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El Gran Tour

   
   
   
 

Arequipa, histórica y hermosa ciudad blanca


Redacción

Arequipa es la capital y mayor ciudad de la provincia de Arequipa, sede del Tribunal Constitucional, "Capital Jurídica del Perú" y desempeñó en dos ocasiones la función de sede del gobierno peruano en 1835 y en 1886 como capital de la República.

Arequipa, Arequipa, Arequipa,

También conocida como la Ciudad Blanca, es la segunda más poblada del país, alcanzando oficialmente en el año 2012 los 844.407 habitantes. Constituye un importante centro industrial y comercial del Perú y gracias a su notable actividad industrial está catalogada como la segunda ciudad más industrializada del país

Arequipa fue fundada el 15 de agosto de 1540, bajo la denominación de "Villa Hermosa de Nuestra Señora de la Asunta" en nombre del marqués don Francisco de Pizarro y el 22 de setiembre de 1541 el monarca Carlos V, con una Cédula Real ordena que se la llame "Ciudad de Arequipa".

Fue en el periodo virreinal cuando adquirió verdadera importancia, que le fue reconocida por la Corona Española a través de los títulos que se le conceden, tales como el de "Muy Noble y Muy Leal" y el de "Fidelísima", y en la época republicana logró el título de "Heroica ciudad de los libres de Arequipa".

En la historia republicana del Perú el protagonismo de la ciudad de Arequipa es especialmente destacado; fue foco de rebeliones populares, cívicas y democráticas, y ha sido también cuna de muchas sobresalientes figuras intelectuales, políticas y religiosas del país.

El casco histórico de Arequipa se extiende sobre una superficie de 332 hectáreas y fue declarado por la UNESCO como "Patrimonio Cultural de la Humanidad", el patrimonio histórico y monumental que alberga y sus diversos espacios escénicos y culturales la convierten en una ciudad receptora de turismo nacional e internacional, en su casco histórico destaca la arquitectura religiosa virreinal y republicana producto de mezcla de características europeas y autóctonas, que contribuyeron a la denominación de una propia escuela estilística denominada "Escuela arequipeña" de crucial importancia en toda la región.

Centro histórico de Arequipa.
En sus reseñadas 332 hectáreas cuenta con 5.817 haciendas, de las cuales quinientas son inmuebles catalogados como Patrimonio, fueron construidos generalmente en el siglo XIX, sobre el sitio de edificios coloniales anteriores, destruidos por el terremoto de 1868. Las casonas, generalmente hechas en sillar, se caracterizan por sus arcos semi-circulares y sus techos en bóveda. Las estructuras de sillar poseen siempre los muros gruesos: entre un metro y metro y medio para las viviendas y de más de dos metros para las iglesias. Gracias a la utilización de mortero de cal, los muros se muestran homogéneos, imagen que se refuerza con las bóvedas de ladrillo o de sillar que se justifican en la rareza de la madera.

Entre arquitectura civil, militar y religiosa catalogadas como patrimonio, destacan especialmente los edificios civiles de la Casa Moral, La Casa de Tristán del Pozo, La Casa de Irriberry, El Palacio de Goyeneche y La Mansión del Fundador. Respecto a la arquitectura religiosa tiene singular importancia "El monasterio de Santa Catalina" (el más significativo e impresionante monumento religioso del Perú), y La iglesia de la Compañía de Jesús y sus claustros, fundada por los jesuitas en el siglo XVII, (que a veces alberga diferentes eventos culturales y de moda), "La iglesia y convento de la Merced", "El conjunto arquitectónico colonial San Francisco" del s. XVI, "El convento Franciscano La Recoleta", y en lo que refiere a la arquitectura militar destacan "El Fundo El Fierro" y "La Cárcel".

El sillar, ha tenido una presencia gravitante en la región Arequipeña, desde el uso casi mágico por las culturas preincaicas hasta la actualidad. Los primitivos pobladores de la región lo emplearon para dejar petroglifos y pictogramas. El protagonismo del sillar se inicia en el último tercio del s.XVI. Esta piedra volcánica, blanca o excepcionalmente rosada, blanda, ligera, térmica, estética y resistente a la intemperie, surgió como solución estructural antisísmica. El sillar no se pudo aprovechar los primeros años, salvo para las portadas de la iglesia mayor y de algunas viviendas. 

La Arequipa original se construyó con adobe, cal y canto, techos de palos y paja, o bien con adobe de barro. Casas de este tipo se hicieron hasta el siglo XIX y fueron frecuentes en el siglo XVIII, algunas subsisten en el primitivo barrio de San Lázaro.

Más tarde aparecieron el ladrillo y la teja, ejemplos de ellas se encuentran en el Monasterio de Santa Catalina. El cataclismo de 1582 liquidó esta suerte de construcción y planteó la reconstrucción antisísmica. Apareció entonces el sillar como la solución estructural privilegiada.

Gastronomía de Arequipa.
Y ahora pasando a temas menos trascendentales, paro tanto o más importantes para el visitante actual de Arequipa, hay que destacar que la ciudad posee la mayor diversidad de platos registrados respecto a otras localidades del Perú, pues en ella se han contabilizado hasta 194 variedades de platos típicos.

La gastronomía local, por otra parte algo habitual en todo Perú, sobresale por el uso de condimentos y formas de preparación tanto andinas como introducidas por los europeos, esto debido a que muchos platos fueron creados para satisfacer los gustos de los españoles, comerciantes, militares y sacerdotes que se establecían en Arequipa.

La costumbres gastronómicas se caracterizan por presentar una marcada dieta para cada día de la semana, de este hecho se desprende, y esto si es una peculiaridad autóctona, que en la mayoría de restaurantes y picanterías se acostumbra a preparar los lunes: Chaque; martes: Chairo; miércoles: Chochoca; jueves: Chupe colorado o chuño; viernes: Chupe de Viernes; sábado: Puchero o Timpusca y finalmente el domingo: Caldo blanco o Pebre de lomos. Esta usanza obedece a un contexto global en donde la alimentación tiene horarios fijos y establecidos y que son respetados por la población y por la mayoría de restaurantes y picanterías de la ciudad y que se traslada a la disponibilidad de ingredientes específicos en los mercados locales para satisfacer la demanda acorde al día de la semana.

Por otra parte y fuera de este rígido menú, entre los platos más conocidos encontramos el Chupe de camarones, la Ocopa arequipeña, el Rocoto relleno (un plato picante en el que el rocoto, especie de pimiento o ají, se rellena a base de carne picada, olivas, guisantes y queso fresco, todo ello aderezado con comino y perejil picado), el Adobo arequipeño (carne de cerdo marinada en especias y verduras, la cual se cuece en una olla de barro hasta que se vuelve tierna. Se acompaña con pan de tres cachetes que sirve para mojar en la salsa), el Soltero de queso, el Pastel de papas, el Costillar frito, Cuy chactado (Se trata de un cuy ´conejillo de indias´ frito en abundante aceite bajo una piedra que hace las veces de tapa. Se suele acompañar con papas hervidas, maíz, etc. Es un plato fuertemente condimentado y tiene como una de sus características distintivas el hecho de que el animal es presentado entero en el plato), Cauche de queso, y el Locro de pecho, por mencionar solo algunos.

Como postre se recomienda el Queso helado, los Buñuelos, chocolates y especialmente, los dulces del convento. Y para beber, además de la Chicha de jora, es de gran calidad la cerveza y el anís de la región.


Monasterio de Santa Catalina de Siena
Una pequeña ciudad

Fundado el 10 de septiembre de 1579 por un acuerdo entre el Cabildo Justicia y Regimiento de Arequipa y el Obispado del Cusco y gracias a la donación de los bienes de doña María de Guzmán, viuda de don Diego Hernández de Mendoza. Ella fue la primera priora del monasterio, cargo que ejerció durante los seis primeros años de funcionamiento, contados a partir del 2 de octubre de 1580 en que pronunció sus votos religiosos.

Este convento, con sus 20.426 m2, "es una pequeña ciudad dentro de la ciudad", con sus estrechas callejas, -hay que destacar las de Burgos, Granada, Toledo y Sevilla-, pequeñas plazuelas llenas de árboles, bellos patios y hasta un cementerio. Hoy es visita obligada para los amantes del arte y, también, de la fotografía, por su enorme atractivo visual.

En él ingresaban las mujeres que así lo deseaban, aunque en el documento de fundación señalaban que debían ser mujeres españolas. Debían dar una dote de mil pesos de plata contrastada y marcada y cien pesos corrientes para alimentos. A mediados del siglo XVIII la población se componía de cincuenta y siete religiosas de velo negro, dieciocho de velo blanco, cincuenta y un donadas y doscientas doncellas y seglares de servicio.

Su construcción como ciudadela se realizó paulatinamente, sobre los cuatro solares que adquirió el Cabildo en 1568 para un monasterio de mojas que debía llamarse de Nuestra Señora de Gracia y que no funcionó. El monasterio de Santa Catalina es un muestrario de cuatro siglos de arquitectura arequipeña. Al parecer las celdas intrusas que forman la ciudadela comenzaron a construirse tras los terremotos que destruyeron los anteriores asentamientos casi completamente en el año 1600 (19 de febrero), y con la erupción del volcán Huaynaputina. Los padres o familiares de las religiosas hicieron reconstruir los lugares de vida de sus hijas, y por ello, entre los siglos XVII y XIX las religiosas dispusieron libremente de la venta de sus celdas a otras religiosas. El primer caso documentado de esta venta fue el que realizó Sor Ana Zegarra que vendió su celda en 50 pesos a la religiosa Ginesa Mendoza en 1631.

Destruido con los terremotos que afectaron a Arequipa, fue reconstruido innumerables veces, utilizando sus restos. Diversos obispos, entre ellos Juan de Almoguera hicieron construir diversos entornos del monasterio. En el tiempo en el que se dio la mayor población en este convento, vivieron en él alrededor de 500 mujeres de las cuales solo 180 eran religiosas, el resto lo componían las doncellas que servían a las religiosas, las niñas que vivían allí como educandas, como en un internado, y las refugiadas que se permitían en el convento por derecho de asilo.

En el interior del convento se puede apreciar el claustro de la beata Sor Ana de los ángeles Monteagudo quien fue beatificada en la visita del Pontífice Juan Pablo II en 1985, gracias a su ejemplar vida conventual y a la atribución de algunos milagros. Uno de ellos aprobado por la Iglesia, fue una curación de un cáncer uterino verificado en el primer tercio del siglo pasado. La favorecida, doña María Vera de Jarrín, vivió más treinta años después del prodigio.

Más Información: 
Embajada del Perú en España. 
C/ Príncipe de Vergara, 36-5º D 
Tel.: 91 431 42 42 
28001 Madrid 
lepru@embajadaperu.es 

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