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Aventura

   
   
   
 

Hong Kong, Milenaria y Misteriosa


María Adela Díaz Párraga

Maridaje de oriente y occidente, una mezcolanza explosiva de antiguo y moderno, un parloteo imparable, mezcla de chino e ingles. Una piensa, que en ningún otro lugar del mundo se pueden encontrar contrastes tan acusados. Es lo que la gente conoce como Hong-Kong, pero que en realidad es además de la isla de Hong-Kong, la península de Kowloon, los Nuevos Territorios y 235 islas.

Hong Hong Hong

Para conocerla, una piensa que se debe empezar por la isla. Por la casi legendaria Hong-Kong, a la que llaman "el puerto del mundo". Dicen, que en ella se establecieron los mercaderes británicos en el año 1841, pero sus raíces son mucho mas viejas.  Tres siglos antes de que naciera Cristo, estaban desperdigadas por sus alrededores comunidades de  campesinos y pescadores, y sus descendientes mantienen vivas sus arcaicas creencias y tradiciones que, digan lo que quieran, mandan de una forma sutil pero firme, en la cosmopolita ciudad. Como esa pasión que los chinos sienten por los pájaros, que hasta los premian por su buen canto. O por los peces de colores, talismán infalible contra las influencias malignas que acechan a las gentes, a sus casas, e incluso a sus negocios. Así que no se extrañen de verlos por todos sitios. Lo mismo que los atemorizadores leones de piedra, protectores contra lo caprichos de la loca fortuna. Y a una le han asegurado, que desde las profundidades de las montañas donde vive el Rey Dragón, escapan las buenas y malas vibraciones, recorriendo las entrañas de la tierra, e  influyendo en sus moradores.

La ciudad se cobija al amparo de las montañas, abriendo de pronto su magia hacia el puerto Victoria, donde cabecean los barcos. Salpicándola, torres deslumbrantes que cobijan centros de negocios, y que fueron diseñadas por hombres que entienden de las buenas y malas influencias de los vientos y el agua. En el mismo centro de la ciudad, un templo budista ofrece su señuelo de paz y quietud; el brillo de los bastoncillos que arden ante el altar, llena el aire de luminosas partículas de polvo. Los adivinos agitan con solemne misterio los palillos de la fortuna en un recipiente de bambú, hasta que de pronto, alguno cae al suelo, revelando el destino de algún mortal. De vez en vez, entra un apresurado ejecutivo, que acorta el paso al sumergirse en la penumbra. Después sale otra vez rápidamente, camino de lo que se considera el clásico almuerzo de los hombres de negocios, el "conges"; un plato de arroz con carne y gambas. Pegado a las ropas, lleva todavía el olor a incienso del templo.

Pero cuando es una gozada pasear por las calles, es en las primeras horas de la mañana, cuando jóvenes y viejos practican el tai chi, elegante arte que crea una atmósfera casi irreal. Los tranvías de dos pisos cortan el hechizo con su marcha trepidante, algunos de ellos ofrecen unas excursiones la mar de interesantes, de un lado a otro de la isla. Y hay uno, deliciosamente decimonónico, que está en funcionamiento desde el año 1888, y hace su recorrido desde el distrito central al pico Victoria, que presume con sus casi cuatrocientos metros. Desde las alturas, la ciudad se extiende como un tapiz multicolor, cortado por la línea brillante del mar del sur de China, y al fondo, muy al fondo, aguzando la vista, los Nuevos Territorios.

En Victoria Barracks está el Museo de Porcelana, que es el más antiguo del Hong-Kong occidental. En él se guardan los más delicados objetos de porcelana que puedan soñar, algunos de ellos se remontan al siglo VII. Pero si de verdad les interesan las antigüedades, tienen que llegarse hasta Cat Street o Hollywood Road, porque allí van a encontrar las tiendas de los anticuarios mas elegantes... y las mas caras. Porcelanas,  muebles de palo rosa y ébano... Pero hablando de tiendas, hay dos lugares muy interesantes y completamente diferentes, que son parada obligada. Uno se llama el Cabaret del Pobre, y es un mercado nocturno al aire libre, cuajado de tenderetes iluminados que ofrecen de todo al visitante, desde ropa a comida, pasando por los "kechan", o la oportunidad de que te digan la buenaventura. El otro es mucho mas chic, me refiero claro, a  Causeway Bay, lleno de grandes almacenes y pequeñas tiendas, entre las que no faltan las de medicina china. Restaurantes y cines, que lo convierten en un lugar muy concurrido. Y hay que pasar por los jardines Boon Haw, que fueron el sueño de Aw Boon Haw, allá por el año  1935. En ellos verán cosas la mar de insólitas, como una colección de estatuas que representan las más grotescas criaturas de la mitologia china.

En Hong-Kong nadie se siente defraudado, hay ocio para todos los gustos, golf, tenis, cruceros por el puerto y las islas, el hipódromo del Valle Feliz, y en el mismo centro de la ciudad, los maravillosos jardines botánicos, con su exótica flora y fauna. O el Parque Marítimo, que aposenta mas de trescientas especies de peces, un lugar muy divertido, con espect*culos de salto de trampolín, de delfines, toboganes de agua... A una media hora del distrito central, está el Stanley Market, un lugar con gangas fabulosas. Vaqueros de marca, ropas deportivas, mimbres y porcelanas,  y mil cosas mas.  Y muy cerca, ofreciendo la tentación de un chapuzón en sus aguas transparentes, la playa de Stanley. O la de Sek. O la Repulse Bay, con sus enormes estatuas de Tin Hai, la diosa del mar, y de Kwun Yu, la diosa de la misericordia. Las diosas reinan en esta playa, la más popular y asequible de la isla de Hong-Kong.

Aventurándose en el interior, se encuentra una con las inescrutables aldeas amuralladas, con sociedades secretas que mantienen antiguos estilos de vida. Y aunque están a dos pasos de la ciudad, llegar a ellas es como atravesar la barrera de los siglos.

LOS NUEVOS TERRITORIOS
Si se deciden a subir al Tai Mo Shan, el pico mas alto de Hong-Kong, podrían  vislumbrar los Nuevos Territorios, a caballo entre el ayer y el hoy. Las aldeas amuralladas, aparecen ya a cada paso. Tang Clan, la fundaron cantoneses y hakkas durante  la dinastía Sung en el año 960. Esto, señores, es ya la China milenaria. Todavía se ven como una cosa habitual, los tradicionales y complicados ropajes de los hakkas, tal como eran hace siglos. Tiendas y casas de bella arquitectura, con artesanía y cerámica típicas,  que evocan una época de antiguo esplendor. La aldea amurallada Kam Tin, del siglo XIV, todavía está rodeada por completo de muros de ladrillos, que hicieron en aquellos lejanos días para protegerla del asalto de los bandidos y piratas. Y en el corazón de los Nuevos Territorios,  la magia del mercado de Fanling Luen Wo. Dentro de estos caminos insólitos, está la ciudad Lau Fau Sahn, construida sobre conchas de ostras vacías, materialmente rodeada de enormes capas de estos moluscos, que le han dado muy buena fama desde los tiempos mas remotos.

Campos de golf, club deportivo, el hipódromo de Shatín, y cerca de la estación de ferrocarril de Shatín, el Templo de los Diez Mil Budas, al que llega el que se atreve a subir sus 432 escalones. Pero vale la pena, que arriba le esperan las 12.300 estatuas de Buda, una pagoda de nueve pisos y un santo momificado, embalsamado en hojas de oro. Estas cosas, señores, solo son posibles en la legendaria China. Monasterios y templos salpican el suelo, bellísimos todos. Chuck Lum In Yuen, significa Monasterio del Bosque de Bambú, y se llama así, porque al principio era solo una humilde barraca de bambú. Y ahí esta ahora, dando albergue a tres monumentales Budas, los mayores de todo Hong-Kong. En el monasterio Miu Fat, hay que hacer parada y fonda, porque además de una paz casi increíble, se van a encontrar un magnifico almuerzo vegetariano, que preparan los monjes budistas. Pero donde se van a quedar con la boca abierta, es en el templo taoísta Ching Cheng Koon, o de los Pinos Verdes, que guarda cosas maravillosas. Unas linternas de más de doscientos años, un sello de jade de hace mil, los Guardianas de Piedra, que esculpieron en Pekín, hace trescientos años, y una gran colección de bonsáis. Estar por aquí y  y no subir al mirador Lok Ma Chan, es casi un pecado. Desde lo alto de la colina es como si miraras una vieja pintura, con los campos de arroz, el río Shenzhen, las granjas de patos, esos maravillosos patos de la suerte, regalo rumboso en las bodas, y mas alla, todo el embrujo de China.

LA PENINSULA DE KOWLOON
Casi sin darse cuenta, llega una a la península de Kowloon, que se extiende perezosa en las costas del Mar de China. Abierta desde siglos a los sabores del mundo, acoge a los más variados, entre los que no faltan los occidentales. Jalonando la orilla del mar, está Tsin She Tsui East, cuajada de los nuevos hoteles, centros comerciales, bares y cabarets. Y la tentadora posibilidad de realizar románticos paseos por el puerto, en un junco chino o en un ferry con aire acondicionado, según sea usted de aventurero. Ligada al mar está Lye Sue Mun, una aldea que se conoce como La Boca de los Mares de Hong-Kong, a la que acuden las gentes al olisque de sus mariscos, los mas frescos que se puedan imaginar. Usted los elige y el restaurante se los prepara al estilo  cantonés, que con perdón de los exquisitos, están para chuparse los dedos.

También en la península existen esas deliciosas y decadentes aldeas, donde pueden perderse en las brumas de la historia. Hay una, de la dinastía Sung, que tiene mas de mil años, donde se puede presenciar el arte  marcial del kung-fu, y misteriosas ceremonias tradicionales que nos transportan a la China de los mandarines. Después de esas experiencias tan excitantes, una visita al Mercado del Jade les resultará la mar de relajante Todos los días, desde las diez de la mañana a las cuatro de la tarde, el cruce de Kan Su Street y Reclamation Street, se convierte en un quimérico mercado de jade al aire libre. Se pueden comprar piedras de todos colores, de cualquier calidad, de todos los precios, porque allí van a encontrar desde  los más asequibles hasta los más prohibitivos.

Pero si usted es jugador, una le aconsejaría una visita al templo Wong Tang Sing, y si no lo es, también, porque según cuentan, la diosa dueña de ese templo regala buenos pronósticos para las carreras de caballos. Los  alrededores están llenos de tenderetes que venden polvos aromáticos, y hasta pueden encontrar un adivino si les interesa. No se pierdan una visita al Museo de la Historia, el Centro Islámico, o el Museo Espacial, uno de los planetarios mas modernos del mundo, y que además tiene un teatro aéreo, que hará  que se sientan como flotando en el espacio.

LAS ISLAS
Y por fin ha llegado el momento de acercarse hasta las 235 islas. Bueno, no a todas, claro, pero si a algunas de ellas. Siguen habitándolas comunidades campesinas que no  han cambiado en el correr de los siglos. Aldeas de pescadores, donde se puede disfrutar de un almuerzo chino, sencillo y tradicional. Para llegar, sólo tienen que tomar el ferry desde Hong-Kong o Kowloon, que les llevará a cualquiera de ellas. Costas solitarias, playas tranquilas, pintorescos restaurantes, monasterios budistas, que te ofrecen alojamiento en un ambiente rodeado de paz. Esto es lo que van a encontrar en las islas. La mas importante es Lamma, a la que llegan desde Hong-Kong en barco, en poco mas de media hora. Sus ciudades mas importantes son Yung Shue Wan y Sok Kwu Wan, y para que lo sepan, lo que les ha dado fama a las dos, son sus afrodisíacos mariscos.

Cheung Chau, es una islita pequeña en la que no pueden entrar los coches. Fabrican tallarines, construyen barcos, elaboran la pasta de gambas, y tiene el aliciente del Festival Run, en la primavera. Y muchas playas, y templos. El más importante es el Templo Pak Tai o Espiritu del Norte, que levantaron en el año 1783; en él se guardan  objetos llenos de historia, hasta una espada que forjaron en la dinastía Sung. Peng Chau, es una diminuta aldea de pescadores, donde florecen en todo su esplendor las pequeñas industrias rurales, sobre todo el mimbre. El monasterio Po Ling, se aposenta en la meseta Ngong Ping, y guarda tres soberbias estatuas de Buda. ¡Ah!, y se puede dormir en el, y ponerse como un rey con una comida vegetariana muy sana, y además presenciar la mágica salida del sol.

Lantau, tiene la playa Chung Sha, con unas arenas blanquísimas; y por sus aguas, lisas como un espejo, se deslizan los juncos como hace  cientos de años. El fuerte Tung Chung se remonta al año 1817, y en él se refugió el ejercito chino al principio de la guerra contra los europeos; todavía se pueden usar los cañones de las murallas. Pero la ciudad mas importante es Silvermine Bay, a la que también llaman Muy Wo. A un paso del ferry, se encuentra ya la playa, y sugestivas marisquerías, y una pequeña aldea de pescadores, Tai Ho, que se levanta sobre pilotes encima del río, y que durante siglos ha explotado unas salinas.

COMER...
Enormes restaurantes flotantes en Aberdeen, diminutos sampanes que se mecen en la bahía de Causeway, los Dai Pai Dong, los kioscos al aire libre... A la mesa de cualquiera de ellos, llegan humeantes un plato tras otro. Pato lacado, anguila al vino, sopa mogol o de aleta de tiburón. La dulce y colorista cocina cantonesa, es famosa por su pastelería. Pastelillos hervidos rellenos con carne, pasta dulce o conservas. Almendras, enrollados fritos y el pecaminoso abanico de las tartas. La memorable aventura de la cocina de Szechwan, con sus platitos calientes muy condimentados, cubiertos la mayoría de ajíes colorados. La salada cocina de Shanghai, con sus deliciosos mariscos. Y desde luego, que nunca faltan los Dim Sum, picoteo chino consistente en pequeños bocados de carne, pescado, marisco o verduras, salpicados con salsitas demoníacas. Cocina vietnamita, coreana francesa e hindú, se reparten los mas de seis mil restaurantes. Y les aconsejo que aprendan rápidos a manejar los palillos. Los hay de madera, de bambú, de plata, de marfil, y hasta de plástico. Un poco afilados en la punta y muy prácticos.

...COMPRAR...
Hay un dicho que afirma "Si no puede comprarlo en Hong-Kong, es que no existe". Y es la pura verdad. Miles de cosas se ofrecen en los grandes almacenes, con firmas de los diseñadores de todo el mundo. Y al lado, la gracia de un mercadillo callejero, que vende desde arroz a raíces secas, pasando por serpientes. Grandes establecimientos y pequeños tenderetes, con jades, porcelanas, perlas, antigüedades, relojes o equipos electrónicos, más baratos que en cualquier lugar de la tierra. Sastres nativos que te toman medidas sin detenerse apenas, al alimón con el más avanzado pret-a-porter. Las tiendas permanecen abiertas casi todo el día, por lo menos desde las diez de la mañana a las seis de la tarde, algunas hasta las nueve. Y hasta hay algunas que abren incluso los domingos y festivos.

...Y DIVERTIRSE
El calendario de Hong-Kong está lleno de festividades. El casi fantasmagórico Festival de los Barcos Dragón, con remeros que compiten en los puertos del territorio. El Festival de los Espíritus Hambrientos, que salpica las casas de bandejitas con alimentos, para los espíritus liberados temporalmente del infierno. Chimg Ming, en el que se visitan las tumbas de los difuntos. El Festival de los Bollos; el de la Luna de Otoño, a la luz romántica de los farolillos de papel. El Nacimiento de Tin Hau, diosa de los pescadores. O el Año Nuevo chino, que celebra la aparición del nuevo año lunar, con visitas a toda la familia. Dicen, que fue el señor Buda, quien regaló un año a cada uno de sus animales favoritos: Tigre, Conejo, Dragón. Serpiente, Caballo, Cabra, Mono, Gallo, Perro, Cerdo y Buey. Y si a usted le dicen "Kung Hei Fat Choy, sepan que les están deseando felicidad y prosperidad para el año nuevo. Según cuenta una vieja leyenda, estas fiestas de año nuevo se remontan a tiempos prehistóricos, en los que después de haber salido el sol  mas de trescientos días, aparecía el Nian, un misterioso animal, que atacaba a las gentes de China y destrozaba sus cosechas. Hasta que ellos descubrieron su punto flaco: El ruido, la luz y el color rojo. Así, cuando iba a llegar la época de su aparición, iluminaban sus casas como una pavesa, pintaban varios objetos de color rojo,  y golpeaban tambores y platillos, escenificando danzas de leones. Y el Nian, se asustó de tal manera, que no volvió a aparecer. Pero China siguió celebrando, esta vez, su desaparición.

Y no se pierdan las noches de Hong-Kong,  que son algo alucinante, con miles de luces iluminando la ciudad. Noches que comienzan ya antes de la cena. ¿Sugerencias? Pues un cóctel en la terraza de algún hotel con vistas al puerto, después, una cena a bordo de un "sampán", o en un delicioso teatro-restaurante. Opera china con música y drama, que te llevan a otros mundos, discotecas, y clubs, y cines. O simplemente, pasear bajo la luz de la luna.
 



Más Información
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Tel.: 91 548 00 11
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