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Fin de Semana

   
   
   
 

Agua de Colonia


María Adela Díaz Párraga

Una no sabe porqué, esta agua casi legendaria tomó su nombre de la ciudad alemana de Colonia, o Kolh, como la llaman los alemanes. Pero lo cierto es, que ese nombre se ha convertido en genérico de todos los demás perfumes. Claro que allí hay una tradición aromática de muchos años, pero también existe en otros lugares europeos. Y precisamente esta agua perfumada, hizo que durante siglos se conociera a Colonia como la "Ciudad de las fragancias".

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Y sepan ustedes, que este famoso brebaje, porque lo era en sus principios, a la que se llamaba "Farina Aqua Mirabilis", la creó allá por el siglo XVIII Giovanni Maria Farina, descendiente por parte de madre, de una famosa familia de perfumistas italianos del siglo XVII, los Gennari. Les decía lo del brebaje, porque en realidad Farina lo que tenia intención de hacer, era una medicina y como tal se utilizó durante años, lo que una no sabe es como le sentaría a los sufridos pacientes.

Aceites esenciales de limón, cedro, pomelo, naranja, bergamota, mandarina, y una secreta mezcla de hierbas. Secreto que se ha mantenido a través de los años, y así fue patentada como "Original Eau de Cologne", siendo la marca de perfume mas antigua que se ha registrado. Pero la verdad es que la que mas famosa se ha hecho en el mundo entero, es la también alemana "4711", aunque no tiene nada que ver con la fragancia original. Fue cien años mas tarde, en 1803, cuando un tal Wilhelm Mulhens, compró en Bonn la licencia a un Farina, que por cierto esta licencia fue invalidada mas tarde. Mulhens creó la "4711", pero para que se convirtiera en fragancia, tuvo que llegar Napoleón y sus cambios, y la medicinal "Agua milagrosa" como la llamaban, se transformó en agua perfumada. Los franceses pretendían saber el secreto de la formula del elixir, y la única manera de evitarlo era convertirla en perfume, cosa que decidió tras mucho pensarlo, el mentado señor Mulhens. Y así se convirtió en una fragancia fresca que contrastaba con aquellos pegajosos perfumes de la época, y una piensa que tal vez fuera ésa la clave de su éxito.

También le toco a Mulhens presenciar la numeración de las casas, que se llevó a cabo por orden napoleónica. A la suya, situada en la calle que llevaba el sonoro nombre de las Campanas, en el mismo sitio que ahora ocupa, le correspondió el 4711, y este número se convirtió desde entonces en la marca del Agua, reflejado en las etiquetas azul y oro, que son el sello personal de los frasquitos del agua perfumada.

Corría el año 1995, cuando se levantó una estatua junto a la torre del Ayuntamiento, para recordar a aquel hombre que soñó el agua de Colonia, y que por si quieren ustedes rendirle respetos, esté enterrado en el cementerio de Melatencita.

Bueno, ya me imagino que si ustedes se escapan en fin de semana a Colonia, no van a ir solo por comprar perfume. No, la ciudad, señores, bien merece una visita. Preciosa y perfumada, remonta sus orígenes al año cincuenta de nuestra era, y toda ella está llena de recuerdos de aquella época gloriosa. El Pretorio o Ayuntamiento, desde donde se gobernaba toda la provincia romana de la Baja Germania; el panteón romano, los restos de muralla, calles de antiguo trazado, el mosaico de Dionisio, que forman miles de pedacitos de cerámica y de vidrio, y que servía de alfombra principesca en el comedor de un opulento comerciante. Colonia, Kolh, o Santa Colonia, que así la llaman por las muchas iglesias que alberga. Iglesias de los mas variados estilos, que van desde el siglo XI hasta ahora. Y al frente de todas ellas, la Catedral, tan impresionante que casi te deja sin respiración. Nada mas entrar en ella, te sientes empequeñecido por su enorme altura. Vitrales de maravilla, el fabuloso tesoro, ese arca misteriosa donde dicen que se guardan las reliquias de los Reyes Magos. La primera piedra se puso a principios del siglo XIII, y por aquí, pasearon su poderío los orgullosos arzobispos, vencidos al fin, en el siglo XIII, por el poder de los ricos comerciantes. Y sepan que en la Edad Media, era una de las ciudades mas pobladas.

A la vera de la Catedral, el Museo Romano Germánico, guarda dos mil años de historia, las huellas de romanos y germanos, un mundo mágico y misterioso con sus mosaicos, sus vidrios, sus joyas preferidas, y hasta unos pilares de madera, procedentes del antiguo puente sobre el río, que se hizo en tiempos de Constantino el Grande.

Pero volviendo a la ciudad, en ella se encuentra uno la mar de a gusto. Al lado de lo mas insólito, la historia viva a lo largo de siglos, se refleja la vida cotidiana, el transcurrir diario de los alemanes. Y es que vivir a la sombra de la catedral gótica mas alta del mundo es algo alucinante. El sueño de cualquier comprador compulsivo es sin dudarlo, la Hohe Strasse, que tiene el mismo trazado que en la época romana, contrastando con esos aires internacionales, reflejados en los montones de comercios que la jalonan, desde lujosas y caras boutiques, a tiendas especializadas o joyerías. Y aquí y allá, puestos de fruta, músicos callejeros, actores aficionados, ponen su estampa llena de vida. Y el Rhin, el mítico río deslizándose majestuoso, surcado de día y de noche por mil embarcaciones, que ofrecen cruceros inolvidables. Enlazando con ella la Schildergasse, otra zona peatonal llena de grandes almacenes y pequeñas tiendas.

Y no dejen de acercarse al barrio viejo de Altstadt, y por el camino se van a encontrar un montón de casas preciosas, las casas donde habitaban los ricos burgueses de los siglos XIV al XVII. O el Gurzenich, que construyeron en estilo gótico alrededor del año 1440, para servir de bazar y salón de fiestas, pero también era el lugar donde los representantes de la Corporación recibían a los emperadores y a los monarcas Es uno de los centenarios edificios mas representativos de Colonia y no pueden perdérselo. Ahora está dedicado a salones de recepción, congresos, conciertos, y otros eventos festivos. En el barrio viejo, junto al río, se siente uno como si atravesara la línea invisible del tiempo, y se encontrara en pleno siglo XIX. Hermosas casas de la época, esquinas románticas, y tabernas entrañables donde hacer un parada para saborear la "kölsch", la cerveza típica de la ciudad. Y parques y flores. Y opera y teatro; pequeños escenarios y ferias internacionales.

Como recuerdo de esta escapada a Santa Colonia, o como regalo para alguien especial, se pueden traer un frasquito de la 4711, o de la "Farina" original, aposentada en la misma casa que la vio nacer.

MAS INFORMACION:
OFICINA NACIONAL ALEMANA DE TURISMO.
San Agustin, 2-1º dcha.
28014 Madrid
Telf. 91.428.35.51
www.alemania-turismo.com


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