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Fin de Semana

   
   
   
 

Stratford-upon-Avon, cuna de Shakespeare


José Bañuls

Eran las primeras horas de la tarde de un frío día de enero cuando en vuelo de Thomsomfly.com procedente de Alicante, tomaba tierra en el pequeño aeropuerto de Coventry. Desde el mismo, y tras un recorrido de unos treinta minutos en automóvil, llegaba a Stratford-upon-Avon. Se iniciaba de este modo un bello y romántico fin de semana en el corazón de Inglaterra, en la ciudad que vio nacer al genio de las letras inglesas, William Shakespeare.

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Un lugar encantador
Stratford-upon-Avon resultó ser una pequeña y bonita ciudad que destila belleza por todos sus lados. Sus calles perfectamente limpias, las fachadas de sus casas, pintadas y arregladas, el centro lleno de establecimientos de todo tipo, con profusión de bares y pubs, y un animado comercio con abundantes clientes en todos ellos, y eso a pesar de que el frío reinante no propiciaba al paseo, de modo que resulta fácil imaginar el gran ambiente de que disfrutará en los cálidos días de primavera y verano.

La máxima animación está centrada alrededor de un par de calles principales, Chapel Street, donde las más conocidas marcas tienen sus tiendas y se encuentran algunos de los más selectos hoteles y restaurantes y Henley Street, que ésta además, cuenta con el aliciente de que una de sus casas, supuestamente, es el lugar de nacimiento de William Shakespeare. Desde el Shakespeare Centre, justo a su lado, se puede acceder a la casa y visitar lo que es una recreación del mobiliario y la forma de vida en la Inglaterra de los siglos XVI y XVII. Resulta una visita entretenida y hasta en cierto modo, instructiva.

Pero Stratford-upon-Avon es mucho más que Shakespeare, y si el turista amante de las compras encontrará en sus tiendas y galerías comerciales todo cuanto se le antoje, de igual modo disfrutará aquel a quien le guste el cálido ambiente del pub, pues en la gran variedad de ellos seguro que serán varios los que dejen huella, y si entre sus preferencias se encuentran las de caminar, lo ideal es un paseo hasta la oficina de Turismo, a la orilla del río Avon, y desde allí continuar transitando por sus riberas, viendo las casas barco o los restaurantes e incluso una Galería de Arte que en estas barcazas habitables ofrecen una diferente y singular acomodación, rodeados de patos, ocas y hermosos cisnes de exquisita blancura. Todo ello con la siempre presencia de las pintorescas fachadas de sus casas, estilo de varios siglos atrás.

Shakespeare y Warwick
Otra alternativa recomendable es tomar uno de los autobuses turísticos de dos pisos, y en el tur que ofrecen, de unos cuarenta minutos, recorrer todo el casco urbano así como los alrededores, donde contemplar pequeños cottages en la campiña, especialmente el Anne Hathaway's Cottage, lugar donde desde su infancia vivió Anne Hathaway, esposa de Shakespeare, y que permaneció ocupado por la familia hasta 1899. Este "cottage" muy bien conservado, con el tradicional techo cubierto de paja, guarda muebles y otros artículos de la familia y es el prototipo de casita de campo inglesa, con el huerto, setos esculpidos, el romántico rincón de los sauces e incluso, un laberinto vegetal. También es muy recomendable una visita al cercano castillo de Warwick, una fortaleza medieval perfectamente conservada y hoy propiedad del Grupo Tussauds, muy conocidos por los Museos de Cera de Madame Tussauds.

El tiempo pasa rápido en Stratford-upon-Avon, pero aún así el fin de semana permite disfrutar de diversas escapadas al pub, como el Pen & Parchment "Pluma y Pergamino" o al café, como el Café Costa, en la intersección de las calles Chapel y Henley, con unos espectaculares capuchinos. No hay que dejar de saborear algo de la cocina inglesa, que como no goza de mucha fama, uno de los días lo dedicamos a cenar en un magnífico restaurante malayo, el Georgetown, que nos sorprendió con exquisito menú, incluido vinos argentinos, ...y españoles, o el sensual The Food of Love "El alimento del Amor", justo frente al Shakespeare Centre.

La oferta de alojamiento también es amplia en Stratford-upon-Avon, y yo me alejé, afortunadamente, en el Mercure Shakespeare Hotel, magnífico, cálido, romántico, y que evidentemente se merece unas páginas aparte.

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