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ViajamosDos

   
   
   
 

Chefchaouen, evocación española


José Bañuls

Después de un entretenido viaje desde la ciudad de Tánger, primera etapa de este nuevo periplo marroquí, llegaba a la ciudad de Chefchauen. La carretera desde Tánger es de buen asfalto y con agradables paisajes, lo que convierte esta ruta en una buena alternativa a la quizás más usual desde Ceuta o Melilla, especialmente ahora que se puede llegar a Tánger desde Barcelona, en vuelo directo de la compañía Royal Air Maroc, lo cual representa una excelente comodidad.

Chefchaouen, Chefchaouen, Chefchaouen,

Dos ciudades en una
Pues bien, como decía, llegué a la ciudad de Chefchauen al final de la mañana, aunque quizás sería más ajustado decir que llegaba a las "ciudades" de Chefchauen, pues hay dos núcleos urbanos perfectamente diferenciados.

Uno de ellos, el primero que visité, me causó una honda impresión, pues la parada en la Plaza de Hassam II, antes Plaza de España, me hizo sentir como si me encontrase en la plaza mayor de cualquier pueblo del levante español. Una gran plaza circular, poblada de árboles, pérgolas y flores y una gran fuente central. Numerosos jóvenes marroquíes sentados charlando animadamente, y niños y ancianos disfrutando de una estupenda mañana de sol.

Alrededor de la plaza, la Iglesia y otros edificios que mi guía, Abdul, me indicó que en su día fueron Ayuntamiento, Cuartel, Correos, Gobierno Civil... lo dicho, como en España. Claro que conociendo en profundidad la historia del lugar no es de extrañar, pues este fue un importante enclave político y militar durante la época del Protectorado Español en Marruecos. Haciendo un pequeño repaso histórico, conviene recordar que Chefchauen fue fundada en 1471 y está considerada una ciudad santa del Islam y durante siglos su acceso estuvo prohibido a los infieles. Fue aquí, en el año 1958 y ante el sultán Mohammed V, que se arrió la última bandera española, al traspasar la soberanía del protectorado español al reino de Marruecos.

Siguiendo este desarrollo de población, se ha ido consolidando una moderna ciudad, con edificios de varias alturas y calles rectas, que hoy día son la base del urbanismo local.

A la sombra de Tissuka y Meggu
Pero, evidentemente, lo más interesante de Chefchauen, no es la huella española, sino su medina, su ciudad antigua. ésta se encuentra en la parte alta de la población, toda ella resguardada por los picos gemelos de Tissuka y Meggu que forman el Ech Chauen, el gran cuerno.

La ciudad vieja fue fundada por Moulay Ali Ben Rachid, como ya dije, en el año 1471. Fue pensada como bastión contra las tropas portuguesas que se encontraban en Ceuta y Alcazarquivir. Estuvo poblada especialmente por los moriscos expulsados de España que se instalaron aquí y le dieron el título de Ciudad Santa, construyendo multitud de edificios religiosos y no fue hasta el 1920, año en que entraron en ella las tropas españolas, que pudieron penetrar en Chefchaouen los cristianos.

La Medina
Comencé la visita por la parte alta de la medina, junto a un lavadero donde las mujeres realizan la colada, al igual que se hacía hace años y años. Las aguas provienen del limpio y fresco caudal de un caudaloso arroyo, Ras el Ma, que se desploma en una espectacular cascada.

Penetrando en la medina por una de sus cuatro puertas, que lucía un cartel de "Rehabilitación de la Medina. Junta de Andalucía", comenzamos un descenso por estrechas y serpenteantes callejas, de espectaculares colores blanco e índigo, en las que entre viviendas, escuelas y madrassas encuentras pequeños comercios, establecimientos de baños públicos y numerosas fuentes que añaden un agradable rumor a los resonantes pasos entre las callejas.

Después de un estupendo paseo y disfrutar de la ocasión de tomar mil y una fotografías, llegué al que seguramente es el centro neurálgico de Chefchauen, la plaza de Outa el Hammam, llena de pequeños cafés, restaurantes y variados comercios, con una fuente en su centro y la entrada a la Alkasaba.

La Alkasaba
O la Kasbah, como también se la conoce, fue construida durante el siglo XVII por el legendario Rey Ismail. Es una fortaleza muy bien delimitada que mantiene en su interior una rica vegetación y para todo interesado en la cultura marroquí debe ser un punto de visita obligada -hay que pagar para poder acceder a ella- Según algunos historiadores, en ella estuve preso el legendario Abd el Krim, cuando fue hecho prisionero por las fuerzas españolas y ayudado a escapar por los franceses, pero según otras fuentes, ni tan siquiera anduvo cerca de este lugar.

Desde la plaza, por varias de sus calles adyacentes se accede al zoco, donde la profusión de comercios de todo tipo, resulta una continua tentación para realizar buenas compras, como una estupenda alfombra de pelo de camello; eso sí, hay que tener el don del regateo.

En las inmediaciones de la plaza se encuentra el Hotel Parador, que por su arquitectura y su nombre, te hace comprender enseguida, que aquello fue en su día, el Parador Nacional de Turismo de Chaouen. Pero no fue éste mi lugar de alojamiento, ni ninguna de las bonitas pensiones o riads que hoy proliferan, con nombres como "Al Andalus"; "Córdoba"; "Guernica"... lo cual da buena cuenta de la nacionalidad de sus propietarios. Mi alojamiento fue el cómodo y espectacularmente situado Hotel Atlas Chaouen, que desde la parte más alta de la población ofrece una incomparable vista de la misma, casi como a vista de pájaro.

Chefchauen fue para mi, un lugar encantador, donde disfruté de la hospitalidad marroquí, su sabrosa gastronomía y el placer de no hacer nada, tomando un te con menta en la puerta de un café en la plaza de Outa el Hammam.

No debo acabar este reportaje sin hacer una referencia al Hachís, pues durante muchos años, esta localidad y toda la región resultaban más conocidas por esta planta que por otros motivos. Hoy día, la decidida acción de las autoridades ha erradicado bastante la venta ilegal del mismo, y aunque aún te lo pueden ofrecer en determinados "rincones", no es nada usual y desde luego, no altera para nada la sosegada y tranquila vida de la población, y por si usted piensa en la tentación, conviene que recuerde que en Marruecos, el consumo de Hachís esta prohibido y penado con penas que pueden alcanzar hasta los cinco años de prisión, llegando a los treinta, en el caso del tráfico de estupefacientes. (Fuente: M.A.E.C.)

Así que no lo dude, acompañe su bebida favorita o el imprescindible, humeante y oloroso té a la menta, con sus cigarrillos habituales o un estupendo habano. Lo disfrutará mucho más.

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