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Aventura

   
   
   
 

Parque Nacional El Cajas. Ecuador


José Bañuls

El Parque Nacional El Cajas, uno de los ecosistemas privilegiados de Ecuador ofrece a sus visitantes sobe una extensión de más de 28.500 hectáreas un paraje lacustre subalpino de extraordinaria y sobrecogedora belleza.

Parque Parque Parque

Sobrecogedora Naturaleza Virgen
El viajero que llega hasta las lejanas tierras de Ecuador debe saber que se encontrará con un país de contrastes, de muchos contrastes. Desde las grandes diferencias económicas a las aún más grandes diferencias paisajísticas. Desde las extensas playas de Costa Esmeralda o Guayaquil a las altas cumbres que componen la increíble Avenida de los Volcanes, y punto y aparte merecen sin duda alguna las misteriosas Islas Galápagos, culminación del turismo de naturaleza.

Pues bien, en esta ocasión me desplazo hasta las alturas y les voy a hablar de mi experiencia en el singular paraje del Parque Nacional El Cajas, lugar hasta donde llegué tras una larga jornada que comenzó a primeras horas de la mañana en la cosmopolita y costera ciudad de Guayaquil, con una temperatura de 37º C y una humedad del 90 % y que acabó en El Cajas, a más de 4.000 metros de altitud sobre el nivel de Océano Pacífico, con una temperatura de 7º C y una humedad inferior al 10%. Tales variaciones de temperatura, humedad y altitud en el transcurso de una mañana, dejan una ligera huella en los cuerpos de quienes las sufren, pero les aseguro que mereció la pena.

Abandonamos Guayaquil y nuestro minibús tomó dirección a Cuenca utilizando para ello la Vía Colectora E-582 que al parecer es la mejor opción. La carretera tiene tramos muy desiguales que van desde poco más que un camino de tierra hasta algo muy parecido a una autovía, pero estas singularidades hacen del recorrido toda una experiencia, con la posibilidad de realizar varias paradas en pequeñas localidades donde se puede y debe bajar a estirar las piernas y a realizar algunas compras en los coloridos mercados locales, especialmente algunas frutas para acompañar el camino (foto 3).

Tras varias horas de transito la carretera se adentra y escalas empinadas cuestas y poco a poco el paisaje va experimentando un cambio sustancial. La altura hace que los árboles vayan desapareciendo dejando en su lugar al páramo salpicado aquí y allá de lagunas y rocas. Un puesto de control nos confirma que ya nos encontramos dentro del Parque Nacional y que debemos cuidar todo nuestro contacto con la naturaleza. Este sector norte del Parque es abundante en lagunas y senderos para andarines avezados, pues ya nos encontramos a unos 4.000 metros de altitud y cualquier esfuerzo físico, a estas alturas resulta algo más costoso, especialmente si hace unos horas estabas a nivel del mar.

Ya en el corazón del Parque, que es como decir en el Corazón de los Andes, realizamos una parada en el Centro Administrativo y de Información La Toreadora, situado junto a la laguna del mismo nombre (foto 1). Aquí unos guías oficiales acompañan a los senderistas que desean adentrarse por los senderos que serpentean entre lagunas. El Centro de Interpretación muestra a los visitantes las características más importantes del lugar, así como datos físicos y geológicos, al igual que información sobre la flora y la fauna del lugar. En los alrededores abundan hermosos ejemplares de Chuquiraga Jussieui o Flor de los Andes (foto 2), el arbusto más extendido en el Parque.

Aprovechando el descanso, los fumadores encienden un cigarrillo y comprueban de primera mano, que la escasez de oxigeno se aprecia hasta en el lento arder del pitillo.

Un poco de información del Parque
Dentro del marco fundamental de un ecosistema de páramo, existen en las 28.500 hectáreas de extensión del Parque, 232 lagunas bien definidas ubicadas sobre sus extensos valles; entre las más importantes están Lagartococha, Osohuaycu, Mamamag ó Taitachungo, Quinoascocha, la ya mencionada de La Toreadora, la Sunincocha, Cascarillas, Ventanas y Tinguishcocha. Esta gran cantidad de lagunas regula y conserva a los riachuelos de la zona a través de su drenaje; ríos como el Tomebamba, el Mazán, el Yanuncay y el Migüir nacen en el Cajas y abastecen de agua potable a la cercana ciudad de Cuenca, capital del Azuay; y son, a la vez, principales abastecedores del Complejo Hidroeléctrico Paute, que provee de electricidad a casi todo el país.

En el límite oriental del parque encontramos vegetación de bosque pluvial subalpino, compuesto principalmente por especies arbóreas y arbustos con gran diversidad de orquídeas, helechos y musgos. Se destaca la formación de bosque de Polylepis, qiwuña, "quinoa" o "árbol de papel", el cual tiene entre 8 y 10 m de altura, y crece a la orilla de las lagunas o quebradas y en los lugares más rocosos y es la única especie de árbol que sobrevive por encima de los 4.000 metros de altitud.

La fauna del Cajas es variada y entre ella, aunque yo no tuve la fortuna de contemplarla me aseguran que se encuentran venados de cola blanca, oso de anteojos, puma, ocelotes, venados del páramo, conejos de páramo y el tapir andino. Las aves más importantes son el caracara, el cóndor, el tucán andino, patos y colibríes. El ratón de agua de Cajas es una especie endémica de parque. Lo que si tuve ocasión de ver y degustar fueron las famosas truchas asalmonadas que pueblan sus lagunas, y que deliciosamente preparadas resultaron un espléndido festín para culminar un dura día de caminatas y traqueteos.

El Parque de Cajas fue creado el 4 de julio de 1977 y fue convertido en Parque Nacional el 11 de mayo de 1996. Entre sus primeros visitantes ilustres, hay que destacar a Alexander von Humboldt, que visitó la zona y la describió hacia el 1878.

Y después del mencionado almuerzo a base de hermosas y sabrosas truchas, retomamos nuestra ruta y tras recorrer alrededor de una hora de camino, nos encontramos en la ciudad de Cuenca, más propiamente llamada Santa Ana de los Ríos de Cuenca. Ciudad que dejó en quien esto les cuenta una gran y grata impresión.

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