuntamiento le convoca un pleno "por imperativo legal" para que de cuenta del "presunto uso fraudulento" de los teléfonos móviles realizado por sus ediles con llamadas muy "personales". Aunque para él, para el Alcalde, "La esperanza viene del frío".

Un cordial saludo y, como siempre, les espero el próximo mes.


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