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Check-In

   
   
   
 

Mercure Shakespeare Hotel


José Bañuls

Situado en el corazón de Stratford-upon-Avon, en la concurrida Chapel Street, al traspasar la pequeña puerta de entrada, no sólo cruzas un umbral, cruzas a otra y desconocida romántica dimensión.

Mercure Mercure Mercure

El hotel es un bonito edificio de estilo Tudor con una típica fachada en color blanco con negras vigas de madera. Situado en el centro de la ciudad es un lugar ideal para acceder paseando a todos los rincones que esta villa, cuna de Shakespeare, ofrece al visitante.

Nada más entrar al hotel, la peculiar atmósfera que reina en él te atrapa y se vuelve cómplice de las sensaciones que disfrutarás durante tu estancia. La recepción, atendida con especial amabilidad se encuentra flanqueada por diversas zonas de descanso, que en la fría mañana de invierno en que me alojé en él, mantenían encendidas diversas chimeneas con un fuego de leña que animaba a sentarte junto a él y dejar transcurrir el tiempo hasta que el sol calentase algo más.

El hotel cuenta con 74 habitaciones, distribuidas en dos plantas y en dos zonas diferenciadas, una más antigua, que recae sobre la Chapel Street, y otra más moderna, que situada a la espalda, tiene vistas sobre el jardín y el aparcamiento privado del propio hotel. Todas las habitaciones son espaciosas, con un pequeño salón y todas las comodidades, así como un luminoso y amplio baño con surtido de artículos de cortesía. Minibar, secador de pelo, plancha pantalones, variedad de almohadas... completan el adecuado equipamiento de las habitaciones. El servicio de habitaciones durante las 24 horas y el estupendo desayuno, que incluye un buffet bien surtido en bollería, o bien se puede solicitar el exclusivo desayuno inglés, con huevos revueltos, bacón, salchichas, morcilla, alubias con tomate y algún otro ingrediente más.

Ya he dicho que las zonas comunes invitan al relax e incluso le ponen un adecuado toque de romanticismo, especialmente cuando el sonido del piano ambienta las estancias. Desde ellas se accede, tanto al restaurante David Garrick, repetidamente premiado por la calidad de su cocina, como al Quill Bar and Lounge, donde hasta bien entrada la noche es posible disfrutar con una pinta de cerveza o cualquier licor o combinado, recordando que estamos en Inglaterra y para llegar a tamaños parecidos a los de España, hay que empezar pidiendo un doble.

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