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Naturaleza

   
   
   
 

Iona, la isla santa


María Adela Díaz Párraga

Iona es una islita preciosa en el archipiélago de las Hébridas, en tierras de Escocia y estuvo habitada desde los remotos días de la Edad del Hierro. Su nombre gaélico es Chaluim Chille, la Isla de Cikm Cille, príncipe y sacerdote irlandés, al que se conoce como St. Columba. Un lugar relajante, con aire puro, cristalinas aguas verdiazules, y playas de arenas blancas; este lugar es el reino de las gaviotas salvajes, la naturaleza en todo su esplendor, con una luz tan gloriosa, que durante siglos ha enamorado a pintores y poetas.

Iona, Iona, Iona,

La mejor manera de llegar para disfrutas de su paisaje desde el mar, es en ferry, y les aconsejo que no se lleven el coche, porque pasear por la isla, es una gozada. En  ella se respira un ambiente muy especial, y es que a pesar de su claridad, Iona, la isla religiosa, tiene un halo de misterio y de romanticismo, tal vez porque durante siglos ha sido el cementerio de los reyes y los jefes de los clanes de Dalriada, qua si se llamaba Escocia. Y es que según aseguraba el propio Shakespeare, en ella están enterrados hasta los legendarios  Macbeth y Duncan I de Escocia. Dicen que hay cerca de cincuenta tumbas, y todavía pueden ustedes ver el cementerio al lado de la Abadía.

Es la isla santa, la cuna del catolicismo escocés, desde que en los lejanos días del año 563, St Columba, el santo de los celtas, llegó desde Irlanda y fundó en ella una comunidad religiosa  con solo doce discípulos. Y allí levantó su abadía, una de las más antiguas y emblemáticas de toda Europa; un edificio que a lo largo de los siglos ha tenido que  soportar ataques y destrucciones, sobre todo de los temibles vikingos, que en el año 806 lanzaron una de sus mas feroces embestidas, destruyeron la abadía y mataron a todos los monjes. Este trágico suceso, se recuerda en el  monumento que años después, se levantó en la preciosa Bahía de los Mártires.

A primeros del siglo XIII, se fundó el Convento de las Monjas de Iona, y Beatrice, la hija del famoso Somerled, el Señor de las Islas, se convirtió en la primera priora. Al convento le llamaban Dhubh Eaglais, o La Iglesia Negra, por el color de los hábitos de las monjas Hoy solo quedan ruinas, porque no se ha recuperado, pero sus paredes de granito rosa, rodeadas por unos jardines que tienen el aroma de los siglos, dan fe de la importancia que el convento tuvo en los tiempos pasados.

Como les decía, la abadía ha ido renaciendo siempre, se reconstruyó en el año 1203, y se mantuvo firme hasta la Reforma Protestante en que la destruyeron por completo, pero en el 1938 la volvieron a levantar tal como era, y hoy afortunadamente, se puede ver lo que soñó St. Columba al levantarla. De sus paredes salieron grandes obras escritas por los monjes, como el "Libro de Kolls", un manuscrito ilustrado de últimos del siglo VIII, o la "Crónica de Irlanda", del año 740.

La verdad es que es que la abadía presenta una estampa impresionante, como de conseja antigua, en medio de una campiña suave, llena de césped y de flores. Por dentro mantiene una belleza secular, con un maravilloso claustro; la capilla más antigua es la de San Oban, del año 1080. Haciendo guardia ante el monasterio-catedral, escapándose hacia el cielo, una severa cruz, la de San Martin, del siglo X. Bueno, las  cruces celtas se las van a encontrar a montones salpicando toda esta tierra.

La isla está cubierta de bellas casas, de tiendecitas, de granjas, y de otras muchas cosas muy interesantes. Tienen que ir a ver la Casa del Obispo, que es una delicia, llegarse  a la Bahía de los Mártires que antes les mentaba, que tiene  una playa preciosa. Fíjense si será un lugar lleno de encanto, que en ella levantó su casa de verano el escritor Robert Louis Stevenson. Y hay un paseo marítimo, jalonado de pequeñas tiendas antigüedades, y como corresponde a un lugar de mar, tiendas de objetos náuticos y de pesca. Y  de artesanía, o de preciosas cerámicas, que tienen por aquí una gran tradición. Como recuerdo, o para regalar, se pueden llevar alguna joya celta, o cositas de punto, corales, y algo que no pueden dejar de comprar, una botella, o las que hagan falta, del pecaminoso whisky escocés.

¡Ah!, tienen que hacer parada en el Argyll, un hotelito frente al mar, que se remonta nada menos que al año 1867. Su primitivo propietario, John Mac Donald, convirtió su casa en un hotel, haciendo dos pisos, y para ello el hombre, que a lo que se ve era bastante avispado, utilizaba las piedras del derruido convento de las monjas. Hasta que el duque de Argyll se dio cuenta de sus tejemanejes, y muy indignado, le mando una carta en la que le decía que "renunciara al uso de la Casa de las Monjas como su cantera particular". Una no sabe si el escocés hizo caso o no, pero lo cierto es que en 1867, se alojaban en el  los primeros huéspedes. Y hasta ahora no han dejado de llegar.

En Iona hay muchas cosas por hacer. Que usted es deportista, bueno, pues aquí son los dominios del golf, hay un buen campo con 18 hoyos. Bueno, no esperen ustedes un club elegante, con salones y socios, no, es un campo al estilo antiguo, que se extiende a lo largo de  los verdes prados. Que le gusta navegar, pues lo va a pasar maravillosamente, porque puede hacerlo en un velero, en botes de remo, salir a explorar los islotes y las bahías escondidas. O llegarse hasta la vecina isla de Staffa, un lugar alucinante, que inspiro a Mendelssohn su famosa obra "Hébridas". La isla tiene unas singulares  formaciones basálticas, donde los elementos, el aire y el agua, han ido tallando hermosas columnas, que jamás podría realizar  la mano del hombre.

Y sepan que hay vida nocturna en Iona, que tal vez no sea a lo que estamos acostumbrados, pero por eso puede resultar mas interesante. En las noches de verano, cuando la luna resplandece en todo su esplendor, es una gozada salir a paseare. Hacer parada en Bibthwawe, un restaurante que abrió sus puertas en el año 2009. Sus propietarios son John, un pescador de la isla, y Carla, que les puedo asegurar que es una de las mejores cocineras que puedan encontrar. En él podrán saborear los exquisitos  pescados y mariscos que colean en esas aguas. También puede dejarse caer por el Jeek Riw, un bar a la antigua usanza, con suelos de madera, paredes de granito, fuegos de carbón, y hasta una mesa de billar. Se van a encontrar con una comida bastante aceptable y una reconfortante cerveza.

Hay otra cosa que quiero decirles, y es que si se deciden a visitar Iona al año que viene, se van a encontrar con rumbosas celebraciones, ya que se cumple casi  siglo y medio de la llegada  de St. Columba, y ya están preparando un montón de  eventos.

MAS INFORMACION
www.visitbritain.com


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