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Friburgo y el Lago Titisee


José Bañuls

Turísticamente se la considera la puerta de la Selva Negra, y desde luego su emplazamiento para quienes deseen recorrer esos bellos parajes, resulta especialmente adecuado, pues dispondrá de todas las ventajas de una gran ciudad, en el marco idílico de los paisajes de esta zona del sur de Alemania.

Friburgo Friburgo Friburgo

Friburgo es una gran ciudad que cuenta con alrededor de 200.000 habitantes, de los cuales cerca de 30.000 son jóvenes universitarios, lo que otorga a esta urbe un ambiente bullicioso que en principio parece contrastar con la seriedad y rotundidad de sus antiguos y señoriales edificios. Pero esto no es más que una primera impresión, pues Friburgo es una ciudad turística y festiva, donde el ambiente se disfruta en las plazas y calles, e incluso en sus puentes y puertas de entrada.


Sin duda es una de las ciudades más representativas de la Selva Negra alemana y goza de un excelente nivel en todos sus aspectos, tanto económicos como sociales, culturales y urbanísticos. Sus vestigios medievales, entre los que destaca su Catedral la hacen especialmente atractiva, y su entorno húmedo posibilita que en muchas de sus calles más céntricas, discurran por ellas reguerillos permanentes de frías y cristalinas aguas. Dice una leyenda local, que el forastero que por descuido pisa dentro de uno de esos canalillos, acabará casándose con una joven de la localidad. Aquí se plantean dos posibilidades, andar con cuidado o caminar distraído, usted elige.


La Catedral de Friburgo


Se inicio en estilo románico, allá por el año 1200, pero su estilo derivó hacia el gótico, que es el mayoritario en el edificio, de ahí la relativa estrechez de sus naves, los robustos pilares de su nave central representan a las figuras de los doce apóstoles, y en la puerta principal destaca una imagen de una virgen gótica junto a las figuras de dos ángeles, conjunto del siglo XIII atribuido a un artista de la île de France. Su estilo gótico destaca de modo especial en su única torre, considerada una de las mas interesante del medioevo alemán. En la plaza de la catedral, los alrededores y calles adyacentes de la catedral se instala un curioso y divertido mercadillo, donde destacan unos coloridos puestos de flores, junto a otros de verduras, artesanía de madera, frutos secos y unos olorosos y apetitosos puestos de comidas, donde las tradicionales salchichas hacen las delicias de los más glotones, pues su exquisito aroma impregna el ambiente de un modo irresistible.


En la misma plaza de la catedral, la Münsterplatz, destaca sobre todos un edificio singular como es el palacio arzobispal, construido en 1756, es una edificación sumamente colorista provista de una elegante balconada de forja. Otros edificios notables son la Kaufhaus o edificio de finanzas y comercio, datado en el siglo XVI, desde cuyas arcadas se obtienen bellas imágenes de la Catedral, y el Wentzinger Haus, del 1761 construido por Cristian Wentzinger. Es conveniente señalar que Friburgo ha sido cuna de personajes notables, y otros personajes eligieron a la ciudad como lugar de residencia temporal, como es el caso de Erasmo de Rótterdam ¿recuerdan “El nombre de la Rosa”? de él es la frase “Una gran parte del arte del bien hablar consiste en saber mentir con gracia” ¿A qué me recordará esto?


El Lago Titisee


Desde Friburgo hay una escapada ineludible, que es hacia el lago Titisee, que yo recomiendo encarecidamente. Sólo hay que tomar la carretera B-31. Enseguida pasar por los túneles de “Schützenalleetunnel” y “Kappler” y disponerse a disfrutar con sus 29 kilómetros de espectaculares paisajes y endiabladas curvas. La carretera se enrosca sobre ella misma al tiempo que se va ganando altura. Los bosques cada vez son más cerrados y los panoramas más encantadores y al fin, tras poco más de media hora de camino, llegamos a Titisee. La primera edificación que nos da la bienvenida es una gran estación de tren, que en los meses de invierno se adivina que debe se estar abarrotada de esquiadores que suben hasta estas altas cotas a practicar los deportes de nieve, y que en estas fechas del mes de julio, se encuentra poco menos que desierta.


A la izquierda, quedan un par de bonitos hoteles y a la derecha, tras un par de vueltas, encontramos al fin a Titisee, un precioso rincón compuesto por encantadoras edificaciones, en su mayoría bares, restaurantes y alojamientos turísticos, así como tiendas de todo tipo de artículos, que en estas fechas del estío se encuentran medianamente concurridas, algo que me pareció extraño en vista de lo bonito del lugar.


En Titisee, atrae sobre todo el Lago, que resulta grande y limpio y en el que se pueden realizar paseos en varios tipos de embarcaciones, tanto a remo como a motor eléctrico o a vela. Aunque para los menos osados, el disfrute de una cerveza bien fresquita en una terraza asomada sobre las cristalinas aguas del Lago, puede suponer toda una delicia. O deambular entre los macizos de flores entrado en esta o aquella tienda, donde comprar ese simpático recuerdo del lugar, como el “Licor de las Brujas” o simpáticos osos de peluche.


Otra actividad a disfrutar es la de realizar largos paseos caminando junto a la ribera del río que nace desde el propio lago y que nos depara paisajes de una belleza espectacular, combinando las verdes extensiones de cuidadas praderas, con los rincones oscuros bajo un puente o en la penumbra de enormes árboles, siguiendo por cuidados caminos, lo que sin duda, abrirá el apetito.


La oferta gastronómica de Titisee se basa especialmente en los productos tradicionales de la Selva Negra, como el cerdo ¡qué selectos codillos!, los fiambres y las cervezas, sin olvidarnos de los riquísimos postres tan tradicionales como el Pastel de Selva Negra elaborado con cerezas, chocolate y chantilly. ¡Para chuparse los dedos! Aunque una escapada al vecino pueblo de Grafenhausem nos deparará la posibilidad de degustar la extraordinaria cocina del restaurante del Schwarzwaldhotel Rothaus. ¡No se arrepentirán del paseo”.


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