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Bodega

   
   
   
 

Divino... Gutiérrez de la Vega


Juan Díaz - Fotos: J.J.López

A los pies del Coll de Rates, en realidad Coll de Raptes, está Parcent. El duro Coll de Raptes, por donde se huía de los raptos de los piratas argelinos que dejaban sus naves en La Fustera, la cala de Benissa que vigila al peñón de Ifach, para efectuar su razzias por los viejos valles de los moriscos –Laguar, Gallinera, Pop y Rectoría- de la Marina Alta. Allí está Parcent, a los pies de otra escarpadura; a los pies del Caballo Verde, donde en 1609, en el Pla de Petracos de antiquísimas pinturas rupestres, acababa la Reconquista tras la batalla con los Tercios de Nápoles, con la expulsión por Dénia de los últimos moriscos. Así son los paisajes que envuelven Parcent; cuajados de historia.

Divino... Divino... Divino...

Parcent es pequeño, minúsculo y auténtico. En palabras de Gabriel Miró, Parcent es “un paraíso entre montañas”. Está en el valle de Pop; valle surcado por el río Gorgos, que otros llaman río Jalón, a un paso de Alcalalí, a dos de Jalón, a tres de Benissa y a cuatro de Calpe, Moraira y Javea, que son ya el Mediterráneo. Parcent es absolutamente agrícola, de secano, con viejos riu-raus donde se trabajaba la pasa en el XIX, y hasta el XX, y hoy apuesta por el turismo de interior entre terrazas de almendros, vetustas cepas de moscatel y garnacha, y algún naranjal perdido. Allí puede visitar la casa donde vivió Gabriel Miró y, sin lugar a dudas, dejarse seducir por una de las bodegas más increíbles que pueda imaginarse: Bodegas Gutiérrez de la Vega.


Felipe Gutiérrez de la Vega, hombre de espíritu castrense, hoy capitán de empresas, metódico y eficaz soñador que transforma en realidad lo onírico, saltó al conocimiento general cuando uno de sus caldos fue seleccionado para la boda del Príncipe de Asturias. Pero, entre los que de verdad entienden de vinos, su nombre y la realidad de su esfuerzo diario -y el de su familia- es bien conocido: Francia, Japón y EEUU persiguen sus cuidados vinos; Suiza, Holanda, Canadá, Noruega, Suecia, Alemania, Italia y México pugnan por conseguir sus elaboraciones. La revista Saveur, una de las biblias enólogas, ensalza sus logros, cifrados en no más de 70.000 botellas anuales, que miman Felipe, su mujer y sus tres hijos; nadie más. Labor artesanal y científica que reconocen desde los chateaux galos a los nuevos caldos de los valles de Napa y San Fernando.


Su historia es reciente. Arranca en 1973, aunque espera a 1982 para elaborar sus primeros vinos. En ese año llega a Parcent y comienza su aventura sacando al mercado su primer vino dos años después. De aquél Viña Miel pasó al Casta Diva de hoy. Camilo José Cela lo descubrió sus y se rindió: “Gutiérrez de la Vega es el arte en el mundo del vino”. Imagínense cómo es la cosa que allí, en la bodega de Parcent, la música clásica y el bel canto anima la labor de las levaduras que transforman el mosto en vino. Un estudio científico reciente le ha dado la razón. Así, Gutiérrez de la Vega es una de las bodegas más personales de España; es una muestra de personal filosofía; es una amalgama de culturas que arrancan en Javea, en la viña La Riba, de tan sólo 1 Ha y que se nutre con 100 Has. más de por aquellos valles.


Con Felipe todo se viste de cultura. él entiende así el vino: la Casta Diosa, la luna invocada por Norma en la ópera de Bellini, se enseñorea del fruto de la vid. Casta Diva es el emblema y el nexo que une enología y cultura. Su tinto reserva Viña Ulises Cosecha Grana está dedicado a la novela de Joyce; su tinto crianza Casta Diva Rojo y Negro nos lleva a Stendhal. El Viña Cabaletta es un blanco de aguja -seco o dulce- a partir de ¡¡uva moscatel!!. Algunas de sus botellas las acompaña de CD’s de Montserrat Caballé o de Antonio Cortis, otras con libros de Esplá o discursos de Cela... y casan a la perfección. Felipe, Pilar y sus hijos aman su trabajo y miman su producto. Cada vino cuenta con una obra pictórica que lo representa.

El toque de alicatinismo llega, con vetustos sarmientos de El Carche, de la sin par Monastrell -también conocida por los valles moriscos como “Gaiata”-, cuando elaboran Felipe y su familia un selecto Fondillón -Casta Diva Fondilón-, vino de césares y emperadores, orgullo alicantino y siempre ligado a la tenencia, más que a la propiedad, de la tierra: mientras quedaran vides la explotación del terreno estaba en manos del arrendatario original... y aquellas vides se vendimiaban al final, ya casi pasificadas, lo que provocaba su lenta fermentación y llevaba a caldos tan exquisitos como excelsos después de, al menos, 15 años de callado proceso, diez de los cuales serán con soleras. Con todo puede el tesón de Felipe.


Completa el conjunto de elaboración artesanal un aceite de la montaña alicantina y excelentísimos vinagres de vino.


Felipe y su familia viven la fama con resignación. Están orgullosos de su producto y se entregan a él. Sin más. Ahora que el enoturismo está avanzando, preparan un soberbio recibidor. En el corazón de Parcent, respetando la identidad y la tradición, impregnada de cultura, su bodega-almazara recupera las tradiciones del siglo XVI vinatero. Con esmerada elegancia, al compás de las rancias viñas del Pop, siglos de tradición aguardan al visitante.


Mientras se relaja el espíritu al compás del bel canto que interpreta Cortis y el alma se enaltece, con los cinco sentidos puestos en la copa de un moscatel ¡¡de aguja!!, Felipe derrama su sabiduría de hombre cabal y, con profundo pesar, te alerta, a modo de sentencia: el moscatel, nuestro moscatel de toda la vida, puede desaparecer.


Bodegas Gutiérrez de la Vega

Tel.: 96 640 52 66 - 96 579 29 86

Fax: 96 640 52 57

E-Mail: gutivega@arrakis.es


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