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Naturaleza

   
   
   
 

Un paseo por las nubes


José Bañuls

Cantabria es una comunidad autónoma sorprendente, disfruta de una variedad de paisajes y entornos que permiten en su pequeña extensión, 5.221 Km2. pasar de las extensas y limpias playas, a los más escarpados acantilados, los profundos y verdes valles o los agrestes picos de sus montañas, sin olvidar la insondable profundidad de sus simas.

Un Un Un

En esta ocasión, el itinerario escogido fue el de sus montañas, concretamente el de los Picos de Europa y como "campamento base" la decisión recayó en la Posada Peñas Arriba, situada en el barrio de Lon, del pueblo de Potes, en el centro del Valle de Camaleño.

Peñas Arriba ofrece un acogedor marco, con imponentes vistas a los Picos y enclavada en el centro de un pequeño núcleo rural, en plena comunión con la naturaleza y la vida campesina y ganadera. Un excelente servicio de cocina y el trato amable de los propietarios de la posada, la convierten en el lugar ideal tanto para el descanso como para organizar cualquier excursión por los Picos de Europa.

Y este fue el caso, pues después del generoso desayuno, tomamos rumbo hacia la localidad de Fuente Dé y desde allí, a bordo de su famoso teleférico, subir hasta lo alto de la montaña. La espectacular ascensión salva un desnivel de 750 metros y deja al viajero en la cota de los 1.850 metros de altitud en menos de cuatro minutos, alcanzando su momento más asombroso, ya en las proximidades de la estación superior, cuando parece irremediable la colisión con la pared rocosa, lo cual no es más que un efecto óptico, pero impresionante, se lo aseguro.

Una vez arriba, el paisaje sobrecoge por su belleza. Los picos nevados parecen al alcance de la mano, y los profundos valles resaltan como detallados dioramas de una gigantesca maqueta. Asimilada la pequeñez del ser humano en tan grandiosa naturaleza, comenzamos un lento descenso, por medio de sendas de montaña, en dirección al Refugio de áliva. En este tramo se puede disfrutar de las más increíbles vistas y paisajes, pudiendo observar a diversos montañistas colgados de las cercanas paredes de los picos entre los que destaca la figura del mítico Naranjo de Bulnes, o a numerosos ejemplares de caballos pastando libremente, o a rebaños de ovejas, estos ya en los llanos que se encuentran en las inmediaciones del Refugio de Montaña que en los primeros años del siglo XX, la Compañía Minera construyó en aquellos lugares para el Rey Alfonso XIII y que hoy día aún es usado de vez en cuando por la Casa Real.

Pasado el Refugio Real, llegamos al Refugio de áliva, situado a 1.667 metros de altitud, al abrigo de Peñas Viejas. Cuenta con una capacidad de 70 plazas acomodadas en habitaciones de diversa cabida. Aprovechamos la parada para tomar un descanso y un reconstituyente refrigerio, y a bordo de un todo terreno, que en estos parajes se ganan merecidamente este nombre, iniciamos un nuevo descenso, ya en dirección a los valles. Durante el descenso, entre parada y parada para contemplar y fotografiar los paisajes, va discurriendo la mañana, y a mediodía llegamos hasta Mogrovejo, una de las aldeas lebaniegas más típicas y mejor conservadas. Sobre el caserío sobresale, ya en ruinas, la torre almenada de Pedro Ruiz de Mogrovejo, del siglo XIII. A sus pies tenemos ocasión de visitar su Museo de la Escuela Rural, donde los que ya cumplimos los cincuenta, aunque vengamos de tierras lejanas no podemos dejar de recordar que en escuelas parecidas pasamos varios años de nuestra infancia. Tras dejar firma y comentario en el libro de visita, era obligatorio el caminar por sus empedradas y pintorescas calles y charlar con algunos de los paisanos que descansaba sentado a la puerta de su casa, muchas de ellas blasonadas con escudos nobiliarios.

Nuevamente tomamos el todo terreno y ya sin más paradas, llegamos hasta el Hotel del Oso, magnífico establecimiento donde nos esperaba un suculento y abundante menú, casi indicado para verdaderos osos. Profusión de entrantes a base de embutidos y quesos y como plato principal, un  espectacular cocido montañés, con el final feliz de un arroz con leche con su cruz de canela y unos orujos de la tierra.

Semejante periplo, nos dejó a todos en disposición de descansar durante un rato, antes de dedicar la tarde a recorrer la bella y típica localidad de Potes, para acabar nuevamente en Peñas Arriba, y allí, en su restaurante "Camaleño" volver a disfrutar de los placeres de la cocina cántabra con un suculento menú a base de croquetas caseras, cazuela de Picadillo y Borono, tabla de quesucos, surtido de setas, verduras a la parrilla y un exquisito y jugoso Cabrito Asado con patatas, para terminar con un arroz con leche a la canela y orujos, blanco, con miel, con café, de hierbas y crema al orujo, todo ello de  El Coterón.

La próxima parada será en San Vicente de la Barquera, pero de esta bella localidad costera, trataremos en otro momento.

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