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Naturaleza

   
   
   
 

Inverness, la ciudad del Príncipe y el Dragón


María Adela Díaz Párraga

Inverness, que es la capital extraoficial de las Highlands, es como el paisaje de un cuento de hadas. Su nombre gaélico es "Inbhir Nis", y en ella se refleja toda la belleza espectacular de las tierras altas escocesas, con campiñas casi vírgenes, con lagos tranquilos y ríos turbulentos, donde tienen su morada la trucha y el salmón.

Inverness, Inverness, Inverness,

Tierra por la que corre el ciervo rojo y el guaco, y se remonta el águila en el cielo, tal vez esperando poder encontrar desde lo alto, aquellos antiguos poblados que un día se levantaron en esos lugares. En ellos vivieron hombres que en los más remotos días de la historia, en el siglo VI antes de que naciera Cristo, cazaban y pescaban, construían fuertes, y adoraban con ritos misteriosos a unos dioses desconocidos.

Inverness, es una atractiva ciudad que se vuelca sobre el río Ness, y se estira a la vera del Loch Ness, las enigmáticas aguas, donde dicen que vive un dragón legendario. El río es la morada de gaviotas, con las que hay que llevar mucho cuidado, y de cisnes. Y para que ustedes lo sepan, se dice que todos los cisnes de Gran Bretaña, pertenecen a la reina, por un decreto que se remonta nada menos que al siglo XII. En sus alrededores, están las ruinas del fuerte Craig Phadrig, con unas vistas impresionantes, y que  según cuentan, fue testigo de la visita que hizo St. Columba a Bruce, rey de los pictos. También se levantó por aquellos lugares en los lejanos días del año 1152, el primer castillo de piedra, que perteneció a David Mac Mail Chaluin, el  rey David I. Un castillo que ha inspirado muchas leyendas de fantasmas, y en cuyos muros se balancearon, y no por diversión sino del cuello, cinco soldados rebeldes a la reina Maria Estuardo. Pero esto es otra historia.

Bueno, y ya que hablamos de castillos, tengo que contarles algo del actual, que es bastante reciente, teniendo en cuenta que se construyó en el siglo XIX, en el año 1864 para ser exactos, una mole de arenisca roja, que hoy desempeña el menester de Palacio de Justicia. Pero claro, antes hubo otros. Al castillo, se llega subiendo una empinada callecita que te deja sin aliento, pero que vale la pena, porque señores, desde lo alto, el panorama es algo sencillamente maravilloso, imposible de olvidar. La cinta liquida del río Ness, parte en dos la ciudad; en sus orillas, los antiguos edificios ponen un regusto de viejos sabores, con torres y agujas que escapan al cielo, y es que en los alrededores de esta fortaleza, late el corazón del viejo Inverness. Y delante del castillo, Flora McDonald. Una confiesa que le da su miajilla de pena la estatua femenina, esperando paciente... Aunque ¿saben que les digo?, que no hay porqué compadecerla, a fin de cuentas el amor la hizo inmortal.

Pero déjenme que les cuente algo sobre el príncipe del cuento. Eduardo Luis Felipe Casimiro María Estuardo, el  Bonnie Prince Charlie, como lo llamaban cariñosamente. Había nacido en Italia donde estaba exiliado su padre, y pisó por primera vez Escocia cuando tenía veinticinco años. Si los retratos que se conservan no le han hecho favor, hay que decir que era bastante guapo, así que el hombre tenia todos los requisitos del héroe romántico: Guapo, príncipe y desgraciado. Su estandarte de seda roja y blanca, se alzó en Glenfinne, y fue vencido en Inverness en el año 1746. Flora McDonald, una escocesa enamorada perdidamente del príncipe, le ayudó a huir a Francia disfrazado con sus ropas, cuando las cosas se pusieron mal. Flora esperó en vano el regreso de su amor,  y desde 1899 su estatua espera ver aparecer al príncipe que nunca regresó.

Callejear por la ciudad, es una verdadera delicia. No se sabe cuando termina la historia y cuando empieza la leyenda, y hasta en el aire parece flotar todavía la enigmática presencia de Oliverio Cronwell, de los terribles reyes pictos, del Bonnie Prince Charlie... Hay que llegarse hasta el Exchange, el antiguo mercado; apoyarse en la Clach-Na-Cuddain, la Piedra de las Tinas. Y a lo mejor, al apoyar la mano en ella, sentir el calor de las manos de todas esas mujeres que a través de los siglos, se han apoyado en ella para descansar, cuando acarreaban las tinas llenas de agua. Y tenia su importancia, porque al lado de esta piedra, se fijaban los precios de la harina, se discutían leyes, y hasta las genealogías de las familias. Y cuentan que un viejo adivino profetizó en tiempos pasados, que mientras la piedra existiera, Inverness seguiría prosperando.

Y a poco sensible que sean, notarán un estremecimiento al pasar frente a la Parish Church, en la Church Street. Y es que en el patio de esa iglesia vagan los fantasmas de los prisioneros de la batalla de Culloden, que fueron ejecutados allí. La iglesia, que fue reconstruida en el año 1720, tiene una curiosa torre abovedada, que se remonta al siglo XIV. Bueno, ya que les he hablado de Culloden, sepan que fue una celebre batalla en la que pelearon los jacobitas, partidarios del Bonnie Prince Charles, y los de la casa de Hannover. Y aseguran que en las noches oscuras, se escucha el dulce sonar de una gaita, la del gaitero Cameron, que guía a la batalla a sus guerreros fantasmales. Otro lugar muy interesante, es la Old High Church, una iglesita del siglo XII, dedicada a Santa María, que levantaron los primeros monjes celtas en el monte de San Miguel. Su campanario es del siglo XV, y fue reconstruida en el año 1770.

La verdad es que la mayoría  de los recuerdos históricos, están ligados a algún suceso trágico, porque en la esquina de la calle Church que acabamos de dejar, con  la de Bridge Street, esta la Jail Steeple, con sus casi cuarenta metros de alto. La hicieron al lado de la cárcel vieja, y  tiene en su torre tres campanas de bronce. Debajo de una de ellas, existía una celda pequeña, donde se encerraba a los prisioneros peligrosos. El paso de los siglos, se refleja en el cementerio y en el solitario pilar de piedra arenisca de Friar´s street. Es el único rastro de aquel Dominican Priory, la Escuela de los Dominicos, construida en el año 1233.

Pero donde van a sentir todo el espíritu de Escocia, va a ser en la Town House, en la High Street. Sus maravillosas vidrieras, muestran las armas de los casi legendarios clanes escoceses; además de esto, es un elegante  edificio gótico victoriano, de madera y granito, con unas pinturas bastante buenas. En su primera planta, se alberga un Museo que cuenta toda la historia del Condado de Citrus. En el año 1921, fue el escenario de la primera reunión del Gabinete británico fuera de la capital londinense. Y andando, andando, se llega hasta la Catedral episcopaliana de St. Andrews,  que fue construida en el año 1868, y tienen una pila bautismal muy interesante. Y tienen que ver el complejo del Eden Court Theatre, de líneas modernas, que compadrea con el palacio del obispo Eden. Y está la Main Street, con su gran bagaje histórico, se puede decir que en ella se va pisando el pasado.

Pero me gustaría contarles algo del Crown Hotel, un edificio con toda la solera de sus ciento y pico de años. Al principio, les hablo del año 1880,  no se levantó en su lugar actual, la Seminole Avenue, donde se trasladó unos años mas tarde, y se llamaba Hotel Orange, nombre que cambió en 1954 por el de Hotel Colonial. Cuando lo reformaron en el 1982, volvió a cambiarlo por el actual de Crown Hotel. En la actualidad, es un centro asistencial.

Y... el dragón. Porque señores, ya es hora de que hablemos de Nessie, y de su morada, las aguas profundas del Loch Ness. Además de albergar al mítico personaje, el lago es uno de los mas bellos del mundo, en un paisaje grandioso. Kilómetros y kilómetros bordeando las aguas, esperando ver... ¿qué? La verdad es que la vista se distrae mas de una vez contemplando toda esta belleza, y a los mejor, se les escapa el monstruo. A una, llamarle monstruo a una criatura que responde al dulce nombre de Nessie, le parece muy mal. Además, que el pobre todavía no ha hecho ni bueno ni malo, que se sepa. Según los científicos, debe ser un plesiosauro. Bueno, será el ultimo de  varias generaciones de plesiosauros, porque según cuentan viejos papeles, fue St. Columba el primero en verlo, cuando corría  el año 565, y aunque a una el testimonio de un santo le parece de fiar, desde luego no puede ser que esta tímida y esquiva criatura viva desde entonces. Serán sus descendientes, porque se supone que en una tierra de clanes, también las aguas del Loch Ness pueden albergar al clan de Nessie.

Su primera fotografía, bastante borrosa claro, fue conseguida hace casi ochenta años, y desde entonces los científicos montan guardia, esperando descifrar un poco el transcurrir de Nessie, y sobre todo, conseguir un primer plano del único dragón, que de momento, nos queda en el mundo.

Más Información:
Turismo Británico
www.visitbritain.com 


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