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ViajamosDos

   
   
   
 

Sidi Bou Said - ¡¡¡ Hamdellah assalama !!!


José Bañuls

Cuando he comenzado a escribir esta crónica de mi reciente visita a la localidad tunecina de Sidi Bou Said, me vino a la memoria aquella famosa cita de Benjamín Disraeli que decía más o menos "...he visto mas cosas de las que recuerdo y recuerdo más cosas de las que he visto". Y les aseguro que no es para menos, pues es difícil en un enclave tan pequeño encontrar tal cantidad de lugares preciosos y encantadores, rincones con una magia especial y gentes amables y educadas que te invitan a entrar a sus cafés, comercios o restaurantes con una eterna sonrisa en los labios.

Sidi Sidi Sidi

Blanco y Azul
A una veintena de kilómetros de la ciudad de Túnez, en las cercanías de las ruinas de Cartago, se encuentra esta villa, encaramada en lo alto de un acantilado desde el que se domina una espectacular vista del Golfo de Túnez donde en la lejanía se confunden los azules del cielo y del mar que aquí es aún mas relumbrante ayudado por el blanco resplandor de las edificaciones de Sidi Bou Said, salpicadas por los retazos de azul de sus puertas y ventanas. Un azul tan puro que las filigranas de sus rejas y balcones o de sus musharabiyas -ventanas con celosía- parecen trozos de cielo imbricados en sus fachadas.

La villa es pequeña, pero merece la pena tomarse su tiempo y recorrerla con parsimonia y atención. Dejo atrás a la ciudad más moderna y asciendo por una empinada cuesta hasta una plaza llena de tenderetes donde se vende todo tipo de artículos. Rebasada la plaza, comienza otra cuesta, siempre hacia arriba y poco a poco me voy adentrando en la zona más alta del pueblo. Al final de la calle doy con las escaleras del que probablemente sea el café más conocido de Túnez, el "Café des Nattes" o "Café de las Esteras", aunque a mí personalmente me gusta más su topónimo local "Qahwa el Alia" o el "Café Alto". Es un viejo edificio, rodeado de tiendas y al que se accede por la mencionada escalinata que ofrecen una bonita perspectiva de la calle principal. Su puerta está flanqueada por dos pequeñas terrazas con un par de mesas y algunas sillas y tras franquear el umbral se descubre el porqué del nombre de "Café de las Esteras", pues está decorado con multitud de ellas. Dentro se respira un ambiente entre mágico y místico sumido en una semipenumbra donde se hace imprescindible el sentarse en una de sus mesas de baja altura y disfrutar de un té con piñones, tradicional del país.

En el centro del salón, una mesa algo mayor soporta a una gran vasija de metal que por su aspecto bien podría haber pertenecido al tesoro de algún serrallo. Dicen que en este local se han ido dando cita algunos de los nombres más importantes de la literatura que a lo largo del tiempo han ido desfilando por aquí como Jean-Paul Sartre y su compañera Simone de Beauvier -y hay quién afirma que algunos apuntes de su famosa obra "Le Deuxième Sexe" salieron de este lugar-, Oscar Wilde, Paul Klee o Le Corbusier.

Inmensa panorámica
Recuperado del paseo y de las emociones sentidas, se impone el continuar la visita y sigo ascendiendo por sus cuestas hasta llegar a las inmediaciones del Faro. Un mirador proporciona una vista panorámica adivinando a lo lejos el puerto de La Goulette, donde atracan los cruceros que dejan a miles de turistas buscando las cercanas ruinas de Cartago, el zoco de Túnez y este mismo lugar, pero más bien habría que decir que dejaban, pues actualmente nuestro pequeño grupo formaba la practica totalidad de turistas visibles por la zona.

Iniciado del descenso, paso junto al cementerio donde se encuentran los restos de Sidi Driff, un renombrado sabio musulmán. Como soy incapaz de encontrar su tumba, continuo el paseo y me detengo nuevamente en otro café. El "Café Sidi Chab´aane", y el "Café des Délices", que cuentan con numerosas terracitas escalonadas asomadas sobre el puerto deportivo situado más abajo. Desde cualquiera de ellas se disfruta de una espectacular vista sobre las luminosas casas que descienden intercaladas por el pronunciado acantilado, agarradas a él como los pinos y sabinas que lo pueblan, flanqueados por jazmines y buganvillas en explosiva muestra color . Y disfruto del sol que en esta fresca mañana de enero es agradecida recompensa.

El Palacio del Barón d´Erlanger
La siguiente parada será en el antiguo Palacio del Barón d´Erlanger. Y aquí merece la pena hacer un alto y explicar que este personaje, inglés de nacimiento, de ascendencia germana y ciudadano del mundo, llegó a Sidi Bou Said a principios del siglo XX y en el año 1912 se instaló en la localidad, donde se mandó construir un suntuoso palacete que en su exterior guarda la misma tipología que el resto de las construcciones locales. 

El barón quedó profundamente enamorado del lugar y utilizó toda su influencia -que no debía de ser poca- para conseguir que en el 1915, concretamente el 28 de agosto, el Gobierno tunecino dictara un decreto por el que se ordenaba que todas las construcciones se tendrían que realizar siguiendo el estilo predominante en la localidad y cualquier reforma iría obligada a seguir con la misma tónica. De este modo el barón consiguió preservar hasta nuestros días el estilo singular y único de Sidi Bou Said.
El interior del Palacete es una maravilla, una joya del estilo árabe-andalusí. En él se encuentra instalado el Museo de la Música árabe y Mediterránea, donde se pueden admirar antiguos instrumentos de musica, tanto oriental como occidental. La recreación de salas y habitaciones amuebladas y decoradas tal y como estaban cuando d´Erlanger las habitaba, nos muestran perfectamente como era la vida en un palacio hace alrededor de cien años.

La mañana va tocando a su fin, doy un último paseo por la zona más comercial, donde artesanos trabajando en la puerta de sus comercios ofrecen todo tipo de joyas, especialmente plata; y platos y bandejas de cobre y latón finamente repujados y las tradicionales jaulas, primorosamente elaboradas con madera y filigrana de alambre, que se usan más como talismán colocadas en las ouertas de las casas, que para encerrar a pajarillo alguno. 

Delicias Gastronómicas
Por último decido que llegada la hora de almorzar el mejor sitio lo representa el Restaurante "Dar Zarrouk" asomado al acantilado, con unas elegantes instalaciones, una completa carta de la que escojo para mi refrigerio la "Palette Tunisienne" -Entrantes típicos tunecinos-, "Kneff d´agneau au romarin" -Pierna de cordero al romero- y "Fruits de saisson" -Fruta de temporada-, finalizando con un Té a la Menta. La carta está acompañada por una buena selección de vinos, donde la elección recayó en una botella de "Magon" agradable tinto tunecino de la Denominación de Origen "Mornag". Hay que hacer los honores al anfitrión, faltaría más.

Más Información:
Oficina Nacional de Turismo de Túnez
C/ Alberto Aguilera, 11-1º C
Teléfono: 915 481 843
Fax: 915 483 705
28015-Madrid
onttmadrid@turismodetunez.com
www.turismodetunez.com


Cómo Viajar:
Tunisair
Tunisair ofrece diversas frecuencias desde
Madrid y Barcelona
Telf.: 91 541 94 98
Madrid
www.tunisair.com
www.tunisair.com.es



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